Descuido

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La noche llego y con ella cerraron las demás tiendas. Xie Lian cerró con total alegría los baños públicos de la feria y disfruto de la visita de Hua Cheng —por supuesto que no lo dejo limpiar, San Lang era un señorito, ¿cómo podría pedirle que sostenga trapo y lejía, para limpiar esos apestosos y feos retretes? No, no—.

Echo candado a las puertas, se dispuso a hacer lo mismo con la puerta de la entrada principal cuando Hua Cheng le pidió las llaves para al menos, cerrar los grifos.

—Está bien, está bien, solo espera a que... —palpo los bolsillos de su chaleco, lo hizo dos, tres, cuatro veces; no había nada —Ay no.

—¿Gege?

—... Creo que dejé las llaves en la cómoda del baño.

Baño que ya tenía candado.

Hua Cheng. —...

Xie Lian. —...

.....

.....

Adivina, adivinador. ¿Quién trepo por las ventanas abiertas llenas de polvo para conseguir las susodichas llaves?

A. Yo perdí las llaves, es mi responsabilidad. Y no puedo dejar que te ensucies. ¡Tienes puesta tu camisa favorita!

B. Puedo quitarme la camisa o mandarla a lavado. Eso no es importante. Gege ya tiene un día duro soportando a esos granujas apestosos, déjeme recuperar la llave.

Buenas noches, querido. (Colección de OS TGCF)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora