Capítulo IV

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Capítulo IV

Espero con todas mis fuerzas que todo esto sea un mal sueño, no quiero repetir el paso, no quiero que nada se repita. Solo quiero seguir viviendo una vida tranquila. Me miraba al espejo y quería romperme a llorar, esta persona que se reflejaba no era yo, tenía el labio roto, vendas alrededor de mi costado y moretones en mis brazos y piernas.

Marcus estaba fuera de control, al parecer la situación con la empresa no estaba nada bien, al día venían muchas personas de traje a la casa y yo debía atenderlas, a Marcus no le importaba en lo absoluto mis moretones, de hecho le daba igual cómo me trataba frente a esas personas, al parecer eran la misma clase de mierda que él.

Últimamente no podía salir de casa, no tanto por algún impedimento que el me hubiese dado, sino porque me negaba a qué la gente me viese en este estado, era deplorable y por sobretodo me sentía avergonzada de permitir todo lo que había pasado, pero a duras penas podía conmigo misma, Marcus era demasiado fuerte para mí, había intentado llamar a la policía pero todo había empeorado cuando llegaron y Marcus se enteró de lo que yo había hecho, resultaron ser amigos, compro su silencio con un par de billetes y entendí que de esta situación tendría que salir sola y jugar inteligentemente, pero para ello debía soportar un poco más, solo un poco hasta que supiera por dónde demonios comenzar.

Marcus era una persona de mucho renombre y poder en la ciudad, quien creería en la palabra de su esposa que tiene la mala fama de solo querer quedarse con su fortuna, aunque sea cierto, no considero medio suficiente para justificar el abuso que ha ejercido contra mi durante estos días, pero bueno, también la prensa se quedaría callada, tampoco tenía que hacer, la verdad había caído en cuenta de que soy una pobre perdedora que creía tenerlo todo pero solo vive en desgracia.

Mi familia estaba del otro lado del mundo y odiaban el hecho de que me había ido con él, si tan solo les hubiese escuchado y no hubiese pensado que se trataba de una simple necedad de mi madre. Las veces que me decía cosas siempre resultaba tener razón y esa no fue la excepción.

Me duché y volví a la cama, la verdad no me apetecía nada, solo quería acabar con esto lo más pronto posible. Mi teléfono empezó a repicar y me extrañó aunque la verdad probablemente se tratara de Marcus.

- ¿Madisson? - preguntó una voz gruesa del otro lado de la línea que me hizo erizar la piel.

- Si - dije simplemente analizando la situación ¿Cómo mierda había obtenido mi número?

- ¿Que tal todo, angelito? - dijo después de un rato.

- Todo está bien - mentí

- He citado a tu esposo a mi oficina dos veces y no lo has acompañado, muero de ganas de verte, me preocupé -

- He estado un poco decaída - mentí nuevamente.

- Deseo verte Maddie -

- No puedo -

- ¿Por qué no puedes? -

- Marcus, recuerda estoy casada, ya te lo dije -

- Sólo déjame verte, te prometo que solo quiero verte - me quedé pensativa, sin saber que hacer, la verdad yo quería verlo, el asunto era que no podía.

- No puedo - me lamenté una vez más.

- No puedes, pero lo deseas, juro que es mi único intento Maddie, te espero a las 6 en el Macdonald's del centro, sino estás haré de cuentas que no quieres verme y no te molestaré más -

- No me hagas esto, no... - colgó.

Jodido sea. ¿Ahora cómo se supone que lo vea luciendo así? O una mejor pregunta sería ¿Cómo demonios saldré siquiera sin que Marcus se entere? En ese instante mi teléfono volvió a sonar, esta vez era un mensaje entrante de Marcus que decía:

Atormentadas decisionesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora