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El día comenzó muy frenético para Sakura, eso sin mencionar que no era ella quien iba a contraer matrimonio esta tarde.

Realmente le sorprendía lo calmado que se encontraba Konohamaru cuando ella y su madre estaban que reventaban de estrés y adrenalina. Primero debido a que el vestido de Sakura se rompió del cierre, y después por el retraso de la estilista que las iba a peinar y maquillar. En cuanto a su hermano... Él simplemente tomó una ducha y se puso su traje.

Al final lograron llegar a la capilla a tiempo con todo y los percances.

Antes de tomar asiento, la doctora se posicionó en la entrada de la iglesia para recibir a Naruto. Los nervios se manifestaron en ella a través de una caminata de un lado a otro esperando la llegada del rubio. Mientras merodeaba, se preguntaba qué pensaría él de su atuendo, pues no solía usar mucho maquillaje, y ni hablar de el vestido de gala que estaba usando.

Los minutos fueron transcurriendo y los asientos de la capilla estaban ocupados casi en su totalidad, incluso la novia, Moegi, ya había arribado y se encontraba en la entrada colocándose el velo y arreglando su vestido antes de su entrada magistral, pero no había señales de Naruto.

Sakura temió lo peor.

Resignada a que muy probablemente la habían plantado, se alejó del umbral con el corazón roto y un nudo en la garganta.

-¡Sakura! -llamó una voz muy familiar, haciendo que la esperanza regresara a su cuerpo.

Naruto arribó junto a ella jadeando y tratando de recuperar el aliento. Su corbata se había desaliñado un poco y su cabello lucía alborotado, aun así, fue imposible para la pelirosa no reparar en lo apuesto que se veía usando traje formal.

Sus mejillas se tornaron rojas y giró el rostro bruscamente para que no lo notara.

-¿Por qué tardaste tanto? Creí que no ibas a venir -demandó, recordando lo desilusionada que se sintió hace unos instantes.

-En verdad lo lamento, había mucho tráfico y...

-No sigas -interrumpió su explicación-. Ven conmigo, la ceremonia está por comenzar -tomó su muñeca y lo condujo hasta los asientos frente del altar, junto a sus padres.

No pasó ni un minuto para que la orquesta empezara a tocar, y con ello, Moegi caminara por el altar en cámara lenta.

Quizás Konohamaru no era el tipo más romántico que conocía, pero al ver su rostro convertirse en una expresión de completo asombro, más la mirada enternecida que le dedicó a su futura esposa, provocó que su corazón se encogiera de ternura. Su hermano se merecía todo esto.

Casi hasta el final de la caminata de la novia, la pelirosa vislumbro a su tía Tsunade y a Jiraiya escabullirse en unos asientos libres y actuar como si hubieran estado ahí todo el tiempo.

Sin pensarlo, una pequeña risa se le escapó y sintió como recibía un apretón de manos. Era Naruto, quien también le sonreía con un brillo especial en los ojos. Sakura quedó absorta en el profundo azul hasta que el cura pidió a todos los presentes que se pusieran de pie y no le quedó más remedio que romper aquel contacto visual.

La ceremonia duró menos de lo esperado y, en un abrir y cerrar de ojos, Konohamaru y Moegi ya eran marido y mujer.

La llegada a la recepción también fue muy corta, de hecho, la tarde transcurrió demasiado rápido para la doctora, aunque poco le importaba aquello, pues estaba rodeada de todos sus seres queridos y realmente estaba disfrutando junto a ellos, en especial con la compañía de Naruto.

El rubio se mantuvo a su lado en todo momento; haciendo bromas y hablando con sus familiares. El muchacho demostró ser encantador y Sakura no sabía cómo sentirse al respecto. No se trataba sólo de evitar las preguntas y comentarios incómodos que usualmente recibía, sino que también le agradaba tener específicamente a Naruto en un evento tan especial con ella. No deseaba que nadie más la hubiera acompañado, de eso estaba segura.

Amor De CalendarioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora