Marcos entro a su habitación de mucho mejor humor del que había salido, ya estaba dentro cuando noto que aun tenia la bolsa de basura en su mano izquierda, negó por su propia idiotez y lanzo la bolsa de vuelta a la papelera sin prestarle más atención; en cambio, busco con interés el celular olvidado en la cama y se apresuro a registrar el numero de su vecino... solo entonces noto un detalle vergonzoso. Antes del día de hoy solo habían cruzado palabra un par de veces para darse un saludo cordial, así que no se acordaba de su nombre.
¡Qué vergüenza!
Además no podía preguntarle personalmente, seria súper incomodo teniendo en cuenta que solo hace unos minutos le mostro el contacto con su nombre. De un salto se paró de la cama y bajo corriendo las escaleras, se apresuro a la cocina donde su madre estaba haciendo la cena.
—Mamá, ¿cómo se llama el vecino?— preguntó directamente y su madre le dedico una corta mirada antes de volver su atención al puré de papa que condimentaba en esos momentos.
—bienvenido cariño, ¿cómo estuvo tu día? ¿El mío? Algo ocupado, tuve que ir a comprar la despensa pero en estas fechas todos los supermercados están llenísimos. Y ni que se diga el autoservicio, estaba pasando mis compras por el lector de código de barra y uno de los empleados de la tienda estaba parado a un lado, vigilando lo que cada cliente compraba. Vas a decir, tienen que cuidar las ventas, no es nada personal. Si claro yo sé que no es nada personal pero ¿no podrían ser un poco menos invasivos? Sentía que lo tenía encima y en todo caso, ¿para qué ponen la caja de autoservicio si va a estar un empleado destinado a ese sitio? No lo pongan y ya, que cosa más incomoda—. Suspiro—. Pero todo bien, gracias por preguntar.
—mamá...— renegó al notar que su madre se había puesto en modo drama.
— ¿qué? ¿Ahora hasta eso te molesta? Claro no fuera uno de tus novios porque allá corres detrás de él.
— ¡mamá!
—bueno ya pues me callo, hasta eso se tiene que callar uno—. Gruño.
—mamá...— Marcos cedió y guardo su celular en su bolsillo y camino hasta su mamá y la abrazo. Cariñoso, beso la cima de su cabeza y la apretó con cariño—. ¿Quién es mi mama favorita?
— ¿Pues cuantas tienes?— rodo los ojos.
— ¿quién te quiere? ¡Yo te quiero!— hablo con tono infantil para contentarla y después de un rato alagándola, funciono.
—Ya, ya, pues, ya, ¿qué quieres?— lo detuvo "exasperada" y con una sonrisa.
— ¿Cómo se llama el vecino?— retomo el tema que le interesaba, aunque sin dejar de abrazar a su madre.
— ¿cuál? ¿Rodrigo?— contesto cuando lo primero que le vino a la mente fue el padre de familia de la casa de al lado.
— ¿Rodrigo? ¿Se llama igual que su papá?
— ¿cuál papá?
—el de Rodrigo.
— ¿vino el papa de Rodrigo de visita?
— ¿cuál visita? ¿No vive ahí?
— ¿Ahí vive?
—no sé, supongo, ahí lo veo casi todos los días.
— ¿en serio? ¡Jamás lo he visto!
—claro que lo has visto ¿cómo no lo vas a ver? ¿O de que Rodrigo estás hablando?
—Rodrigo, el vecino de la izquierda—. Se exaspero su madre confundida.
— ¡ese! ¿Se llama igual que su papa?
