Creo que nunca había tenido tanta certeza de algo como ahora, y es que no me hacía falta ser adivino para saber que aquel par de hombres, con sus trajes negros y miradas tan claramente llenas de horribles intenciones, habían sido enviados por ese maldito omega malcriado. Illya. Ese jodido inmaduro que no podía hacer nada por sí mismo y solo sabía recurrir a este tipo de mierdas.
No niego que si pudiera, hasta yo haría lo mismo, pero mejor me convencía de ser el más moralista de la época antes de tener que aceptar que a duras penas sobrevivía en esas cuatro paredes que etiquetaban como mi hogar.
Volviendo a la realidad, me detuve en medio de la acera y agarré con fuerza el aza de mi mochila. Estaba a unos 10 metros del par de alfas y mi cabeza ya estaba trabajando en inventar una manera de desaparecer de la faz de la tierra por al menos 1 hora.
La duda me atacó enseguida. No quería, ni podía, imaginar lo que ese maldito acosador les había ordenado a esos hombres que me hicieran, pero no estaba dispuesto a averiguarlo. Joder que no.
En cualquier caso, mis opciones eran limitadas. Había hecho las pases con no poder usar el poder de la familia Blake para librarme de los problemas, y eso llevaba a un segundo lío, que tampoco pudiera usar mis feromonas como escudo a menos que quisiera convertirme en un perfecto blanco para ciertos locos de mierda de los que mejor ni acordarse. A raíz, surgía la tercera opción, innegablemente estúpida, recalco, la cual consistía en echarme a correr y esperar que todo no terminara de la misma manera que con el padre de Noah: yo tirado en el suelo recibiendo una paliza. Y por supuesto, era igual de tonto esperar que, tal como esa vez, apareciera Aran y me salvara como si interpretar el papel del caballero de brillante armadura fuera su pasión.
Chasqueé la lengua. Frustrado con el mundo y con una amarga sensación de pánico creciendo en mi vientre.
Di un salto en el lugar cuando el par de musculitos empezaron a caminar hacia mi antes de que pudiera establecer un plan de autopreservación medio coherente en mi cabeza. Retrocedí un paso. Luego otro. Al tercero, ya me había dado la vuelta y había echado a correr con el corazón justo en la garganta, palpitando con la intención de perforar ese canal que sentía tan seco como un desierto.
Me había dicho lo estúpida que sería la decisión de correr, pero no es que fuera muy inteligente tampoco quedarse esperando la patada. Ya había recibido suficientes golpes la última vez, no era particular fan del sadomasoquismo. Gracias.
Corrí, guiado por el instinto y un impulso frenético que me llenaba de nervios y me gritaba que huyera como perseguido por los cuatro jinetes del apocalipsis.
Maldije con muchísimo ahínco cuando el más rápido de los dos hombres me agarró del brazo y tiró de él intentando frenarme, haciéndome daño.
Mis músculos se tensaron y hasta chillaron como un violín al que se le acaba de romper una cuerda. El impulso del giro al que me vi sometido me ayudó, irónicamente, a levantar una pierna y estrellarla justo en la entrepierna del tipo, con la mayor fuerza posible, encontrando así la maravillosa solución al problema de su mano en mi cuerpo.
El extraño profirió un profundo alarido cuando, de seguro, le rompí algo importante ahí abajo y se desestabilizó, dándome la oportunidad de volver a mi intento de fuga, sin siquiera pararme a ver si el segundo tipo se había quedado dándole primeros auxilios a su compañero o continuaba siguiéndome. No me importaba. No quería saberlo. Sólo quería salir de ahí.
Ya.
Seguí corriendo, en un desesperado estado de agitación, hasta darle la vuelta al vecindario de Noah y dirigirme por un camino tres veces más largo de lo habitual.
Cuando miré hacia atrás, nadie me seguía, y esta vez no le recé a ninguna entidad divina para que siguiera siendo así. Estaba más que claro que darme lo contrario por lo que rogaba se les estaba haciendo costumbre, y yo no podía encontrarme con otro cubetazo de agua helada ese día. Así que solo miré al cielo y, con un gruñido, le hice una emotiva peineta y maldije a todo el que me estuviese mirando.
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MATE
Romance•●•●•●•●•●•●•●•●• ♤ EDITANDO HISTORIA ♤ Solía ser una chica normal, hasta que morí y reviví, reencarné, transmigré, no lo sé, en un mundo totalmente diferente y en el cuerpo de un mal personaje secundario de una novela que acababa de terminar de lee...
