XIX

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Sana y Dahyun miraban a distancia la guerra de miradas que Tzuyu y Momo parecían mantener, sentadas con sus bandejas de desayuno en el comedor, sin decir palabra alguna, simplemente mirándose mientras sus bocas se atiborraban de comida. Era incluso divertido verlas ahí, sin nadie queriendo sentarse con ellas por miedo a que en algún momento estallaran, pues cualquiera que estuviera a su alrededor saldría seguramente lastimado. Sana estuvo seducida a decirle a Dahyun que se sentara con ellas; quizá para molestar un poquito.

—¿Qué mierda les habrá picado a esas dos? —preguntó Yeojin dándole un sorbo a su té.

—No tengo idea. — Respondió Sana

—Bah, ya estoy acostumbrada a estas mariconas y sus ataques hormonales.

Dahyun rodó los ojos y se levantó, contorneando sus caderas hasta la mesa en donde estaba la Emperadora y su mejor amiga o enemiga mortal; Sana ya no lo sabía con certeza.

—¿Qué crees que hará?

—Es Dahyun —solo eso respondió Sana, no se necesitaban más explicaciones.

Sana vió como Dahyun susurraba algo en el oído de Momo y ésta se levantaba de golpe, siendo seguida por Tzuyu. Momo murmuró algo cerca de Tzuyu y esta gruñó antes de tocarle el hombro; asintiendo con la cabeza. Dahyun entonces se despidió batiendo su mano, viéndolas salir del comedor como 2 toros embravecidos y al volver a la mesa, Sana estaba pestañeando con lentitud, completamente incrédula de lo ocurrido.

—Bien, ya está —comentó Dahyun con despreocupación.

—¿Qué demonios les dijiste? —preguntó Sana.

—Que hoy mientras Momo estaba en las regaderas, una bastarda intentó acorralarme cuando fuí a pedir ropa limpia. —la rubia se encogió de hombros y le dió una mordida a su rebanada de pan—. Y que me tocó en lugares privados.

Sana casi se ahogó e inmediatamente buscó algún signo de daño en su rubia amiga, sin encontrarlo a simple vista.

—Dios, Dubu ¿eso de verdad pasó?

—No, por supuesto que no, idiota, pero pasará todo un día antes de que Tzuyu y Momo se den cuenta y para ese momento, ya habrán hecho las paces.

—Oh.

—Sí, soy una perra muy inteligente, lo sé.

Dahyun aplaudió dos veces para sí misma con denotada arrogancia y volvió a su desayuno, manteniendo una conversación ridícula sobre cuán poco atractivas eran las nuevas reclusas.

Sana exhaló el aire de sus pulmones y estrechó los labios en una sonrisita tímida, a veces parecía que la verdadera Emperadora no era otra que la loca rubia que movía a todas a su antojo.

—Bien, entonces... si encabezamos la lista, definitivamente la más guapa es Tzuyu —dijo Nayeon contando con sus dedos—. Luego viene Momo, Yerim y Jihyo.

—Están locas —protestó Dahyun—. Tzuyu está buena, pero Momo es mucho más sexy.

—Dicen que Tzuyu puede hacerlo por horas y no cansarse ¿es verdad, Sana?

—Joder ¿por qué debería responderles eso? —Las mejillas de Sana estaban calientes y teñidas de rojo.

Las bromas y dudas respecto a la capacidad de Tzuyu en la cama era algo a lo que nunca podría acostumbrarse.

—¿No contaremos a las muertas? Sojung era muy guapa.

—Y una asesina de menores, no cuenta —dijo Nayeon con una mueca de asco.

𝕻𝖗𝖎𝖘𝖎𝖔𝖓𝖊𝖗𝖆 - 𝕾𝖆𝖙𝖟𝖚Donde viven las historias. Descúbrelo ahora