Había sido un día demasiado largo para Nathan, y estaba deseando que se acabase. Se quedó el último en el vestuario para poder ducharse sin ningún tipo de molestia, huyendo de todos y cada uno de los intentos de animarle que haría la gente por él. En el fondo, lo agradecía, pero no surgían efecto en él. Como siempre, ordenó la ropa en la mochila y se la colgó en el hombro para salir de allí lo más rápido posible dejando el aroma que todos como conocían como suyo, fuerte y con carácter con un poco, lo mínimo, de dulzura. Tras dejar todo en el maletero, su móvil comenzó a sonar. Al ver el identificador, rodó los ojos y soltó un suspiro pero terminó por cogerlo.
—¿Sí?— No tenía ganas de hablar y Declan era la última persona con la que quería relacionarse. Su positividad tras las derrotas le ponía de los nervios.
—¡Tío! ¿Dónde estás? No te hemos visto en el vestuario, hemos ido a tu habitación y tampoco.— Reclamó su compañero al otro lado de la línea.
—¿Qué pasa? ¿Necesitáis algo? Iba a salir a dar una vuelta para despejarme un poco.— Nathan se adentró en el coche sin llegar a cerrar la puerta. Declan no se sorprendió por su respuesta, ya que lo conocía lo suficiente como para saber que una derrota significaba un mal día para él. Siempre había sido así y en parte, le gustaba.
—Por eso te llamaba, para que no te vayas a ningún cuchitril de la ciudad y acabes con una puta en la cama como te ha pasado más de una vez,— Declan soltó una pequeña carcajada.— Sebas y yo tenemos pelis, videojuegos, alcohol y maría en nuestra..
—Allá voy.— Respondió sin a penas molestarse en escuchar una palabra más. Sonrió una vez colgó el teléfono y salió del coche, cerrando la puerta a su espalda y finalmente comenzando a caminar en dirección a la habitación de sus amigos. Quizás eso era lo que necesitaba: un buen rato con sus mejores amigos para despejarse y acomodar su cabeza.
No solo la derrota le había afectado; la pelea y el distanciamiento con Dana, la traición de Thomas y, muy en el fondo a pesar de que él se lo negaba, su comportamiento con Jason. De alguna manera le dolía, y pensaba que pasar más tiempo con él sería genial. Pero no podía, sintiéndolo en lo más profundo de su alma. Sacudió la cabeza para salirse de sus pensamientos y continuó en busca de la puerta 206, que era la habitación de sus compañeros. Había decidido pasar el tiempo con ellos para olvidarse de todo lo que preocupaba, así que seguir dándole vueltas al asunto no era lo correcto. En eso momento al menos. No tuvo que llamar, simplemente abrió la puerta y una nube de humo blanco le recibió.
—¿No deberíais de abrir una maldita ventana? Van a enterarse de que tenemos maría aquí y dudo que pueda traer buenas consecuencias.— Nathan cerró la puerta con seguro a su espalda riéndose a carcajadas, dejándose caer en la cama justo donde Nathan estaba tumbado con el mando de la playstation y un porro en las manos.
—Wow. ¿Eres la pasma o nuestro colega?— Declan chasqueó los dientes, poniéndose en pie y dejando el mando de la consola a un lado de la cama.
—Soy el colega que te va a pulir en el Need For Speed.— Respondió el mayor con una sonrisa burlona, haciéndose con el otro mando.
—¡Eh!— Sebas salió del baño, frunciendo el ceño.— ¿Y yo qué? ¿Otra vez no me vais a dejar jugar?— Hizo un pequeño puchero, acomodándose la goma del pantalón de deporte que llevaba puesto. No llevaba camiseta, y tampoco zapatos. En cambio, Declan llevaba lo mismo solo que de color oscuro y una camiseta básica blanca. El primer instinto de Nathan, puede que influido por la costumbre, fue observar el cuerpo del chico. Rápidamente atendió a otra cosa y soltó una carcajada, negando con la cabeza.
—Cuando pierda este pringado jugarás contra mi, no te preocupes. Pero no quiero escuchar lloriqueos cuando llegue a la meta mil años antes que vosotros.— Declan se arrodilló frente a la consola y puso el juego ya nombrado, mientras que Nathan saludó con un choque de manos al castaño, sentándose al final de la cama de su amigo. Este, tras el saludo se tumbó a lo largo de la cama, dejándole sitio al rubio y al moreno en la orilla de la cama.— ¿Preparado?— Declan cogió otro mando y se lo lanzó a Nathan, este pillándolo en el aire con una destreza increíble.
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Jaguars.
Fiction généraleDicen que todos los humanos somos iguales. Ninguno es superior a otro, ni siquiera somos superiores a los animales ya que parece ser que el ser humano también es uno de ellos.. Pero, ¿que pasaría si hubiera una especie que no fuera ni del todo hu...