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— ¿Te comerás eso?

—Puedes cogerlo. —respondió cogiendo la pequeña vasija de tequeños y colocándola en la bandeja de su compañera.

—Gracias. Y... ¿Luego quedaron en encontrarse?—quiso saber Miranda.

—Le dije que si podríamos charlar otro día. Eso fue todo. — respondió Sasha con una sonrisa, para evitar aquellas preguntas tan molestas que hacia Miranda.

—Pero... No sé, cuéntame más. —dijo con desesperación— Él... ¿Te gusta?—preguntó con una sonrisa picarona.

La muchacha se quedó helada tras cierta pregunta y no supo que decir. Realmente no lo sabía. Lo consideraba un chico bastante atento y puede que le gustara un poquito. ¡Eso es! Tal vez le gustaba, pero solo un poquito...tal vez.

—Es...—no supo que decir. —Tengo clases. Y debo irme. —respondió aún confusa. Y el "debo irme" siempre le resultaba muy bien después de alguna pregunta o momento incomodo.

— ¡¿Por qué?!—refutó — Sasha, no está mal si es que te gusta algún chico...no pasará nada parecido al anterior. Estoy aquí para ayudarte, recuérdalo.

Aquellas palabras la calmaron en parte. Al fin y al cabo, había momentos en los cuales Miranda no hablara tantas palabras juntas sin sentido. Solo que eran algo escasos.

—Gracias. —dijo al fin y sonrió. Sabía que su amiga por más loca que fuera, siempre estaría ahí para ella.

— ¿A qué hora empiezan las clases?— intentó cambiar de tema al ver a su amiga algo cabizbaja. Era mejor no tocar ese asunto.

—5:00.

—Te acompaño...—hubo un pequeño silencio. Esto no solía ocurrir entre ellas dos. Pero, estaba sucediendo. Tal vez Sasha creyó que podría simplemente olvidar lo que ocurrió, pero nuevamente estaba ahí. En aquel problema de hace un tiempo. — Sasha, ¿Te gustaría ir a cenar hoy?

—No lo creo. No esta vez, gracias.

—Ya. No importa, otro día será. —dijo Miranda, dejándola en la puerta del salón de repostería. —Llámame ¿sí?

—Claro que sí. Adiós. —respondió y entro al salón.

Era extraño, había demasiada gente como para ser el club de repostería. Sobre todo por los chicos; habían comenzado esa clase hace una semana y no es que hubiera muchas personas.

Sasha se acercó a su casillero, recogió su mandil y fui directo a lavarse las manos.

El día anterior habían hablado sobre cómo hacer los famosos "cupcakes" así que hoy se pondrían en práctica.

—Disculpa, ¿me pasas la tableta de chocolate?—dijo alguien que estaba a su lado. Y claramente sabía de quién se trataba. Pero... ¿Qué haría él aquí?

— ¿Harry?—pregunto Sasha.

— ¡Sasha! ¡Qué...qué sorpresa! —dijo sujetándose el mandil—Realmente no pensé encontrarte aquí. — oh, por supuesto. ¡Coincidencia! ¿Qué más podría ser? ¿Qué Harry tenía planeado entrar al club de repostería solo para pasar más tiempo con ella? Mmm... No lo creo. Debe ser una simple coincidencia.

—Yo tampoco. Sobre todo...aquí. —le dijo Sasha, sin dejar de ver su mandil de caricaturas y reír a sus adentros. — Y... ¿Desde cuándo estas?—era grandioso como aquel chico podía cambiar el estado de ánimo de la rubia tan fácil.

—Pues... Hoy es mi... Primer día.

— ¿Te gusta la cocina?—preguntó.

Me gustas tú. —pensó. —...algo. —respondió haciendo señas con las manos.

—Pues, ¡bienvenido!

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