Cuando salió el sol, todos los habitantes del reino se levantaron. Todos menos ella. Ella dormiría plácidamente hasta que su dama de compañía la despertara con su desayuno.
Toc, toc.
—Buenos días, señorita Arwen. Vengo con su desayuno.
Arwen respondió con un desagradable gruñido. Su dama de compañía se sentó en el borde de la cama, dejando la apetitosa bandeja en el suelo.
— Vamos, señorita Arwen, levántese.— Dijo su dama de compañía mientras sacaba de las sábanas a Arwen.
— Venga ya, Nerdanel, 5 minutos más...
—Pero, señorita Arwen, ya le he dejado media hora más, ¿no lo recuerda?Arwen se despertó con resentimiento, resoplando. Su dama de compañía levantó la bandeja y se la acercó. Acto seguido se fue, dejando a Arwen sola.
Arwen se sentó en la cama y miró a la ventana. Solo salía del castillo en las fiestas regionales. Quería ver más allá de esas frívolas celebraciones y falsas sonrisas. Quería explorar, vivir a su aire. Quería... Ser feliz.
Entre toda esta nube de pensamientos, alguien tocó a su puerta.
-Princesa Arwen, lamento molestarla a estas horas tan intempestivas, pero su padre, su majestad el Rey Donaldo requiere su presencia en la sala del trono.
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Hijos de Yeney
FantasyTras la misteriosa desaparición del oráculo del reino de Yeney, el rey Donaldo acude a unos antiguos escritos en un acto de desesperación. En esos escritos, aparecían 12 jóvenes que debían salvar al reino.