Capítulo 13

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Un extraño que no es uno

En aquel espacio cuadrado de paredes azuladas fuente del reencuentro entre las cinco amigas, más un campo de discusión sobre un chico en concreto, hace ya una hora, esta ahora había pasado a ser una fiesta desde que la castaña atrevida colocó una canción movida en la portátil, y las demás se levantaron de la cama al suelo para empezar a saltar y agitar sus cuerpos sobre la alfombra.

La castaña de ojos oscuros y su melliza estaban simulando el sonido del bajo, mientras que la pelirroja movía sus labios a la voz del vocalista masculino, por un lado; la rubia de mechas oscuras golpeaba el aire imitando tener una batería y la castaña rojiza de ojos oscuros grababa con su teléfono celular a sus amigas tapando su boca conteniendo su carcajada. Apenas llegaron al minuto 02:05 cuando se detienen bruscamente corriendo a sentarse sobre la cama —excepto por Melissa que termina en el suelo, por culpa de su magnífica y maligna mejor amiga— al percatarse de una mirada y una risa divertida sobre ellas.

—¿Q-qué haces aquí, mamá? —pregunta tartamudeando la castaña rojiza. La adulta presente ríe aún más tambaleándose para sostenerse del umbral de la puerta, se detiene respirando sofocada.

—Venía a decirles que el almuerzo está listo y me encuentro con esto —señala sonriendo ampliamente el interior de la habitación de arriba a abajo, las chicas desvían la mirada avergonzadas. —Tranquilas, no diré nada... por hoy —guiña el ojo antes de cerrar la puerta.

Tan pronto la puerta se cerró, las chicas sueltan un suspiro frustrado por aquella situación incómoda. Rápidamente dirigen su mirada hacia la castaña rojiza quien desvía su vista al techo.

—¿No es hermoso mi techo? Lo digo en serio, chicas —comenta fascinada observando el techo, las chicas miran, y la castaña rojiza aprovecha para levantarse y correr hacia su baño.

Sin embargo, a punto de cerrar la puerta detrás de las chicas, la castaña interviene el proceso con la palma de su mano izquierda. Esta grita y quita su mano de inmediato, todas las chicas en la habitación muestran una expresión asustada ante la situación.

—L-lo siento Eli, no fue mi intención —tartamudea preocupada la culpable tapándose su boca.

—Lo sé Meli, pero igual ¡me sigue doliendo la mano! —contesta calmada al principio para terminar gritando alterada corriendo hacia el baño para mojar su mano.

Las miradas se posan sobre ella luciendo incómodas, no esperaban que su juego trajera consecuencias, estuvieron observando a Elizabeth unos segundos hasta que sus miradas se posaron sobre la castaña clara que acaba de entrar.

—¿Qué ha pasado? —pregunta exaltada apretando su pecho. —Oí gritos desde la planta baja.

—Mamá tranquila —habla suavemente acercándose a sus hombros. —Sin querer casi le corté los dedos a Elizabeth con la puerta.

La mujer solamente muestra una expresión sorprendida inclinando ligeramente su cabeza a la izquierda, podría decirse que casi se le salen los ojos.

—¿Qué? Déjense de juegos que ya están a dos años de ser universitarias y bajen a comer —ordena saliendo de la habitación con las cinco chicas detrás de ella.

[...]

Habían pasado alrededor de unas cuatro horas después de la comida, y las chicas se encontraban sentadas en el regazo del sofá observando la televisión. Acababa de presentarse los créditos cuando la chica de cabellera castaña rojiza apagó el aparato estirando su espalda soltando un bostezo.

—¿Ahora qué? —pregunta la rubia de mechas oscuras ahora bostezando.

—¿A qué hora se irán? —cuestiona la castaña rojiza observando a todas sus visitantes.

Amor a primera vistaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora