LA CHICA QUE ACUCHILLÓ A SU COMPAÑERO

33 4 48
                                    


CAPÍTULO ONCE


Después del beso en la comisura del labio que le había dado a Quinn, parece que se han calmado las cosas. Oí a Lila echarle la bronca a su novio cuando salíamos del local. Pobrecito, pero se lo merece por capullo.

¿Por qué seguía Quinn con Lila Brown? Con lo mal que le trataba... No fue a su fiesta, además, por lo que me ha dicho él, siempre está con su mejor amiga, le regaña por todo y a la vista está que es una celosa.

Yo soy mejor.

Hoy me encuentro en mi casa. Pero en la mía.

¡Sí, en la mía! Acabo de comenzar la mudanza y por lo que me han contado los vecinos, dentro de poco también tendré un vecino nuevo. La puerta de enfrente a la mía se encuentra vacía. Me han dicho que llegará hoy.

Tengo todas las cajas por el pasillo dispersas. La primera misión había sido subir todo a quince pisos de alturas. No imagináis cuantos viajes en ascensor he tenido que hacer. En una de estas me he planteados subir con la vajilla por las escaleras. Luego mi parte racional he pensado:

Misha, son quince puñeteros pisos.

Los de la mudanza me habían ayudado con los muebles —la cama, el sofá, la cómoda...— pero el resto me tocaba a mí.

Tras más de tres tediosas horas con las cajas, me dispuse a comenzar a colocar mis cosas en mi nuevo hogar. Pero oí el ascensor.

Pensé que sería uno de mis vecinos y quise presentarme, ya que había a algunos que no conocía.

Primer error.

Porque cuando se abrieron las puerta, dejaron ver a quien menos quería ver.

Tyler Quinn venía con una caja.

Supongo que ahora sé quién está enfrente mía.

Cuando Quinn me ve, su cara se descoloca completamente y parece que acaba de ver un extraterrestre con purpurina en la cara y montado en un caballito de mar gigante.

—No me jodas —suspiro y cierro la puerta detrás de mí, sin dejarle tiempo si quiera a reaccionar.

¿Por qué tengo tan mala suerte? Enserio, ¿qué le he hecho a este mundo para que me odie?

Comienzo a colocar las cajas en mi nueva casa, y tras un rato, ya comienza a tener un poco de color. Hoy he colocado la vajilla, y las cosas que me eran imprescindibles para sobrevivir, o al menos intentarlo.

Tras cenar pizza —porque no estoy muy por la labor de ponerme a cocinar—, estoy a punto de irme a dormir, cuando alguien llama a la puerta. No me hace falta mirar por la mirilla para saber quién es, por lo que tampoco me molesto en cambiarme de ropa.

—¿Qué? —pregunto bordemente cuando abro la puerta.

Quinn me mira de arriba abajo, observando mi pijama de flores.

—¿Te gusta mi pijama o qué?

—¿Qué? No, no me gusta...

—¿No te gusta mi pijama? —me apoyo contra el marco de la puerta y me cruzo de brazos—. No le digas eso, que se va a ofender.

—Mira, Misha, tenemos que hablar... —le interrumpo.

—No hay absolutamente nada de lo que hablar. Somos compañeros de trabajo y nos tenemos que limitar a hablar en ese ambiente.

—Misha...

—Espera aquí —le digo y le cierro las puertas en sus narices. Conozco lo suficiente a Quinn como para saber que no se va a marchar hasta que hablemos, así que, si no se va él, me voy yo.

Cántame y dime que me odiasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora