• D O C E •

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—¡Estoy listo! —exclamó —Puedes soltar la bomba —alardeo el muchacho desde su balcón.

La castaña movió la cabeza.

—No, apuesto a que no lo estás —mordió la rebanada de pizza cubierta en parmesano.

—¡Lo estoy, chica de los lamentos! —afirmó el pelirrojo con humor.

Al instante, Julie sintió un ardor colarse en el pecho.

Su corazón se aceleró.

Tranquilo, por favor —suplicó entre suspiros sosteniendo su pecho.

—Hace tardes que sueles llamarme así —hablo con nostalgia marcada en la voz.

Del otro lado, Benjamín sonrió.

—Lo se, solo que lo guardo para momentos especiales —confesó.

Ambos mordieron el interior de sus mejillas.

—Igual yo —susurró tan bajito que él no pudo escucharla, o al menos eso pensó ella.

—¡¿Dijiste algo?! —pregunto él, mientras recargaba su cuerpo en el balcón de su departamento, buscando saber más de la intrigante vecina, con la que tanto le gustaba hablar.

—¡No! —respondió de inmediato.

A pesar de sus intentos por no sonar desesperada, lo hizo y Ben lo notó.

—Quiero decir no, no dije nada —añadió Julie entre titubeos.

El rostro del pelirrojo adquirió una perfecta sonrisa.

—Supongamos que te creo —ella suspiro y él aplano los labios.

Con gran apetito, ambos cortaron una porción con entusiasmo. Otra tarde que almorzaban juntos, él en su balcón y ella en el suyo. 

—Ah, sí que —hizo una pausa proporcionando un bocado a la porción —¿comer pizzas en el balcón es una ocasión especial para ti? —preguntó curiosa recordando lo que había dicho antes.

—Digamos que sí —respondío el muchacho —¿Para ti no lo es? —indagó.

—Lo es —estubo de acuerdo bebiendo su limonada.

Cada minuto que hablo contigo lo es —pensó Julie.

—Apuesto a que sería más importante, si ambos almorzamos juntos —su comentario produjo que la castaña se ahogara.

Eso no se había imaginado venir, aún así con sorpresa y torpeza extrema reaccionó.

—¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! —limpió los labios con la servilleta.

—Ya sabes—comenzó Benjamín.

—Pero sí ahora estamos compartiendo —articuló la castaña.

Benjamín, sonrió ante lo ingenua que parecía su vecina, con tal comentario.

—No de esa manera —negó.

—¿Cómo entonces? —dejó de lado la porción para no ahogarse a continuación.

Ella sabía lo que venía y él sabía lo que quería.

—Teniendo una salida —propusó el pelirrojo —pienso, que también tienes ganas de conocerme, tal como yo a ti —dijo con total sinceridad.

En realidad lo que a Benjamín lo calificaba como persona, era la absoluta sinceridad.

No obstante, Julie, era totalmente indecisa. Parecía un pajarito queriendo aprender a volar.

Una sonrisa boba se formó en los labios de la castaña.

—¿No me buscaste en facebook? —preguntó asombrada y con burla.

Su pregunta no era dirigida en mal sentido, sino a lo contrario. Al saber su nombre y apellido, además que estudiaba artes, sería fácil poder encontrarla.

—Para que hacerlo si puedo verte cara a cara —habló Benjamín convencido y con seriedad. —¿Qué dices nos conocemos? —volvió a preguntar.

Sus ojos pasearon por todo el balcón y luego respondió.

—Claro.

—Entonces tenemos una cita, Julie Johnson.

Tardes de Otoño © |Completa| Donde viven las historias. Descúbrelo ahora