La sala estaba llena de gente, no era raro, gran parte de los habitantes en su pueblo eran ancianos y niños. El de cabellera rubia los ignoro incluso cuando salio por la puerta, leyó con detenimiento los efectos secundarios de los nuevos medicamentos que le recetaron, los anteriores no habían servido para nada.
En su otra mano llevaba una hoja con algunas cosas sobre su condición, al parecer, al estar expuesto a niveles altos de estrés se le empezó a caer el pelo, cada día estaba más viejo y eso lo abrumaba. Ah, y también debería empezar a comer más para que dejara de ser un "amigo palo".
Llego a su casa caminando, no estaba tan lejos, aun así, se sentía cansado, cómo si hubiera corrido una maratón, además de que su estomago rugía por la falta de alimento, después de ver el corazón con las tripas perdió el apetito por días enteros. Algo curioso, es que los órganos desaparecieron al día siguiente de descubrirlos.
—¡Ya llegue!– Grito cuando ingreso a su hogar, parado frente la puerta se encontraba Mirt, cruzado de brazos y mirándolo con rabia –...Hola.
–"¿Qué mierda le paso a mi ventana?"- Él movió sus manos para formular las palabras, ya que no era capaz de hablar normalmente.
—¿Qué ventana?– En ese momento recordó lo que paso con la ventana de la puerta —Oh...Unos adolescentes malcriados, nada más– Mintió, pero Mirt no cambiaba su expresión
–"¿Entonces por que las tapaste con madera?"- Mirt le mostró los trozos mencionados, que él mismo había quitado de su lugar.
—...Me asuste– Confesó con algo de vergüenza, pero logro terminar la conversación retirándose a la cocina. Su compañero lo siguió aun queriendo seguir con la misma.
Andrew le dio la espalda, pero su amigo lo golpeo en el hombro para que le prestara atención "-¿Cómo te fue en la cita con Lawrence?. No me constaste lo que paso"- El chico algo fornido le pregunto con una sonrisa, él por su parte puso una sonrisa forzada, a su gusto, y respondió con voz calmada.
—Todo fue perfecto– Logro sonar lo más feliz posible para convencer a su amigo, este mismo siguió sonriendo y golpeo suavemente su espalda cómo muestra de su apoyo.
–"Voy a dormir. Estoy cansado"- El de cabellos rubios asintió. Mirt se retiro a su cuarto dejándolo solo. Tuvo un viaje muy pesado para él, no quería amargarlo con sus problemas.
Del cielo adornado de nubes grises comenzaron a descender gotas hasta detenerse en los suelos y techos de las casas. Fijo levemente su vista en su ventana empapaba de varias de esas gotas, su manos trabajaban limpiando los platos con una esponja mientras su mente viajaba a otro mundo.
El ver la lluvia hacer su rutina común le traían dos recuerdos específicos, uno de esos fue la muerte de sus padres junto a la perdida de su ojo. Ese día, las calles estaban resbalosas y fue cuando una camioneta que perdió el control choco contra el carro en donde viajaba con sus padres. Una barra de metal salió disparada del otro vehículo y fue directo a su ojo izquierdo, según los médicos que lo atendieron, fue un milagro que la barra no dañara su cerebro, aunque hoy en día desearía que le hubiera destrozado la cabeza y no el ojo.
Sin duda, el hecho de tener que vivir con un hueco negro en vez de un ojo común es de sus mayores complejos, además de las otras cicatrices que dejo el incidente.
Su otro recuerdo era mucho más agradable, fue cuando conoció a Lawrence. Él se estaba intentando proteger de la lluvia usando un bolso de cuero cómo paraguas, fue una casualidad del destino que estuviera ahí y con un paraguas perfecto que le pudo dar para que ya no se mojara, a fin de cuentas, no fue muy lejos de su hogar y pudo volver caminando completamente perdido por ese joven soldado.
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La fuerte lluvia no parecía tener fin, el viento rugía con fuerza moviendo sus ropas militares, unos truenos cayeron y su sonido retumbo en toda la zona, provocando que se sobresaltara. El joven soldado se cubría lo mejor que podía de la lluvia con el bolso que cargaba consigo, aun así, no evito mojarse un poco.
