10:05
Ya sé que dije que te escribiría después de venir con las bicis, pero tengo demasiadas cosas en la cabeza que necesito expresar. Hoy vuelve a ser un día de los malos, cómo sabía que no debía ilusionarme demasiado.
Anoche quedamos, sí. Te pregunté si te apetecía la peli y me dijiste "vale". Pero fue todo como siempre: tú distante y yo sin saber cómo llegar a ti. Te quedaste o¡dormido un par de veces y lo único que pensaba era que molestaba, realmente creo que no deberíamos habernos visto.
Además no sé si estabas esperando que esta vez fuera yo la que te buscara a ti, pero no hiciste el amago de acercarte a mí... y como he dicho, estás tan distante que no encuentro el camino que nos una.
La puerta del portal estaba rota y yo estaba remoloneando en el sofá, quizás esperando que me dieras un beso o una caricia, cuando me preguntaste "¿te acompaño abajo o cómo lo haces?". Ahí no pude callarme e intenté decirlo de la mejor manera posible: "qué manera más sutil de echarme; ya me voy". Creo que notaste el dolor en mi voz porque me contestaste: "no, joder, pero como te estás preparando..." Pero ni me había movido del sofá y así te lo dije. Quiero pensar que estabas demasiado cansado y nada más.
EN la puerta no pude contenerme, te di un besito y no me lo rechazaste, aunque tampoco noté que estuvieras presente, era más como por compromiso que otra cosa; igual que aceptar vernos esa noche. Por eso no me gusta preguntarte por los planes, porque parece que cuando aceptas lo haces por compromiso.
Como era de esperar, no pude abrir la puerta del portal y me dijiste que subiera, ya habías bromeado con que me quedara a dormir; pero a la vez diste al telefonillo por si podía abrir, que no pude. En dos minutos te habías vestido y me abrías con la llave; ni siquiera me miraste mientras tanto ni cuando te alejabas.
Y volviste a reavivar todos mis miedos, todas mis dudas. Puede que solo fuera cansancio, pero no puedo evitar pensar que hay algo más.
Hace un rato, limpiando unas cosas de la estantería vi que tenías unas tarjetas en una cestita. Y no he podido evitar mirar. Lo siento mucho, pero si lo dejaste aquí supuse que daría igual. Junto a las tarjetas tenías dos papeles doblados, escritos por ti. Habías apuntado consejos para recuperarme, las razones para recuperarme y qué hacer y no hacer. Supongo que cuando volvimos en marzo lo dejaste ahí porque ya no lo necesitabas, ya me habías recuperado.
Y pienso qué diferentes son las cosas ahora. Cuando luchamos la otra vez por volver querías verme siempre, me acercabas a la renfe si salíamos a la misma hora e ibas a buscarme al tren cuando podías; incluso una vez fuiste a buscarme al trabajo. Cuando volvimos compraste alianzas a juego, alianza que te devolví el día que me dejaste y que descubrí hace poco en uno de los que eran tus cajones. Ahora parece que no necesitas verme, que no me extrañas, que no quieres volver, y se me parte el alma en dos. Sé que tenemos mucho a las espaldas y, como me dijiste la otra noche cuando hablamos, estamos bien y todo es genial, pero cuando hay un malentendido quieres huir sin mirar atrás. Pero ayer por ejemplo pasamos bien el día, estuvimos juntos por la mañana, cruzamos algunos mensajes por la tarde y no sé qué hizo que te alejaras, o cuándo te alejaste. Quizás me escribiste creyendo que es lo que tenías que hacer por lo que habíamos hablado, pero no querías o no tenías ganas de hacerlo... yo qué sé.
Lo he dicho mil veces... y lo seguiré diciendo hasta el final: ojalá pudiera retroceder el tiempo, a hace justo un año y cambiar todo lo que nos pasó.
Hemos quedado en un ratito y tengo miedo, no sé cómo vas a estar, no sé con qué me voy a encontrar.
YOU ARE READING
Perdidos
Non-FictionEsto no es una historia al uso, simplemente es una especie de diario donde poder contar la vorágine de mi historia de amor, o más bien desamor o de como quiera que termine... Desconozco si escribiré mucho o poco, pero he descubierto que escribiendo...
