Pequeñas caricias

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Aclaraciones antes de leer!!

▪︎ Intenabo: Gustabo García y Jack Conway
▪︎ No comparten lazos sanguíneos
▪︎ Lo demás se entiende leyendo

Enjoy <3

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El día estaba nublado, se escuchaban los truenos a lo lejos pero aún no caía la lluvia. El rubio estaba apoyado en la barandilla del balcón, fumando. Desde que se mudó con Conway, había encontrado un poco de paz en ese lugar que le daba bonitas vistas de la ciudad. El pelinegro solía llegar más tarde que el y no sabía en qué momento tomó la costumbre de esperarle para cenar. Salía a la misma hora todas las tardes al balcón y tenía contados los cigarrillos que le tomaban al superintendente llegar.

Otro trueno lo sacó de sus pensamientos. Dirigió su mirada al cielo, una sonrisa asomandose en sus labios mientras apagaba el cigarro. Le gustaba este clima, especialmente para meterse en el sofá con una manta y ver una película. Las primeras gotas comenzaban a caer cuando escuchó la puerta abrirse.

Respiró profundo cerrando los ojos sintiendo el aire frío llenar sus pulmones y las gotas de lluvia empezar a intensificarse. Uno. Dos. Tres.

- Anormal, entra o te dejo fuera en la lluvia.

Ahí estaba. "Tan cariñoso como siempre," pensó. Dandole con su presencia un sentimiento extraño pero acogedor. Soltó una risita haciendole caso al mayor, cerrando la puerta tras de si.

- ¿Que tal el día, Conway?

- Una mierda.

Volvió a reirse. Logrando que el pelinegro levantara una ceja confuso.

- ¿Y a tí que coño te pasa?

El rubio nego levemente con la cabeza aún sonriendo.

- Nada, solo pensaba... - sacudió su cabeza, salpicando las gotitas que habían quedado en su cabello al de corbata que levantó su mano para cubrirse, frunciendo el seño. - No importa cuantas veces le pregunte que tal fue su día, su respuesta siempre es la misma.

El pelinegro se quedó en silencio observando al rubio, aún a travez de sus gafas de sol que parecía que nunca se quitaba. Su cabello ahora desordenado, sus ojos con ese brillo travieso y esa sonrisa sincera que el menor mostraba pocas veces, siendo el uno de los únicos con el privilegio de verla.

- Bueno, supongo que no ha cenado. - parpadeó ante la voz de Gustabo que lo trajo de vuelta - ¿Que le parece si pedimos algo pa' comer y vemos una peli? No sea amargao' va, dígame que si.

Lo siguió con la mirada hasta la sala, donde el menor tomó su telefono y volvió su vista hacia él, esperando su respuesta.

Pasaron unos segundos en silencio pero el suspiro del mayor era toda la confirmación que Gustabo necesitaba. Celebró y se alejó unos pasos para hacer la llamada.

El mayor intento ocultar una sonrisa ante la actitud infantil del otro. Terminó negando con la cabeza esperando que el rubio no se diera cuenta y se acercó al sofá para sentarse. No era mucho de ver televisión, básicamente la tenía de adorno hasta que cierta persona llegó. Gustabo se pasaba viendo series y películas siempre que tenía un momento libre. De vez en cuando se sentaba a su lado, observando la pantalla y preguntandose por qué le emocionaba tanto ver ese tipo de cosas pero sinceramente, seguía sin entenderlo.

- Ya he pedido, espero le guste la comida china y si no me lo como todo yo - regresó el rubio con esa bonita sonrisa de nuevo en sus labios y una manta, que supuso fue a traer mientras hablaba por teléfono, y se sentó a su lado. - Venga, le dejo elegir hoy.

Soltó un bufido pero tomó de igual manera el control remoto de la mano del menor y comenzó a buscar algo interesante para ver. Luego de unos minutos pasando películas y Gustabo diciendole en tres ocasiones que lo que iba a elegir era una mierda, acabaron viendo una de detectives en los años ochenta.

La comida llegó un rato después, fue Conway quién se levanto por ella porque el rubio se había enrollado en la manta y se rehusaba a salir de ahí, alegando que perdería su comodidad.

Comieron mientras comentaban la película. En un ambiente tranquilo, acogedor, casi podría decirse doméstico pero claro, ninguno de los dos se atrevería a pensar en ello. Ninguno se había dado cuenta cuando se habían acercado al otro tampoco. Ninguno iba a aceptar que esa cercanía no les molestaba en lo absoluto, al contrario, les hacía sentir acompañados... queridos.

Tomando en cuenta que para cuando llegó el pelinegro ya era de noche, ahora eran probablemente pasadas las doce. Conway volteo un poco la cabeza para ver al rubio que seguía echo bolita con la manta, parecía estar luchando consigo mismo para quedarse despierto. Le pareció tierno ver como parpadeaba repetidamente para no caer en los brazos de morféo. Regresó su vista hacia la pantalla, esta vez sin retener la sonrisa que se asomó en su rostro.

La sonrisa desapareció de golpe al darse cuenta de sus pensamientos, ¿desde cuándo el rubio le parecía tierno? Ahora que lo pensaba, ¿desde hace cuanto comenzó a observarle y a perderse en el azul profundo de sus ojos que se hacía más claro de un momento a otro?

...

¿Cuándo se dio cuenta que sus ojos cambiaban de tonalidad dependiendo de su humor...?

Sacudió la cabeza, cerrando sus ojos intentado despejar su mente. ¿Desde hace cuanto pasaba tanto tiempo pensando en Gustabo?

Sintió un peso en su hombro. Abrió los ojos encontrandose al rubio completamente dormido, aún enrollado con la manta. Se quedó estático por varios minutos contemplando que hacer, como si fuera lo más complicado del mundo.

¿Complicado por qué? No tenía idea. Probablemente se durmió sentado y cayó hacía el. Nada más.

Estiró su mano hacía el control y decidió apagar la televisión. Dirigió su mirada de nuevo hacía la cabellera rubia del chico que dormía profundamente.

Se tomó el tiempo de repasar sus facciones relajadas, sus pestañas largas, el característico piercing en la ceja, sus labios entreabiertos que parecían tener un imán que lo atraía...

Se regañó mentalmente y culpó al cansancio, alejándose un poco. Decidió llevar al rubio cuál princesa hacía la habitación que le había dejado cuando se mudó. Lo acostó y acomodó mejor la manta en la cual seguía envuelto.

Se quedó observándolo de nuevo. ¿Quién diría que ese chico juguetón al que había llegado a llamar psicópata podría ser tan lindo y pacífico mientras dormía? Suspiró acariciando levemente su cabello antes de retirarse de la habitación murmurando un "Descansa muñeca."

El rubio sonrió cuando la puerta fue cerrada con cuidado. Estaba despierto desde que Conway lo levantó del sofá y había sido testigo de las pequeñas caricias del otro.

Vaya... ¿quién diría que el superintendente de Los Santos, un hombre agresivo y temido por muchos pudiera ser tan gentil?

Aún con la sonrisa en el rostro se acomodo mejor en la cama y cayendo dormido nuevamente murmuro de vuelta aunque el otro no pudiera escucharle.

"Descanse viejo."

Little WritingsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora