Capitulo 7

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4 años antes.

Apenas se habían sentado pero Uraraka no podía esperar para retomar su camino hacia Yuei, y no porque estaba impaciente de llegar, el bosque le daba mala espina.

- ¿Es seguro acampar en este lugar, Izuku? - preguntó intranquila la castaña, ella observaba cada rincón del lugar, tenía la guardia alta.

Había escuchado muchas historias sobre los bosques de Draco, un lugar con diversas criaturas salvajes como osos, arpías, lobos, dragones y más, siempre decían que nadie salía con vida de ahí.

- Creo que tuvimos que tomar la ruta más larga, rodeando el bosque. - Opinó, ese lugar no le daba buena espina.

- No creas en los cuentos Uraraka, este lugar en realidad es muy tranquilo. - Sonrió para reconfortar a su amiga.

- Está bien. - Siseó con una sonrisa insegura. - Creo que iré a buscar leña para la fogata. - se levantó para adentrarse un poco más al bosque.

- No te alejes mucho. - Gritó el peliverde.

El sonido de las hojas por sus propios pasos le generaba inquietud, aún cuando su mejor amigo le había dicho que no tenía de qué asustarse, "Izuku creció aquí, si dice que es seguro, es porque lo es".

Inhaló y exhaló profundamente para así calmar sus nervios, se detuvo brevemente para mirar a su alrededor, el suelo estaba cubierto de césped, ramas, hojas y algunas pocas flores, los árboles eran altos y cubiertos de hojas, aun así podía ver el hermoso cielo azul con nubes doradas, naranjas y rosas provocados por la puesta del sol, podía escuchar el cantó de las aves que volaban cerca de donde estaba.

De repente el lugar ya no le parecía tan aterrador, de hecho podía quedarse a vivir ahí para siempre.

- ¡Ahhhhh! - Un grito desgarrador la sacó de sus pensamientos y paz.

¿De dónde venía? ¿Qué estaba pasando?

Ese grito no parecía la voz de Izuku, aún así ella corrió a hacia su orígen, si alguien necesitaba ayuda no podía quedarse de brazos cruzados.

Paro de correr al encontrar el dueño del gritó, habían tres chicos ahí, un rubio con un extraño mechón de negro con forma de rayo, un pelirrojo con garras y torso desnudo, y un cenizo tatuado y con una gran capa roja lo cual era lo único que cubría su torso desnudo, este último tenía una gran herida en le brazo, parecía estar en riesgo de perder lo.

- ¡Viejo yo solo te intento ayudar! - Dijo el rubio de ojos ámbar mientras sobaba su roja mejilla.

- ¡NO NECESITO TU MALDITA AYUDA! Además que lo puedes a empeorar idiota. - gritó enojado el chico herido.

- No tuviste que luchar tú solo con el alfa. - Regañó el de cabellera rojiza. - Estamos muy lejos del pueblo y de un curandero, si me transformó en dragón llegaríamos en minutos pero, los árboles no me dan mucho espacio para salir volando. - Suspiró.

- ¡A LA MIERDA LOS MALDITOS ÁRBOL, PELOS DE MIERDA! - gritó de nuevo el de cabello cenizo.

Uraraka se quedó en silencio observando los, al parecer no habían notado su presencia ya que seguían gritándose el uno al otro.

- ¡Uraraka ¿estás bien?! - preguntó su amigo peliverde al llegar con ella. - Escuché muchos gritos y me preocupe.

- ¡DEKU! MALDITO DESGRACIADO ¿QUÉ MIERDA HACES AQUÍ? - Volvió a gritos el de capa roja, está vez dirigiéndo se a... ¿Izuku?

- ¡Ka-Kacchan! - Gritó sorprendido el pecoso. - Que bueno verte después de tanto tiempo. - El cenizo gruñó.

- ¡Midoriya! Que bueno verte después de cuatro años viejo amigo. - Sonrió con carisma el pelirrojo.

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