POV DALIA
Ni con el tiempo se curan las heridas. El pasado siempre vuelve, al menos eso es algo que he aprendido.
Mi hermana siempre fue un un ejemplo a seguir para todas nosotras, la estabilidad más grande de la familia después de la muerte de nuestra madre.
Pero nunca nos imaginamos que ella podría estar pasando por algo como esto.
¿Por qué nos escondemos tanto? ¿Cómo es que un interior quebrado puede lucir tan perfecto?
Eres tan perfecta Elizabeth. Tu voz, tu liderazgo. ¿Por qué todo mundo te teme?
A lo mejor es por el caparazón, por la máscara que tuviste qué usar para poder protegernos, y protegerte, solo intentabas ser fuerte, para el reino, para nuestro padre y más con nosotros, no querías que nadie nos dañara como a ti.
¿Cómo fue que lo escondiste tanto tiempo sin sentir que esto te supera?
- Dalia - Una voz interrumpió mi pensamiento, viré mi mirada hacía la dirección de la voz.
- Jin - Observé al joven de belfos perfectos acercarse a mí poco a poco, su mirada se notaba con calma, pero sus manos se veían inquietas.
- Lamento molestarte, ¿cómo te sientes? - seguí observando hacía la ventana.
Me encontraba sentada en la esquina de una mesa ubicada en el balcón principal del castillo.
Había pasado toda la noche al lado de mi hermana mayor. A pesar de que los cuidados eran adecuados, ¿Como podríamos nosotras curar de un corazón herido?
- No he podido dormir ni un solo minuto - Solté un fuerte suspiro - Pero no me importa, prefiero cuidar de mi hermana.
El mayor tomó la silla que yacía frente a la mía y la deslizó, aún me mantuve mirándolo de reojo.
- Mi hermano también está muy mal - se dió la vuelta por completo para quedar frente a mi - Estoy preocupado por él y por tu hermana.
- Lo sé, yo también - miré una vez más el horizonte con neblina de una mañana fresca, tan fresca como nostálgica.
- Mi reino tiene un heredero, debemos encontrarlo a como dé lugar - fruncí mi ceño, parpadee varias veces asimilando las palabras...
- ¿Tu reino tiene un heredero? - Giré mi mirada hacía el mayor el cual solo asintió - Te preocupa más encontrar al heredero de tu reino, ¿que a tu sobrino?
El lucía confundido, y solo me observó con confusión en sus ojos.
- Son la misma persona
- Príncipe Seokjin - me puse de pie, él al notarlo copió la misma acción - Veo que su interés son los rangos de nuestra sangre.
- ¿De qué hablas Dalia? - comenzó a rodear la mesa para acercarse a mi - Solo quiero encontrar al hijo de mi hermano.
Negué rotundamente.
- Le interesa encontrar al heredero de su reino principe, no a mi sobrino.
- Creo que no terminó de comprender, a qué te refieres.
- Aún no nos encontramos casados, le pido que siga manteniendo las etiquetas - Tomé un poco de las orillas de mi vestido para no tropezarme con este mismo, ya que mis manos y piernas se encontraban algo entumecidas gracias al clima que la mañana sostenía.
Mi forma de actuar no había sido indiferente, ni mucho menos.
Seokjin sobrepuso a su reino, sobrepuso lo que la sangre real busca, "Un heredero" y quien más que el primogénito de una dinastía en conjunto.
Mi hermana buscaba a su hijo, su hermano buscaba a su hijo. No el papel que este ejercería en un futuro. ¿A quién le interesa un papel en este momento?
Tome la perilla de la puerta sin siquiera mirar al príncipe del quien me encontraba totalmente, ¿enamorada?
Comienzo a darme cuenta de tantas cosas, que dudo si de verdad tengo algún tipo de sentimiento hacía el príncipe mayor de aquella nación.
- Dalia - Su voz me hace detenerme.
- Le reitero que para usted sigo siendo la princesa Dalia - sin mirarlo decidí hablar.
A pesar de ser la menor debía mantenerme fuerte esta vez, para proteger a mis hermanas en este momento de debilidad, cuando la que siempre nos ha abrigado con su amor, liderazgo y sabiduría, yacía con un corazón quebrado y herido.
Caminé con algo de rapidez hacía el comedor real, tenía tanto frío que no podía si quiera dejar de tiritar los dientes entre sí.
Una taza de café, eso es.
Una taza de dulce café me ayudará a disminuir este frío. No puedo ir a mi habitación en este momento, sería tener que atravesar el pasillo por donde Seokjin debe encontrarse en este momento.
¿Envolverme en una sábana? Incorrecto para una princesa.
Mejor opción y más rápido, un exquisito café.
Observé la cocina metiendo un poco mi cabeza entre la puerta.
- No hay nadie - susurré hacía mi misma. Comencé a caminar hacía la barra del lugar para buscar los aditamentos. Ser una "princesa" no me orillaba a pedirle a alguien más hacerme un café cuando soy capaz de prepararlo por mi misma.
Comencé a sacar todos los ingredientes necesarios, el café de exportación favorito de mi padre, pequeños trozos de canela, agua, y un poco de azúcar.
No soy fanática de la crema o leche para café. Después de unos cuantos minutos el café comenzaba a hervir y el delicioso aroma que la mezcla arrojaba era delicioso.
Suspiré de aroma. Amargo. Me daban tantas ganas de tomarlo solo, sin azúcar... El aroma siempre me ha cautivado, mi madre solía tener este aroma todas las mañanas. Mi padre a pesar de no tomarlo, solamente se sostenía a prepararlo y olerlo.
De verdad extraño a mi madre. Y yo también.
- Princesa Dalia, es un placer verla de nuevo - Una voz grave hizo mi piel estremecerse en cada uno de sus puntos nerviosos.
Mi cuerpo se quedó demasiado estático, como si en vez de saludarme, de su boca hubiera salido lo que las curanderas llaman maleficio, logrando que no pueda mover ninguna parte de mi sistema.
ESTÁS LEYENDO
Té de Dalia (Fanfic OT7)
Teen FictionEn los años 1810, 4 princesas de un reino son obligadas a salvar a su nación de una guerra que puede traer mucha desgracia. La forma de salvar a su gente es casándose con los príncipes de la nación enemiga, y formar alianzas. La nación enemiga tien...
