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Fueron a la casa de Louis a dormir. No pretendieron escabullirse, directamente subieron y se lavaron los dientes antes de quedar en ropa interior y acostarse juntos. Harry ganó el piedra, papel o tijera y fue la cuchara chica, y así durmieron en paz, con unos suaves ronquidos arrullándolos por la noche.

El despertador hizo que Harry se queje mucho y Louis ría medio dormido al escucharlo, sin poder resistirse a subirse sobre él y besarlo despacio, disfrutando del despertar precioso que el destino, o lo que sea, le regaló.

-¿Ves?- Louis susurró al separarse solo un poco.- Así quiero despertar hasta que me muera.

-Tu romanticismo roza lo dramático, mi amor.- Se burló acurrucándose en su cuello.- Estoy cansado, no tengo edad para desvelarme.

-Tienes 17 años.- Rio, cansado también.- Somos el vivo ejemplo de que el cansancio es un estado mental.

-Mi cuerpo agotado no dice lo mismo.- Refutó quejándose.- ¿Podemos saltarnos las clases otra vez?

-Por supuesto que no, jovencito.- Harry rio.- Me esfuerzo para poder enviarte a un buen colegio mientras que tú...-

-Louis.- El golpe en su puerta lo interrumpió, y Jay abrió con vacilación.- Hay una chica abajo que quiere hablar contigo, ¿Melissa?

-Justo a tiempo.- Murmuró solo para Harry.- Gracias, mamá. Bajaré en un minuto.

-Bien.- Se movió nerviosa.- ¿Podemos hablar después?

-Por supuesto.- Ni siquiera dudó.- Ya bajamos.

-Bien.- Suspiró y amagó a irse, pero se giró en el último segundo.- Te amo, pequeñito.

-Y yo a ti.- Le sonrió con demasiado afecto, importándole poco que el Louis de 18 años ya se quejaba de ese apodo. Era su madre y la había extrañado, siempre sería su pequeñito sin importar la edad.

Jay se fue, dejándolos en paz para que se levanten de mala gana. Harry estaba un poco ansioso porque no tenía idea de qué iba a pasar, pero estaba decido a quedarse al lado de Louis sin importar qué.

Melissa estaba genuinamente nerviosa en la sala, y los miró con terror cuando bajaron juntos por las escaleras. Louis se mentalizó para actuar sorprendido, sabiendo bien cómo iba a comenzar el asunto.

-Estoy embarazada y es tuyo.- Soltó a bocajarro, y en la cocina se escuchó una taza romperse.

-Buenos días a ti también.- Parpadeó duro.- ¿Qué?

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