Capítulo 8

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Te debe de doler, es el precio por la mortalidad

Jeongguk se movía bruscamente sobre la camilla de piedra, amarrado por las manos y piernas, con un pedazo de tela metido en su boca. Estaba transformado, sus ojos negros y las venas negras hinchándose

–No puedo creer que pierdas lo que eres, por un simple humano

Había otros 4 brujos, todos miraban al más joven de ellos fijamente, lo veían retorcerse y gritar de dolor

–Déjenlo, si él lo ama, está en su derecho– Hablo una voz femenina y jóven

–¿No quedaría loco, sauce?

–Si es tanto su amor por el humano, logrará pasar esto

–¡Vamos Jeongguk! Se está haciendo tarde– Volvió a hablar la voz femenina

Todos miraron como el cuerpo se quedó flácido sobre la piedra, esperaron pacientes mirando al pelinegro. Había cerrado los ojos, su piel había vuelto a su color normal, sin vista de las venas negras. La chica se acercó asustada el pelinegro

–¡No está respirando! 

–Mierda

–No podemos hacer nada, sino soporto, no es por nosotros

–¡Tienen que hacer algo!

–¡Que no podemos, princesita!

–¡JEONGGUK!

–¡Cirus!– La chica abrió los ojos y se sentó mirando a su alrededor agitado, el pelinegro la veía desde arriba doblando lo que parecía una manta– ¿Soñaste otra vez con eso?

–Si

–Por eso te dije que no entrarás con nosotros, la mente humana no soporta tanto

–Vete a la mierda– La princesa se incorporó ofendida y empezó a doblar su manta

Ambos habían dormido en el bosque, con una fogata para calentarlos. Estaban a tres horas de la ciudadela del imperio Park, cada vez que avanzaban Cirus veía la felicidad en los rasgos del ex brujo. Terminaron de doblar todo y lo almacenaron en las bolsas que llevaba el caballo, ambos emprendieron camino de nuevo, era muy temprano por lo tanto llegarían allá al medio día, sino antes, por la urgencia del pelinegro

–¿Crees que se acuerde de ti?

–Obviamente

–Pero está casado..

Jeongguk la miro frunciendo el ceño– Lo sé, pero eso no quiere decir que me haya olvidado, le prometí que volvería y eso haré 

–Que cursi

–Cállate niña, a ti ningún hombre se te acerca

–¡Porque me ven contigo!

–Por malencarada, mentirosa– La princesa le saco la lengua, Jeongguk río con burla

Cirus no le volvió a dirigir la palabra en todo el camino, lo veía de reojo pero luego volvía su mirada al camino, no quería que le contagiará su felicidad

Cirus no le volvió a dirigir la palabra en todo el camino, lo veía de reojo pero luego volvía su mirada al camino, no quería que le contagiará su felicidad

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