Diviso a lo lejos una parada de autobús perfecta para esconderse de la furiosa lluviosa, fue lo más rápido posible, evitando resbalarse con el agua que quedo acumulada en el suelo. El chico de cabellos rubios que ya se encontraba ahí escucho aquellos pasos, se limpió las lagrimas que caían de la cuenca de su único ojo y puso una cara tranquila, que no reflejaban el ataque de estrés que tuvo hace momentos atrás.
El castaño entro al lugar dando profundas bocanadas de aire, sus mejillas se teñían de rojo por el estado patético en el que se veía expuesto frente a un desconocido. Andrew se volteó a mirarlo de reojo, su cara se puso roja al verlo, no podían juzgarlo, la ropa mojada del militar se pegaba a su piel, resaltando su figura, eso combinado con el sonrojo que cubría sus mejillas, sus ojos azules, su cabellos brilloso, y esos lunares en su cara... Eso daba paso a pensamiento impuros.
-¿Eh?- Sus labios titubearon entre si al ver esa belleza frente a él.
-Yo...Ah, ¿Sabes el nombre de esta calle?- La expresión apenada que puso Lawrence provoco que su corazón se acelerara aun más -Nunca vine a este lugar, y me perdí en el camino.
-Eh, ah, si, se el nombre de esta calle, vivo aquí cerca- Se levanto del asiento, alcanzándole su paraguas al castaño -Toma. Me imagino que volverás a tu hogar o iras a algún lugar lejos, esto evitara que te sigas mojando y te enfermes.
Lawrence observo atentamente el paraguas azul, acerco su mano hasta que esta misma tomo el mango, en este mismo observo una especie de cinta con un nombre escrito en ella: Andrew Quigley. No hacía falta ser un genio para saber de quien era.
Los ojos azules del soldado se encontraron con el marrón rojizo del ojo del rubio -...Gracias- Andrew sonrió con tranquilidad, Lawrence salió de aquel pequeño lugar, caminado con algo de calma y confusión en la expresión de su rostro.
Pasaron varios días, hasta que el castaño encontró la casa de aquel chico de la parada de autobús, le devolvió su paraguas y se presento ante él, estuvieron un rato hablando hasta que él se largo. Fue en ese entonces que Andrew supo que de verdad se enamoro, apenas podía apartar la mirada de él, y cuando lo hizo, la imagen de su rostro avergonzado llego a su mente.
Ya pasaron dos años desde aquel acontecimiento, todo parecía que iba de acuerdo a su plan de enamorar a Lawrence...
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Puta madre, perdón por actualizar ahora, quería disfrutar de mi vacaciones y un cap de mi otra historia se alargo más de lo que esperaba. Tal vez tarde un tiempo en actualizar ya que estoy preparando otro one-shot sobre uno de mis SCP's favoritos.
Y si se preguntan, Mirt es el 173, es el mejor amigo de Andrew (aunque lo regañe cómo si se tratara de la mamá) y con quien comparte hogar, los dos se conocieron en el colegio. Es alguien relajado (la mayoría de las veces) y dedicado al trabajo, a pesar de que sea mudo de nacimiento y eso le dificulte su comunicación, tiene 39 años.
Apoya a su amigo en su decisión de enamorar al soldado, solo que no le convence mucho la diferencia de edad que estos poseen, pero tampoco lo dirá a fin de cuentas.
Disculpen si esto tiene errores ortográficos, lo corregiré más tarde
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"𝕷𝖆𝖘 𝖈𝖆𝖗𝖙𝖆𝖘 𝖑𝖆𝖘𝖙𝖎𝖒𝖆𝖓"- ¡SCP 096 Human!
FanfictionLas cartas se amontonan a su alrededor, a pesar de que no podía detectarlas con su poca visión, seguirán llegando. Quería vomitar, sus ojos se cansaron de tanto llorar, tendría que hacer algo para detener esto. \\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\...