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Había algo muy extraño. Lo sentí incluso dormido.
Muy en lo profundo de mi inconsciencia, fue fácil sentir con una claridad asfixiante ese intenso aroma a pino y café mezclados.

Su aroma.

Me sentí retorcer ante la profundidad de aquella fragancia que parecía querer dominar todo el maldito espacio.
No di señales de querer despertar, sin embargo.

El deseo crecía en mi vientre a cada segundo, junto con la intensidad de las feromonas de Aran, pero yo solo era capaz de soltar silenciosos gemidos mientras buscaba sin éxito un modo de abrir los ojos, de descubrir qué estaba pasando.

Por un mísero instante, creí estar teniendo una especie de sueño húmedo, pero la sensación era demasiado vívida, demasiado fuerte.
La agitación crecía dentro de mi a cada segundo.
Quería gritar, quería abrir los ojos, quería confirmar que aquello no era un sueño, quería saber qué estaba haciendo que me sintiera como un malabarista en una cuerda floja, o como un maldito prisionero atado de manos y pies, incapaz de hacer nada por aliviar el fuego líquido entre mis piernas.

Me sentí gemir más fuerte, aunque mi voz sonaba lejana, ligeramente amortiguada por algo. Como si no estuviese lo suficiente despierto para ser consciente de que aquel vergonzoso sonido había salido de mis propios labios.

Entonces temblé y lo sentí. Lo sentí. El débil tacto de algo, de alguien, deslizándose por mi sien, por mi mejilla, dibujando el contorno de mis labios con un impulso casi... anhelante.

Fue un roce demasiado sutil como para llamarlo contacto real, pero sabía que no lo estaba imaginando cuando un largo estremecimiento se adueñó de mi piel y el aroma a feromonas alfa se hizo más fuerte.

Excitado. Me sentí dolorosamente excitado. Tanto que sentí deseos de hacerme una bolita y bajar mis manos hasta el interior de los shorts que Aran me había prestado para aliviar el deseo. Fue desgarrador cuando me vi incapaz de siquiera moverme, aún víctima de esta molesta inmovilidad.

Me sentí desesperado. Quería abrir los ojos, joder. Queria ver quién me estaba tocando.

Quería confirmar que era Aran.

Más no logré mover un miserable músculo aún cuando lo deseaba tanto. Solo pude continuar sintiendo aquel roce que se iba sintiendo más y más anhelante conforme bajaba por mi cuello, mis hombros, mis brazos, mis pecho cubierto por una holgada camisa, mi vientre, donde desapareció como si nunca hubiese existido para empezar.

Casi suelto un quejido. Quizás lo hice. Aquella traviesa mano se había detenido antes de llegar al lugar que más la necesitaba.

Lo siguiente que sentí fue el sonido de unos pasos rápidos al alejarse y un gruñido entre enojado y desesperado.
El aroma que no parecía querer desaparecer, de pronto, empezó a atenuarse y yo quise poder agarrarlo para que no desapareciera.

Y luego, el estruendoso sonido de una puerta cerrándose con violencia y la sensación de que me había quedado solo en aquella casa.

Fue desconcertante. Incluso para mi yo dormido y vagamente alerta.

Para cuando el restante aroma casi desapareció, fui incapaz de mantener ese estado semi consciente y me relajé hasta que mi temblorosa mente se acopló a mi cuerpo, sumiéndose en el sosiego.

A pesar de las muchas preguntas, de la necesidad de entender lo que había pasado. Y creo que pasó mucho tiempo antes de que la mañana llegara.

Cuando por fin abrí los ojos, la sensación de haber tenido un experiencia casi ectracorporal casi me saca una burla.
Me senté y me estiré con un movimiento letárgico, mientras bostezaba perezoso, pero todo mi cuerpo se quedó quieto cuando mi mirada se topó con un Aran muy silencioso y muy inmóvil, sentado frente a mi y con ojos muy brillantes, de un iris rojo intenso.

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⏰ Última actualización: 3 days ago ⏰

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