Sukius

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Baño para el Estrés
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Sus pasos eran tan suaves como los pétalos que caen en otoño, crujían al pisar la tierra cubierta de hojas secas. La noche se cernía sobre él mientras ascendía hacia los bosques del campo, la hoja de su katana sonando dentro de su vaina de un profundo azul marino. Sus ojos, agudos y firmes, exploraron la tierra antes de levantar la mirada hacia el camino que lo llevaría a su destino.

Finalmente, se encontró ante una casa solitaria en medio del bosque, tal como lo había predicho. Sus huellas lo guiaron hasta allí. A medida que rodeaba el perímetro, el silencio le envolvía, una soledad deprimente que parecía pesar en el aire. Al acercarse a la casa, el desolador espectáculo de destrucción le golpeó. La tierra, manchada de sangre, arruinaba la madera que alguna vez había sido el hogar de una familia humilde. En ese instante, su corazón se encogió al encontrar los cuerpos de las víctimas de lo que había estado buscando.

Agachándose, cerró con ternura los párpados de una joven criatura que nunca alcanzó la mayoría de edad. Se sentía como un forastero que había llegado demasiado tarde, deseando con todas sus fuerzas haber podido salvar a esa familia. Pero el tiempo no había sido el adecuado para su destino. En ese momento, se convirtió en el único ser vivo en aquel lugar, o eso pensó, hasta que sintió una suave energía maldita detrás de él.

—¿Se encuentra bien, Su Alteza? —preguntó Uraume, bajando la cabeza en dirección a su superior. El dolor en su corazón se intensificó, un sentimiento extraño que siempre experimentaba cuando algo terrible sucedía. Con su cabello blanco caído a los lados, comenzó a orar por la paz eterna de aquellas almas perdidas.

—Uraume —dijo Cius, llamando a su leal compañero. Este se levantó de inmediato, comprendiendo las necesidades de su Alteza. Ambos abandonaron la vieja casa cuando sintieron la energía maldita quemar sus pieles. El asesino aún estaba cerca.

Corrieron por los bosques, la energía maldita intensificándose a su alrededor, ahogando sus sentidos con la podredumbre que emanaba. Un brujo de sangre impura tenía las manos manchadas de la inocente vida que había arrebatado, y Cius no permitiría que escapara sin pagar por sus pecados. Uraume lo observaba en silencio, consciente del feroz semblante de Cius, que reflejaba la seriedad y la ira que ardía en su interior.

Cius estaba enojado.

Las hojas de los árboles caían con fuerza ante el viento, y él se adelantó al escuchar voces desconocidas a lo lejos. Lo sabía, el asesino estaba de vuelta, causando más problemas, así que aumentó su velocidad.

Los hechiceros se encargaban de exterminar cualquier espíritu maldito para el bienestar de la humanidad. Pero aquel monstruo masacraba vidas a cambio de poderes absurdos, realizando rituales prohibidos impulsados por deseos egoístas. Cuando se recibió el informe de un asesino suelto, Cius no pudo dormir, investigando incansablemente, temiendo por la vida de futuras víctimas. Estaba decidido a acabar con la maldad, pero su propia sanidad le estaba costando más de lo que había imaginado. Aunque su apariencia no mostraba deterioro, quienes lo rodeaban, como Uraume, notaban que algo no estaba bien con su Alteza.

Siguieron corriendo por el bosque, Uraume cuidando de su espalda como un fiel aliado. La luz de la luna los guiaba en su búsqueda, y cada vez sentían que estaban más cerca de atrapar al culpable. Cius, en un momento de determinación, desenvainó su katana, provocando que tenues rayos emergieran de ella, como si la hoja tuviera vida propia. Un brillo en sus ojos dejaba una estela al correr, y en un instante, realizó un movimiento poderoso. Agitó su katana con tal fuerza que un rayo se desató de esta, iluminando el bosque y espantando a las aves y animales cercanos.

El rayo dejó un camino de cenizas y destrucción. Cius atacó sin pensar, creyendo que el asesino estaba justo en frente, y efectivamente lo estaba. Sintió la repulsiva energía maldita del brujo manifestándose ante ellos, y no dudó ni un segundo en atacar.

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⏰ Última actualización: Dec 28, 2024 ⏰

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