Capitulo 4

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Después del almuerzo con el príncipe —uno que duró muy poco tiempo, ya que Ochaco dijo haber perdido el apetito cuando apenas había comido la mitad de su plato—, Ochaco fue a su taller, dónde encontró a Kaminari leyendo uno de sus libros.

Al preguntarle que estaba haciendo el rubio se sobresaltó, y respondió que tenía algo de curiosidad por la magia, pidió sus más humildes disculpas y se fue corriendo de la habitación, dejándola confundida y con un par de preguntas en el aire.

Ya en otra parte del castillo el arquero se encontró con su amigo dragón y el pecoso, al verlo el pelirrojo se recostó en los hombros del chico para después decir: — Amigo, no lo vas a creer pero, Bakugou está muy enamorado de Uraraka. — Embozo una sonrisa pícara, casi como las que hacía su prometida ante esos temas.

Kaminari sintió por un minuto que su alma salió de su pecho, pero antes de que una de sus amigos preguntará si se encontraba bien este respondió. — No lo puedo creer, ¿Hablas en serio? — fingió sorpresa y confusión, al parecer había sido lo suficientemente creíble como para convencer a los caballeros.

— Sí bro, lo ví con mis propios ojos, se dirigió a ella de una manera muy modesta y amigable, además estaba sonríe, tenía una dulce sonrisa en el rostro. — El rubio sudaba frío ante cada palabra que decía el pelirrojo, se sentía algo aliviado de que sus amigos no hayan sospechado, pero sorprendía de lo mismo.

¿En serio les parecía natural que su gruñón, mal hablado, grosero y explosivo compañero muestre tanto afecto por alguien que ni siquiera mostró interés?

Bueno, al fin de cuentas era algo más beneficios para él, podría conseguir el antídoto sin preocuparse mucho de ese problema. "Espero que no sospechen cuando Bakugou vuelva a la normalidad", pensé el rubio.

Después de un largo y algo estresante día Uraraka llegó a su casa con la compañía del pecoso

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Después de un largo y algo estresante día Uraraka llegó a su casa con la compañía del pecoso. Ella amablemente lo invito a pasar y este aceptó alegré.

La casa de Uraraka era una pequeña pero acogedora cabaña, estaba algo cerca del bosque un poco alejada del castillo pero, el lugar era muy cómodo y tranquilo.

La chica de ojos chocolate camino hasta la cocina para preparar algo de té para ella y su amigo, Izuku la siguió y tomo asiento en la pequeña mesa que usaba la castaña como comedor.

— Y... ¿Por qué Kacchan te invito a almorzar? — preguntó curioso el peliverde.

La castaña se tenso un poco. — Ah... Nada especial creo, solo comimos y... Hablamos un poco creo. — Todo había pasado muy rápido para ella, además que recordarlo la avergonzada, un poco.

— ¿Ok? — respondió no muy convencido, sentía que tal vez había algo más, lo cuál incomodaba a Uraraka, por esa razón no continúo preguntando.

Iba a cambiar de tema cuando el sonido de incesantes golpes de la puerta llamó su atención, Uraraka hizo un hechizo para abrir la puerta, sabía muy bien de quien se trataba, solo una persona tocaba así.

Encantado en tu HechizoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora