y caí en cuenta, nadie más podía salvarme, no había salida, no importaba cuanto me apoyara en las personas, el dolor era más fuerte, una persona no puede salvar a otra; pero me parecía tan absurdo, si al mirar sus ojos yo sentía que por fin podía mirar la luz, era como si después de tanto tiempo el oxígeno me llegará a los pulmones y pudiera sentir de nuevo mi corazón latir enamorado.
pero no era así, a pesar de eso, el cansancio enorme nunca iba a desaparecer, las ganas de querer morir nunca se iban a ir, siempre iban a estar presente, como un hechizo que ni un beso de amor verdadero puede romper, era el hechizo más fuerte de todos.
un alma rota de por vida.
