Capitulo 5

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La cafetería no está tan llena de soldados. Sinceramente, ya lo imaginaba: son las tres de la tarde y pocos almuerzan a esta hora. Tengo un leve nudo en el estómago. No sé cómo será la nueva Fuerza Operativa con la que trabajaré ni si lograré llevarme bien con mis nuevos compañeros. Estos pensamientos comienzan a consumir mi mente... mejor pienso en otra cosa. Me pregunto cuál será el menú de hoy.

Al entrar, camino directo hacia la línea de comida. No tengo demasiada hambre, solo un poco, así que busco algo ligero. Veo hamburguesas: no es precisamente una comida liviana, pero es una de mis favoritas. Tomo una y la coloco en mi bandeja. También agarro una botella de agua y me dirijo a una de las bancas vacías.

Mientras mastico el primer bocado, dejo que mi mirada se pierda por la cafetería. Aunque no hice amigos aquí, voy a extrañar este lugar... los rostros familiares, los pasillos silenciosos, las rutinas que se volvieron parte de mí. Termino la hamburguesa y doy un largo trago de agua. Luego, dejo la bandeja en su lugar correspondiente y salgo de la cafetería.

Miro mi reloj: 3:30 p. m. La Agente Laswell dijo que saldríamos a las siete de la noche. Aún tengo tiempo. Pienso en dormir un poco, pero antes decido visitar uno de mis lugares favoritos: la Sala de Armas. Es mi último día en esta base, después de todo.

Entro a la Sala de Armas y me acerco a la sección donde están alineadas todas las armas. Observarlas siempre me da una sensación extraña de calma y poder. No sé si en la nueva base habrá tanta variedad; algunas tienen un arsenal completo, otras solo lo esencial.

Mis ojos se detienen en mi favorita: un MCPR-300. Tomo el rifle con cuidado, coloco el cargador y escucho el satisfactorio "click". Me posiciono frente a la silueta de tiro, alineo la mira, respiro hondo... y aprieto el gatillo.

BANG.
El sonido retumba en la sala. Compruebo el tiro y, como esperaba, le di justo en el blanco. Practico durante media hora más, disfrutando cada disparo como si fuese una despedida silenciosa.

Cuando termino, salgo de la Sala de Armas y me dirijo a mi habitación. No me siento agotada, pero a veces descansar es necesario, aunque el cuerpo no lo pida. Al entrar, cierro la puerta y me recuesto en la cama. Miro la hora: 4:10 p. m. Ajusto la alarma para las 6:00 y la dejo sobre la mesita de noche. Trato de no pensar en el traslado, en por qué Laswell quiere que vaya con Shepherd, en si podré estar a la altura... Poco a poco, el sueño me vence.

Una hora y cincuenta minutos después...

El sonido estridente de la alarma me despierta. Medio dormida, extiendo la mano y la apago. Me siento en la cama, me froto la cara y miro el reloj: las seis. Me levanto arrastrando los pies hasta el baño y me lavo la cara con agua fría para despejarme.

Reviso la habitación: ya todo está empacado. Lo único que queda es la cama y la mesita de noche. Abro mi bolso, saco una chaqueta de cuero negra y una camiseta gris. La ropa que llevo es más de entrenamiento, así que prefiero cambiarme. Frente al espejo, me acomodo la chaqueta; no es una ceremonia oficial, solo un traslado, así que algo sencillo basta.

Doblo la camiseta sucia, la guardo en el bolso y vuelvo a mirar el reloj: 6:30 p. m. El tiempo pasó volando. Doy un último vistazo a la habitación vacía —mi refugio durante años—, tomo mi bolso y salgo en dirección a la oficina del General Shepherd.

Llego y toco dos veces. Por un momento no hay respuesta, pero luego la puerta se abre y aparece él.

—¿Ya lista, Snake? —pregunta.
—Estoy lista —respondo firme.
—Excelente, sígueme.

Lo sigo hasta la salida de la base. Afuera hay varias camionetas estacionadas. Shepherd se detiene frente a la del centro y un soldado abre la puerta. Me quedo inmóvil por un segundo —dudo si debo entrar antes o después de mi superior—, pero Shepherd me hace una seña. El mismo soldado toma mi bolso y lo guarda, mientras nosotros subimos al vehículo.

La camioneta arranca. El viaje es tranquilo. Llevamos casi dos horas de camino. Las luces de la ciudad brillan en la noche y me relajan. Rara vez salía de la base, solo en misiones. Hoy, al menos, puedo disfrutar de la vista.

El silencio entre el General y yo es evidente, aunque no incómodo. Aun así, estoy nerviosa: mis manos comienzan a sudar, y las limpio discretamente en mi pantalón. Shepherd se da cuenta.

—¿Nerviosa, Snake? —pregunta con una ligera sonrisa.
—Debo admitir que sí, mi General —respondo sin rodeos.
—No te preocupes. Te irá bien con la nueva Fuerza Operativa. Y si necesitas algo, no dudes en decírmelo.
—Gracias, General.

La camioneta finalmente se detiene. Un soldado abre la puerta y Shepherd baja primero; yo lo sigo. Al levantar la vista, me encuentro con la nueva base. Es... impresionante. Grande, moderna y perfectamente iluminada. Un soldado me entrega mi bolso y lo tomo con firmeza. Shepherd me hace una seña para que lo siga.

Por dentro, la base es aún más grande de lo que parece desde afuera. Soldados saludan al General mientras caminamos. Después de unos diez minutos, llegamos a una oficina con su nombre en la puerta. Entramos. Él se sienta tras su escritorio y me indica que tome asiento.

La puerta vuelve a abrirse. Entra la Agente Laswell acompañada de un hombre robusto, de barba bien cuidada y mirada firme: el Capitán Price.

—Veo que ya estamos todos —dice Shepherd—. Un gusto verte, Capitán Price.
—El gusto es mío, General. Según me informaron, hay un nuevo soldado que trabajará conmigo. ¿Es cierto? —pregunta Price.
—Es cierto, Price —responde Laswell con tono seguro—. Pero no es un soldado cualquiera. Snake está calificada como una de las mejores francotiradoras.
—¿Entonces... es mujer? —dice Price, con un matiz de sorpresa en la voz.

Task Force 1-4-1 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora