III

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Por la mañana, la mansión Stark se encontraba más agitada de lo usual

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Por la mañana, la mansión Stark se encontraba más agitada de lo usual. La mayoría de vengadores seguían dormidos, pero los pasillos estaban lejos de encontrarse vacíos gracias a una decena de hombres de complexión corpulenta que se paseaban por allí cargando cajas pesadas.

Tony esquivó a uno de ellos con su bebé en brazos. Los nuevos muebles para la habitación del niño no habían dejado de llegar desde primera hora de la mañana y, como Jarvis prometió, parecía que había comprado un poco de todo. No entendía la funcionalidad de nada que fuera más allá de la cuna y el armario, pero no se quejaría mientras el servicio de reparto también dejase todo montado y no volviera a tropezarse con ninguna de las innumerables cajas de embalaje.

Bostezó cuando llegó a la cocina, justo antes de preparar un nuevo biberón, mientras equilibraba al niño en su otro brazo. Nada más ofrecerle la leche, éste empezó a hacer pucheros que indicaban que se echaría a llorar de un momento a otro y optó por quitar la comida de su vista antes de que colapsara en un torrente de lágrimas.

Entonces, volvió a repetirse a sí mismo que no tenía nada de que preocuparse. Seguía estando en la media, éste sólo era su segundo intento de darle el desayuno; ponerle su nuevo pijama le había costado cuatro intentos. Luego, suspiró con resignación. No iba a engañar a nadie; tendría que bajar al niño a las celdas del piso inferior si quería que comiera algo, porque no iba a lograr que lo hiciera lejos de su madre en un futuro cercano.

Tony sentó al niño en la encimera, no había llorado tanto como el día anterior, pero todavía daba suspiros lastimeros cada vez que recordaba a Loki. Sin embargo, cuando él pensaba en el dios caído, sus sentimientos eran radicalmente opuestos.

— ¿Cómo pudo ser tan cruel cómo para no ponerte un nombre? —pronunció al aire y el enfado volvió a surgir como si las ascuas de su última discusión aún siguieran frescas.

Sabía que Loki era un bastardo egoísta y sería idiota si pensara que se preocupaba por el niño más allá de usarlo como salvoconducto para intentar escapar, pero privarlo de un nombre, una identidad propia, durante tanto tiempo era un nuevo nivel de frialdad. Ni siquiera su propio padre se había desentendido tanto de él.

¿Y él? ¿podía hacerlo mejor? Sus pensamientos se habían llenado de sombras aterradoras sobre su propia capacidad en las últimas horas y la ansiedad, antigua compañera, había abierto un hueco más grande dentro de él. Tony Stark no estaba hecho para ser padre, no era un buen ejemplo ni había tenido buenos referentes de ello. El niño había recibido las peores cartas en lo que se refería a herencia familiar, pero todavía tenía que conseguir que ganara el juego. Necesitaba hacerlo mejor.

Pensándolo bien, sí que era su padre y, el reconocimiento de ello, le dio a Tony una nueva idea. En teoría tenía derecho a ponerle un nombre también ¿cierto? Enseguida se encontró navegando entre las diferentes opciones de su lista: ¿debería ponerle uno de esos nombres de vikingos rudos que había visto en las películas? Algo como Ragnar o Björn. La idea le pareció ridícula viniendo de él, pero tampoco optaría por uno de los nombres pomposos ingleses que estaba seguro que Loki aprobaría.

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