El alfa abrió la puerta de su casa y no tuvo que invitarme a pasar para que yo lo siguiera estancia adentro, obediente, como un pequeño pollito tras su madre.
La casa estaba tal cual la recordaba. Osea, no es como si en dos días fueran a cambiar demasiadas cosas, pero seguía tan carente de vida e impoluta como un ataúd vacío.
Tomé aire.
-¿Puedo usar tu baño? -le pregunté.
Necesitaba con urgencia unos minutos a solas.
Él no dijo ni una palabra y solo asintió.
Daba algo de miedo. No había vuelto a hacer ni un solo sonido, otra vez, luego de aceptar mi imprudente intromisión. No es como si yo hubiese hablado tampoco, pero en mi caso solo intentaba retener la tormentosa sensación de desasosiego que se me había asentado en el vientre, el corazón y la garganta.
Apreté la mandíbula y con una confianza que no tenía, avancé hasta el cuarto de baño. Puse el seguro tras cerrar la blanquecina puerta y al instante, fue como si me cayeran encima años de tensión.
Me apoyé exhausto sobre la madera y suspiré.
¿Cómo era posible que los ciclos de calor de otros omegas me afectaran tanto? No podía creer cómo había terminado por estar demasiado tiempo en contacto con Illya.
Si iba a ocurrirme esto cada puta vez, mejor ni acercarme a ninguno. Al menos esta vez no había tenido que batallar con ningún alfa adolescente en una imprudente guerra de feromonas, lo que contribuyó a que mi situación actual fuese siete veces mejor que la anterior.
Aran también se había portado especialmente bien al no emitir feromonas en mi dirección bajo ningún concepto. Permitirme refrescar y calmarme en los minutos que tardamos en llegar aquí fue una verdadera muestra de prudencia y, quizá, respeto.
Merecía ser elogiado por eso, al menos.
Estiré un poco el cuello hacia los lados y me separé de la puerta.
Me paré frente al espejo, detallando mi rostro. Tenía la mejillas rojas, la piel brillante y las pupilas algo dilatadas. Tenía una expresión algo... malinterpretable.
Gruñí en voz baja y abrí mi mochila en busca de unos muy necesarios supresores. Por suerte, no los había olvidado esta vez, pero eran unas píldoras asquerosas y amargas. La pesadilla de todos los que odiamos las medicinas con sabor cuestionable. Con una mueca, saqué dos pastillas del pequeño frasco y con una buena cantidad de agua del grifo, logré tragarlas sin vomitarlas en el proceso.
Lavé mi rostro para deshacerme de la imagen pervertida que creía tener pegada como una tétrica máscara y una vez me sentí más calmado, estable y suficientemente preparado para actuar como un amargado si la situación lo requería, salí del cuarto.
—¿Comes pizza? —preguntó el alfa al momento de verme, sin darme tiempo a avanzar más que un par de pasos—. Mi nevera está vacía, no estaba en mi planes tener que comer algo decente esta noche —explicó.
Estaba en una especie de cocina-comedor al otro lado de la sala de estar, apoyado en la repisa con un vaso de agua en la mano.
Se le notaba menos tenso, con la expresión menos pétrea.
—Claro que como pizza, no soy un extraterrestre —resoplé acercándome.
Actuando como siempre.
—No, pero eres rico y los ricos tienes gustos extraños —dijo—. Tenía un amigo rico en la universidad que decía que la pizza era comida chatarra para los pobres y los idiotas, y que comerla era rebajarse demasiado.
—Pues ese amigo tuyo es el verdadero idiota —sentencié.
—Coincido —sonrió y tomó su teléfono para pedir la orden a domicilio.
Caminó hasta el balcón mientras pedía una abominable combinación de agregos para la pizza y cerró la puerta de cristal tras él.
A esa distancia, no podía escucharlo ni aunque quisiera, aunque tampoco me interesaba demasiado enterarme de sus terribles gustos alimenticios, o al menos eso pensé hasta que lo vi colgar y hacer otra llamada.
Su expresión cambió a una seria a medida que hablaba de algo que no alcancé a oír, y ver esa expresión en él... no lo sé, me pareció condenadamente sexy.
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MATE
Romance•●•●•●•●•●•●•●•●• ♤ EDITANDO HISTORIA ♤ Solía ser una chica normal, hasta que morí y reviví, reencarné, transmigré, no lo sé, en un mundo totalmente diferente y en el cuerpo de un mal personaje secundario de una novela que acababa de terminar de lee...
