—¿Sabes lo que es el matrimonio?— Dije con alcohol en el sistema.
—¿Qué?— Respondió Mario.
—Un papel inservible ¿Por qué he de casarme, Calderón? ¡Todos se divorcian después!— El hipo salió de mi garganta haciéndome fruncir el ceño.
—No se case.— Comencé a negar con la cabeza.
— No lo entiende Calderón, ella quiere casarse, quiere casarse conmigo.— Respondí.
—¿Quién? ¿La modelo?— Nos tambaleamos hacía la salida del bar.
—No idiota, Marcela.— Me tomé de la cabeza y negué.— No puedo no casarme, no quiero casarme... ¿Que significa el amor después de todo?— Mario se inclinó detrás de un auto y vómito ignorando mi pregunta por completo, pero a mí no me dejó en paz.
¿Aún sentía amor por Marcela? ¿Sentí amor alguna vez por ella? No sabía que esperaba de mí. Todos esperaban algo de mí, querían algo de mí pero en realidad no creían en mí.
Marcela deseaba que yo sentará cabeza con ella pero en el fondo sabe que fracasaré, que mi lujuria por cada cuerpo que se balancea en la pasarela me hará caer. Mamá espera lo mismo de mi, matrimonio y nietos pero sabe que soy tan inmaduro y está al tanto de todos mis deslices por la propia boca de Marcela... y por eso me molesta cada vez que me ve con lo mismo una y otra vez.
Papá, papá quiere que- no sé qué es lo que quiere de mi, supongo que nada y en- eso no puedo fallar ¿cierto?— Rió con cinismo recargado en el auto y golpeando la espalda de Calderón.
Cuando desperté en mi departamento tomé un par de aspirinas para el dolor de cabeza y llegué a Ecomoda como era planeado, aunque no lo parecía había trabajado con Mario hasta tarde con la propuesta hasta que pues, nos aburrimos y comenzamos a beber.
Mi viejo amigo, el whiskey, me visitó de nuevo y me hizo olvidar por un rato que estaba haciendo y porqué, eso fué hasta que todo regreso de golpé y comencé a hablar sobre estupideces que aquejaban mi mente, hable al aire libre ya que Mario estaba peor que yo, en realidad nadie me escuchó y creo que puedo agradecer por eso. Armando Mendoza no se abriría así como así.
—Creo que nuestra propuesta es buena, pero podría ser mejor ¿No cree?— Golpeé a un Mario un poco adormilado.
—¿Mejor? ¿En qué sentido?— Miró los papeles sobre el escritorio.
—Si, necesitamos más ganancias. Las ganancias aquí son lo importante.— Expliqué.
Deseaba tanto ganar que aposté por ganancias máximas en cada colección, sería un éxito y no habría de otra que darme el puesto de presidente no solo por un año, estaba tan tan cerca.
—Supongo que si, la plata es buena, todo mundo quiere plata.— Dijo Mario.
Y así nació la poco pensanda propuesta, pero aún seguía nervioso, aún presionaba la pelota en mis dedos hasta obtener los nudillos blancos, aún lamía mis labios cuando papá preguntaba sobre la propuesta.
—¿Cómo vas con eso?— Su voz escapó de sus labios pero sus ojos nunca me miraron.
Ahí estaba de nuevo, la lengua sobre los labios y la mano debajo de la mesa con la pelota de esponja. Presión y más presión.
—Bien, he terminado con Mario.— Dije rápidamente y creo que con demasiado entusiasmo pero papá seguía sin despegar los ojos de su plato, las legumbres cocinadas sobre él, eran más importantes en este momento, supongo.
—Bien.— Suspiré y me desconecté de la conversación cuando se dirigió a temas que no me importaban, como la propuesta de Daniel, indirectas sobre mi poco cerebro y el de Mario, además de la pregunta que ambas mujeres en la mesa esperaban que hiciera.
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-Me siento solo.
FanficUna idea de lo que creo que vivió Armando Mendoza Sáenz. Como los eventos y las personas a su alrededor contribuyeron a qué él cayera en una tristeza que gradualmente se desata con lo que ya sabemos que ocurre en YSBLF, o algo así. Inicio. 2/julio/21