POV CALLE
Esto ciertamente no era lo que yo veía diciéndole a María José sobre la situación del bebé. Pero a la vida le gusta darte sorpresas, y cuando miré a mi hijo, nunca se habían dicho palabras más ciertas.
El único lugar donde podía sentarme era en el sofá, pero dejé un cojín entre nosotras, pensando que tal vez ella necesitaba un poco de espacio, un poco de espacio para esta bomba que acababa de soltar.
Sabía que lo habría hecho si los papeles se hubieran invertido.
La forma en que me miró antes de bajar la vista hacia el bebé, y luego volver a mirarme, me dijo que todo tipo de conclusiones surgían en su cabeza. Quería decirle la verdad, sincerarme, dejar que las cosas cayeran en su sitio, pero se me trababa la lengua, tenía miedo de las consecuencias, temía que se enojara conmigo.
Exhalé lentamente y acomodé al bebé en mis brazos. Volví a mirar a mi hijo y vi a una pequeño Poché reflejada en mí. Se parecía tanto a la mujer a la que amaba que resultaba chocante. Cuando levanté la cabeza para mirar a Poché una vez más, me aclaré la garganta, pensando que también podría abrir esta herida y desangrarme.
-Tienes un bebé, Calle. -dijo Poché antes de que me salieran las palabras.
Tuve a tu bebé.
Por supuesto, me lo guardé para mí en ese mismo momento.
Volví a aclararme la garganta y asentí lentamente. -Tiene... tiene un par de semanas. - sentí que sonreía con auténtico amor y felicidad. Recordé todo lo que había sucedido desde que me había entregado a María José aquella noche de hace tantos meses hasta este momento exacto en el que ella había vuelto a mi vida y tenía en mis brazos a este pequeño ser humano que habíamos creado juntas. -Se llama José. - Dejé que esas palabras quedaran suspendidas entre nosotras mientras miraba los ojos tan verdes de Poché, esperando que entendiera el significado de eso.
María José parpadeó un par de veces y miró a José, tal vez sin procesar del todo lo que había dicho. La manta obstruía la cara del pequeño José y la bajé más, dejando que Poché viera el oscuro mechón de pelo que le cubría la cabeza. Me moví en el sofá para que Poché pudiera ver mejor al bebé.
Su hijo.
- ¿Se llama José?- La forma en que hablaba era baja, como si dijera las palabras casi para sí misma.
Volví a asentir, con tanta emoción obstruyendo mi cuerpo que no podía pensar con claridad, no podía concentrarme en nada. Todo pasaba por mi mente a gran velocidad; el nerviosismo y la anticipación, la excitación y la vacilación libraban una guerra en mi
interior.
-Ese es mi segundo nombre, Calle. - Ahora me miraba con ojos muy abiertos y sorprendidos.
Me pasé la palma de la mano libre por el muslo, temblando antes de volver a levantarla y ahuecar el trasero del bebé.
-Le... le puse... - Dios, que salgan las palabras. Pero estaba casi temblando, y solo cuando sentí que Poché me ponía una mano en la rodilla, aliviándome, calmándome más, respiré hondo y terminé de decir lo que había que decir. -Le puse el nombre de su madre.
El silencio que rebotó entre nosotras fue pesado y espeso, la conmoción se agolpó entre nosotras, moviéndose de un lado a otro, cada vez más rápido y más fuerte, hasta que Poché apartó la mano, curvó los dedos en las palmas y cerró el puño. Empezó a respirar con más fuerza, como si no pudiera llevar suficiente oxígeno a sus pulmones, y vi cómo agarraba el brazo del sofá, sus uñas se clavaban en la tela y hacían un suave sonido de arañazo.
Era como si lo utilizara como palanca, como si temiera que si no se agarraba se desmoronaría en el suelo.
- ¿La madre?- Poché resopló y se movió en el cojín para mirar al frente, respirando con dificultad, como si no pudiera recuperar el aliento. Y entonces su cuerpo se enderezó, su cabeza se volvió hacia mí, con la mirada clara como el agua. -Esa noche... esa noche nos emborrachamos y...
Asentí cuando estaba claro que no podía terminar de hablar. -Sí. - Mi voz era gruesa y ronca. -No tenía forma de decírtelo, y eso me destrozó. - resoplé, me aclaré la garganta y empecé a parpadear mucho.
No llores. No llores. No llores.
