Itius/Sukius

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Su Katana se desplegó hacía el cuerpo grotesco de aquel ser, cortando con su potente hoja brillante, logrando que sus acciones pudieran darle fin a la agobiante maldición que atormentaba ese lugar. Por fin habían terminado su labor, el expediente había indicado numerosas maldiciones colándose en otras de las escuelas de secundaria en Tokyo, pero junto a los cuatro alumnos de el hechicero más poderoso, no fueron problema alguno. Estaban exhaustos, no pensaron en la cantidad de maldiciones en ese lugar académico, pero todo tenía su recompensa y su maestro siempre les hacía recordar ello.

Gojo no paraba de aplaudir, le encantaba el trabajo de campo, aunque la mayoría de veces él nunca las realizaba. -¡Debemos ir por helado!

Las calles estaban bajo la influencia de la gente y sus labios sonreían cuando el sabor del delicioso postre frío se disolvía en su boca. El grupo de hechiceros descansaba en el apartado sitio de la ciudad, sentados en escaleras, justo al lado de un lindo parque. Su katana tembló dentro de su vaina cuando se acomodó en su lugar, Cius suspiró mientras lamía la crema de chocolate de su helado. Todo estaba en calma, mientras que el resto de sus compañeros hablaban entre ellos, Otonami vagaba por su mente entre diversos pensamientos tanto importantes como tontos. Pero entre el silencio, sin darse cuenta, Cius volteó la cabeza y su vista lentamente, dirigiendo su atención hacia el pelirosa entusiasta. Estaba feliz, Itadori no paraba de comer el helado que le regaló el profesor Gojo y le parecía muy tierno.

Pero comenzó a reírse cuando notó la gran mancha de crema en la cara de Yuji, llamando la atención de este. -¿Qué es tan gracioso? - Itadori le preguntó sin entender la gracia de su compañero.

-Tienes helado en la cara. - Cius no paraba de reir.

-¿En dónde?

Itadori quiso buscar en la zona señalada, pero fue adelantado por Cius, quien limpió su mejilla con su pulgar. No comprendía sus acciones, pero causaron un pequeño temblor dentro de su ser. Habían veces que ni siquiera se podía comprender y era para ambos casos, ambos jóvenes actuaban sin pensar, creando bochornos que ni ellos mismos podían soportar, pero les encantaba demostrarse esos pequeños gestos que mataban a flechazos a sus corazones radiantes. Y Cius lo acababa de hacer justo ahora.

Itadori no tuvo más remedio que regocijarse entre sus acelerados latidos de un adolescente enamorado, estaba riendo, sintiendo los fuertes aleteos de las millones de mariposas invadiendo su estómago. Y se rascó la nuca, muy risueño cuando Cius le devolvió otra sonrisa. Volvió a sus acciones cuando le quitó la mirada, Itadori sentía como su cuerpo era abrazado por un dulce calor con tan solo presenciar aquella mirada tan radiante como el mismo cielo azulado. Ahora había quedado más tonto de lo que estaba, pero se alegraba al notar que sus amigos no estaban viendo aquella escena. Un momento... ¿no están viendo?

Yuji se volteó discretamente hacia sus amigos, quienes estaban demasiado ocupados discutiendo entre si por culpa del su profesor Satoru y aunque el tema era bien irrelevante, parecían bien distraídos como para acordarse de las sobras de sus compañeros. Itadori se acomodó nuevamente en su puesto y tomó la determinación exacta cuando volvió a dirigirse a su albino de coleta. -Cius.- Lo llamó, obteniendo su atención. Cosa que Itadori no pudo evitar sonreír. -¿Me das un beso? - Itadori se señaló la mejilla sin ninguna pizca de vergüenza.

Un pequeño sonrojo apareció en sus mejillas y parpadeó ante el mandado. Pero cambió su sorprendida reacción a una muy feliz. Cius sólo asintió. Quería ahogarse de ternura cuando su pelirosa le ofrecía su rostro, cerrando sus ojos mientras sus labios curvados por la serotonina esperaban emocionado, quería sentir su tacto, ese roce tan puro y significativo para él, como si fuera un pequeño niño siendo mimado. Y Cius no se quedaba atrás, sus sentimientos también sobreexplotaban todo el cariño y amor que quería ofrecerle a Itadori, aunque fuera solo un beso, le daría millones más para complacerlo. Tomó la barbilla de Yuji cuando su rostro ya estaba cerca, cerrando sus párpados en el proceso y justo cuando iba a depositar aquel lindo gesto, una boca extra apareció segundos antes del roce, besando con presión los labios del joven albino de coleta.

