Sukius

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El calor tan conservador lo recibió con el aroma tan agradable de hierbas y flores de estación primaveral. De inmediato su cuerpo empezó a adquirir el calor del vapor que lo esperaba en las tenues aguas del orufo cuyos años no podían arrebatarle la belleza. Sabía que esta vieja mansión ya tenía décadas, siglos contados y le parecía increíble como entre generaciones aún se sigue conservando perfectamente. Las dulces palabras de la anciana le indicaron que el baño ya estaba listo, por lo que Otonami sólo debía relajarse y dejar que todo fluya, algo muy importante para alguien cuyo poder debe de estar en calma. El baño de orufo era una pieza fundamental para que un hijo de Raijin tenga la mente en paz para que pueda tener el control total de su poder.

Cuando la anciana se retiró, cerró la puerta con una pequeña reverencia. Por su parte, Cius desató el pequeño moño que siempre llevaba consigo, sus cabellos blancos cayeron sobre sus hombros sin orden alguno, no había espejos, por lo que no podía ver su aspecto tan atractivo. Sus pies descalzos sentían la humedad de la madera crujir, justo antes de quitarse su yukata, la ventana de madera se abrió de par en par, como si una corriente de aire hubiera desatado contra la madera, no hacía frío, por lo que le pareció extraño, era plena estación primaveral, por lo que el clima no era ni caluroso ni helado. Cius se acercó a la ventana para asomar su cabeza y observar, no había nada extraño, sólo pudo encontrar los tenues pétalos rosas que caían con calma hasta el verde césped, la luna ya gobernaba los cielos, por lo menos debían ser las 9:20 PM.

No cerró la ventana, no le molestaba. Cius volvió a su posición inicial y el yukata se deslizó por sus hombros, se despojó de sus prendas tradicionales y su pie fue el primero en entrar al estanque lleno de agua caliente. El orufo era bastante grande para cuatro personas, todo el cuerpo de Otonami se sumergía, aunque sólo la parte de su busto llegaba hasta la superficie, debía de sentarse un poco más para que el agua llegara hasta sus hombros y nuca. Justo en frente del orufo, había una cortina blanca, lo suficiente para que la silueta de la persona detrás se formara perfectamente, pero también le ofrecía algo de privacidad. Las lámparas le brindaban un toque tradicional, sus luces suaves no buscaban cegarlo, al contrario, era como ver a una divinidad bañarse en las aguas termales de un antiguo y lejano Japón.

Los grillos ya comenzaban a dar su canto, ya con la noche en lo alto. El baño comenzaba a dar sus frutos y empezaba a acabar con el poco estrés que alguna vez tuvo. El viaje hasta aquí fue pesado, alejarse de la capital y de sus amigos dejaba huellas que volvería a pisar una vez que termine la semana. Cius elevó ambos brazos sobre el respaldo del orufo, soltando un suspiró por el gozo del sauna tradicional. Sintiendo su piel humectarse por el vapor. Estaba tan relajado, que cerró sus pálidos párpados mientras borraba cada pensamiento y dejaba su mente en blanco, apreciando la belleza de la tranquilidad.

—Te quedarás dormido si sigues así.

Como un golpe de realidad, el agua que momentos antes era la cúspide de lo relajante, ahora parecía ser un mar de hielo. Ni alcanzó a modular bien, sus párpados se abrieron de golpe, sintiendo la malicia rodearlo como el aroma maligno de un ser cuya sangre no debía existir. Sus ojos hicieron contacto de golpe, conectando el precioso azul tan claro con un rojo carmesí. Los tatuajes le helaron la piel de la peor forma, revelando su sorpresa a través de un grito que seguramente se escuchó por toda la casa. —¿¡Sukuna?! ¡¿C-cómo es que…!?

Ni siquiera podía modular correctamente, tenía al ser más maligno de toda la tierra sentado en frente de él, pero era extraño que el rey de las maldiciones no presentaba hostilidad, es más, parecía relajado, hasta en cierto modo muy contento.

Como si estuviera feliz de verlo.

Ryomen apartó las cortinas cuando Cius no estaba viendo, revelando su postura sentada sobre una silla a su lado, con sus piernas cruzadas y su mentón descansando sobre sus nudillos. Sukuna no paraba de observar al albino sin borrar su pequeña sonrisa. Como un ángel desnudo entre las velas de la noche, su aspecto era perfecto, cuando suspiró con ese tono, su corazón dió un vuelco enorme, pero se contuvo. Este le respondió. —Si estás preguntando por el mocoso, él está bien. — Sukuna hablaba tranquilamente. —Digamos que sólo está… durmiendo. — sus palabras no eran suficiente para la mirada juzgadora de Cius. —Oh vamos, no he hecho nada malo.

Itius Shorts... Y SukiusHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora