Capítulo VII

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Capítulo VII: Una posibilidad.

– Maldita sea Ana, esto tiene que ser una puta broma – desperté de golpe al escuchar ese grito seguido por portazo.

Estaba en una gran cama, en la habitación de Dominick en ropa interior luego de pasar toda la noche entre besos y caricias tontas. No podía creer lo bien que me había sentido, no tenía palabras y creía poco probable que una escena como esa se volviese a repetir. Me senté en la cama, e intenté acomodar mi cabello ¿A dónde había ido y porque demonios estaba tan molesto?

A penas tuve tiempo de medio arreglarme el cabello con mis dedos para que el volviese a la habitación, se le veía tenso y molesto, lo mire desde la cama, venía con la laptop en la mano, hablaba por teléfono y buscaba documentos como un loco, preferí no decir nada, supuse que algo grave estaba pasando, no quería ser entrometida y tampoco interrumpir.

– No me llames más Ana, no necesito tus disculpas, necesito soluciones y no las voy a tener si no dejas de colapsar mi línea – le escuché decir molesto y lo veía enserio a punto de colapsar.

– ¿Puedo ayudar? – murmuré, la verdad no tenía mucha esperanza de que me escuchara pero lo hizo y su mirada se encontró con mis ojos, parecía que se había olvidado de mi presencia.

– Maddie, mi amor, lo siento, ahora no puedo, pasó algo terrible necesito resolver – asentí y me dispuse a vestirme mientras él seguía tecleando la computadora.

Prendí mi teléfono no había noticias, no habían novedades, Marcus seguía en Cancún, los mensajes del número desconocido se habían triplicado, ahora también tenía fotos mías, distraída, fotos de Marcus en lugares que desconocía y la verdad no había ni un solo mensaje de texto. Decidí restarle importancia, al menos por ahora.

Me acerqué a Dominick con cautela el rodeo mi cintura con su brazo libre para sentarme en su regazo mientras seguía en lo suyo, según lo que podía ver en las pantallas, intentaba bloquear las cuentas de la empresa, eso también le explicaba a la operadora quien parecía no ser muy colaboradora.

Anteriormente había trabajado con Marcus durante cierto periodo, y generalmente este tipo de transacciones de cuentas las debía manejar yo por lo cual conocía un sin fin de atajos, pero aún no sabía bien que era lo que intentaba hacer y cuál era la presión.

– ¿Que pasa? – pregunté a penas colgó viendo su cara de molestia y preocupación.

– Ana, mi secretaria había anotado todas mis claves y usuarios en un cuaderno, se lo han robado y ahora están intentando acceder al dinero – suspiró marcando más números en su teléfono – Discúlpame nena, por todo esto, la escena – alguien volvió a contestar y me dió un beso en la mejilla para levantarse y salir de la habitación nuevamente.

No me gustaría ser esa chica Ana, definitivamente creo que es una falta terrible y más bien veo Dominick manejandolo con demasiada calma, yo probablemente habría entrado en pánico y no estaría buscando soluciones. Me acerqué a la ventana y me senté en un pequeño mueble que el tenía allí, la vista era preciosa. No sabía que hora eran pero los colores del cielo y los árboles lo hacían ver todo tan calmado y hermoso. Era una de esas vistas que con solo admirar te llenan de paz y calma, podía ser feliz simplemente viendo tanta belleza cada mañana.

La verdad la noche había sido increíble, aún no había descartado la idea de que él se habría molestado conmigo por haberlo provocado, pero cada vez la iba desechando más y más, luego de eso me había abrazado y hablábamos de las cosas más aleatorias que se nos ocurrían, era extraño porque sabía que era algo normal, me parecía imposible verme envuelta en algo así. No creía merecerlo, teniendo en cuenta de que estaba en la habitación de otro hombre mientras en mi mano cargaba el anillo de matrimonio.

Atormentadas decisionesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora