V. París

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Comenzaba a estresarme al ver a Sebastián actuar como un niño, no dejaba de moverse de un lado a otro con su teléfono en mano.

Al parecer tenía una cita con John el día de mañana y a mi amigo se le había olvidado.

Había olvidado decirle que iríamos a París, ¿Quién haría eso?,

Guardó su celular al ver a sus padres acercarse, Mauricio cargaba la maleta de su madre, por suerte aún faltaba una hora para nuestro vuelo.

—Espero que cuides a tu madre, muchacho—dijo antes de irse, sin siquiera despedirse.

"No se preocupe, tendremos un lindo viaje" pensé con ironía.

—Iré a registrar el equipaje, en treinta minutos debemos ir abordando—avisó mi amigo tomando nuestras maletas, ignorando el comentario de su padre.

—Mauricio no es tan afectivo con Sebastián como quisiera, y hay ocasiones en las cuales me arrepiento el no haber hecho algo para cambiarlo—dijo Patricia a mi lado cuando perdimos a su hijo de nuestra vista.

—No es su culpa, Mauricio es cariñoso a su manera y lo he visto, a diferencia de mi padre, él sí es un hombre que no es capaz ni de sonreírnos—confesé con una media sonrisa, mirando de reojo a la persona junto a mí.

—Aún recuerdo cuando Monique decía que tú eras diferente a tus hermanas—sonrió posando su mano en mi brazo—No sé qué ocurrió con tu madre, pero veía cómo actuaba contigo y era digno de admirar.

—Lo sé, lo recuerdo. A veces tengo la idea de que mi padre tiene que ver con eso.

Patricia soltó un suspiro, sin decir alguna palabra hasta que el ojiazul apareció nuevamente frente a nosotros. Caminamos listos para abordar al avión, por suerte encontramos nuestros asientos estaban juntos, serían varias horas de vuelo, pero el ver a mi hermana hacía que valiera la pena.

...

Sonreí al ver a Marilyne frente a mí, se había cambiado el tono de su cabello a uno más oscuro, consiguiendo que sus ojos verdes resaltaran. Llevaba un ramo de flores en mano, levantaba su mano para que la viera y miré rápidamente para dejarle a Sebastián mi maleta antes de correr hacia ella.

—Te extrañaba tanto, hermanita—dijo cuando mi cuerpo impactó con el suyo, sintiendo sus manos posarse en mi espalda.

—Me hacías tanta falta—confesé sintiendo mis lágrimas escaparse, me aferraba a su cuello sin querer soltarla.

Me separé un poco de ella y vi a Sebastián junto con su madre.

—Es bueno verte, Sebas, y es un placer verla, señora James—dijo mi hermana sin dejar de sonreír.

—Oh, Marilyne, dime Patricia—la contradijo con una leve risa.

—Bien, Patricia. Debemos irnos, quiero que cenen en mi casa por el día de hoy en lo que descansan de su largo viaje—los cuatro caminamos hacia la camioneta negra que se encontraba afuera del aeropuerto, entre Sebastián y yo nos ocupamos de guardar el equipaje antes de subir.

Marilyne no soltaba mi mano, y yo tampoco quería hacerlo, extrañaba tener a mi hermana conmigo, en hacer cosas que nos hicieran reír y dormir como si no hubiera mañana,

—Mira eso, hijo. Se ve tan diferente—dijo Patricia cuando pasamos a un lado de la Torre Eiffel.

—Podemos venir mañana, será lo primero que conocerán—mi hermana sonreía sin despegar la vista del camino.

Miré de reojo a Sebastián, quien veía a su mamá con una sonrisa, quería que disfrutara de su viaje, olvidarse de su padre.

Sabía que sus padres no solían viajar, o ya no lo hacían tan a menudo como antes, Sebastián me contaba que antes de que él fuera a la preparatoria, viajaban a diferentes ciudades para conocer.

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