Tres segundos bastaron para darse cuenta, Cius pegó un salto y rápidamente se separó del pelirosa. Sus pestañas se sacudieron por los numerosos parpadeos y con sumo terror tapó su boca con ambas manos. Pero su corazón bombeó lo suficiente para lograr que todo su rostro se tornara de un rojo extremadamente intenso.

Los pelos de Itadori se elevaron cómicamente, como si hubiera visto a un terrible fantasma, pero una fuerte corriente recorrió todo su cuerpo y una intensa presión en el pecho fueron las secuelas de haber escuchado una estruendosa risa malvada emerger de su mejilla. El pobre pelirosa miró a su albino de coleta entre la sorpresa. Ese maldito dedon. -¡SUKUNA!

-¡HAHAHA! ¡COMO EXTRAÑABA SABOREAR ESOS LABIOS!. - el pequeño ojo de Sukuna se abrió, acompañando esa ruidosa risa.

-¡ERES UN DESGRACIADO! - Itadori le respondió entre más gritos, pero el rey de las maldiciones no paraba de reírse.

-Y eso qué importa, mi hermosa propiedad acaba de besarme enfrente de tus narices. Mocoso, tú eres quien estorba aquí. - la boca en la mejilla de Itadori no paraba de sonreír, mostrando esos grandes colmillos. Sukuna estaba demasiado contento sobre la humillación de su recipiente. -Acéptalo, quien debe quedarse con él soy yo.

Itadori frunció su seño por su fuerte enojo ante las palabras de Ryomen. El pelirosa apretó sus puños y alzó la voz aún más fuerte, encarando una vez más a su descarado rival. -¡TÚ ERES LA SOBRA AQUÍ!

El grito logro captar la atención de los demás presentes, pero Yuji estaba demasiado ocupado enfrentando a su parásito espiritual. Sukuna volvió a reír, su pequeño ojo miraba hacia arriba mientras que su boca mostraba era pequeña lengua y colmillos, el rey de las maldiciones disfrutaba a montón, mezclando sus sentimientos por aquel beso fantasioso con la terrible humillación de su contenedor. Itadori estaba entre un mar de gritos, lanzando palabras dirigidas especialmente a la maldición, pero quien estaba peor era Cius, quien estaba a punto de tener un ataque de nervios, pero Satoru y sus compañeros lo sostenían con precaución y gracia en sus caras.

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-¿Acabas de besar a el mismo Sukuna? Cius qué atrevido eres. - Gojo no paraba de burlarse, dejando salir aquel característico tono de voz.

Ahora caminaban de regreso a la academia de jujutsu. Los cuatro alumnos y su profesor pisaban el gran camino de piedra que los llevaba a la entrada principal del establecimiento, pero para ambos estudiantes fue un infernal camino entre burlas y comentarios. Cius no producía ninguna palabra ya que su mente aún seguía en blanco, pero su corazón no bajaba su velocidad. Ni hablar del color de sus pómulos.

-Si no hay pruebas de ello, eso jamás pasó. - Itadori se cruzó de brazos, dirigiendo su molesta expresión hacia su propia coronilla, dando a entender que le estaba lanzando ese comentario a el irritante sujeto de cuatro ojos.

-No tengo problema en repetirlo. - Sukuna surgió de nuevo, sonriendo a través de la mejilla de Yuji.

Itadori volvió a gritar, comenzando a tapar la grotesca boca de Sukuna, combatiendo a su vez contra la vergüenza de escuchar las risas de su maestro y los comentarios inapropiados de sus amigos. Cius por su parte, invitaba a la tierra para que se lo tragara en ese momento.

Lo bueno es que después de esos sucesos, Sukuna no molestó durante un mes entero. ¿Qué le habrá pasado?

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¡Itirus/Sukius shorts!

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