«¿Qué hay más dulce que el sabor de la venganza?»
En un mundo sumido en el caos, y tras dos años de estar encerrada en la prisión de Délmor, Roxana Xanders es convocada a una audiencia con la reina.
Roxana no accede a hablar con ella para conseguir...
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I
Roxana mantenía su daga favorita presionada firmemente contra el cuello de Dwayne, justo por debajo de su barbilla. La hoja no llegaba a cortar su piel, pero estaba lo suficientemente cerca como para que el vampiro temiese por su vida.
— ¿Vas a matarme? — preguntó él con dificultad, intentando hablar a pesar del nudo de su garganta — ¿Así, sin más?
Roxana le sonrió con arrogancia y le hundió un poco más el filo de la daga en la piel, preguntándose cómo alargar el momento.
— Por favor — suplicó Dwayne con voz ronca, respirando entrecortadamente —. No sé qué crees que he hecho, pero estoy seguro de que me estás confundiendo con otra persona. No te conozco.
Roxana estaba llena de adrenalina; había pasado mucho tiempo desde la última vez que había hecho algo como aquello, pero a pesar de que sus deseos asesinos, ninguno de ellos iba dirigido al vampiro.
— No estoy aquí para matarte, Dwayne — Roxana notó como la tensión cedía en el cuerpo del chico, y una vez se hubo puesto de pie, despegó el arma de su garganta y la guardó en su bota —. He esperado demasiado tiempo para este momento como para matarte ahora, pero necesitaba conseguir tu completa atención y sabía que una manera convencional no habría sido suficiente para que me tomases en serio.
Dwayne frunció el ceño, confundido. No entendía lo que estaba pasando. ¿Quién era esa misteriosa chica y qué quería de él?
— ¿Quién eres? — preguntó el vampiro, dándole voz a sus pensamientos y tomando un paso hacia ella con evidente cautela.
La chica le dio la espalda y comenzó a caminar por la celda.
— Alguien que te puede ayudar — le respondió ella, sin darle ningún detalle concreto de sus intenciones.
Dwayne bufó, incrédulo.
— No necesito ayuda de ninguna humana con complejo de superioridad, gracias — El vampiro le sonrió, mostrando sus afilados colmillos por primera vez desde que Roxana se había colado en su celda.
Ella siguió andando, atenta a cualquier movimiento a su espalda.
— Ahí es donde te equivocas, Dwayne Hovland. Hay muchas cosas que puedo hacer por ti — le aseguró Roxana y se volteó hacia él para poder mirarlo a los ojos —. Aunque no sin algo a cambio, claro — Se alejó del vampiro con un movimiento ágil y se sentó en la cama polvorienta de Dwayne en la esquina de su celda, acomodándose con la espalda recta en ella y cruzando una pierna encima de la otra como si se tratara de un trono digno de una reina —. Estoy aquí para ofrecerte un trato. Mi ayuda a cambio de información.
Dwayne entrecerró los ojos.
— ¿Por qué debería confiar en ti? Ni siquiera me has dado tu nombre — El vampiro se desvaneció en una nube de humo negro y apareció de nuevo justo en frente de ella, a unos pocos centímetros de su cuerpo, tan cerca como para besarla —. Además, podría hacer lo que quisiera contigo ahora mismo; antes me has tomado por sorpresa, pero eso no volverá a pasar, querida.