Capitulo 14

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[...]

Olivia ☆

Olivia ☆

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Cuando nos habíamos  tranquilizado un poco, Liam sacó el mapa y lo extendió sobre el volante. El reloj del salpicadero marcaba las siete y veinticinco y cuando se volvió para mirarnos, lo hizo con una expresión resuelta que jamás en mi vida le había visto a nadie a esas horas de la mañana.

—Muy bien equipo—animo Liam— Tenemos que recuperar el camino correcto.

Y así seguimos adelante, Me quedé dormida en algún punto entre Staunton y Lexington y me desperté justo a tiempo de tener una vista perfecta del imponente edificio blanco de Roanoke, el antiguo Walmart de Virginia. El cartel azul seguía aferrado con desesperación al edificio, pero era el único detalle que recordaba el centro comercial que fuera en su día. En el aparcamiento había carros de la compra que corrían de un lado a otro según soplasen las ráfagas de viento. Con la excepción de algunos coches abandonados y de los contenedores verdes de la basura, el gigantesco aparcamiento asfaltado estaba vacío. Bajo el resplandor anaranjado del sol de la tarde, daba la sensación de que el Apocalipsis había llegado a Virginia

Bajamos de la camioneta para entrar al centro comercial aunque afuera se habían quedado Ruby, Chubs  quienes  estaban cuidando a Zu.

Liam avanzaba a mi lado y resbaló con el polvo que se había acumulado en el suelo. Reaccioné rápidamente tomándolo  por el brazo, Lo ayudé a enderezarse, pero Liam mantuvo la vista fija en el suelo, donde se vislumbraban con claridad una docena de huellas.   Eran de todo tipo y tamaño, desde el dibujo dentado de la suela de una bota de montaña masculina hasta las ondulaciones decorativas de una zapatilla deportiva infantil, estampadas en el suelo como formas de galletas recortadas en la masa recién extendida.

—Podrían ser antiguas—le dije en voz baja a lo cual  Liam asintió.

—Creo que deberíamos irnos—le dije en un susurro—. Hay algo en este lugar que no me gusta nada.

—No pasa nada Liv—Dijo Liam con tono suave

Seguía dándome la espalda, pero vi que sacaba la mano del bolsillo. Lo vi moverla hacia mí, como si fuera una forma flotando en la oscuridad. No entendí si con aquel gesto pretendía indicarme que siguiera avanzando o si quería que le diese la mano, pero no tuve valor para hacer ninguna de las dos cosas

De pronto caí al suelo y Liam se precipitó sobre mí, como si acabara de arrollarnos una excavadora. Liam me aplastó el pecho con el hombro y me dejó sin aire en los pulmones. Intenté levantar la cabeza para ver qué había pasado, pero aquel peso una piedra sólida e invisible y el cuerpo de Liam pegado al mío, me impedían moverme. El suelo estaba helado, pero no podía concentrarme en otra cosa que no fuese la sólida presión del hombro de Liam rozándome ahora la mejilla. Las manos se nos habían quedado atrapadas entre los dos y por un instante tuve la inquietante sensación de no saber dónde empezaba el uno y acababa el otro. Liam tragó saliva; el pulso le latía en la garganta, tan cerca de mí que casi podía oírlo

Liam se movió para levantar la cabeza y tensó los músculos que le rodeaban la columna vertebral.— ¿¡QUIEN ESTÁ AHÍ ?!—grito.

La única respuesta fue otro empujón de aquellas manos invisibles. De pronto empezamos a deslizarnos como balas por el suelo, mientras la chaqueta de cuero de Liam sonaba sobre las polvorientas baldosas. Por encima de la cabeza de Liam, las luces de emergencia pasaban a una velocidad vertiginosa, transformándose en un único rayo. Una risa desenfrenada nos perseguía por los pasillos, por debajo de nosotros, por encima, por todos lados

Por el rabillo del ojo, me pareció ver una forma oscura en movimiento, aunque me pareció más un monstruo que una persona. Destrozamos a nuestro paso cortinas de la ducha, loción hidratante corporal, lejía, hasta llegar a la línea de cajas registradoras próxima a la entrada del establecimiento

—¡DETENTE!—gritó Liam—¡Somos...!   

Hay sonidos que uno escucha una sola vez y no olvida nunca. El de la fractura de un hueso. La melodía del carrito de los helados. El del velcro. El del seguro de una pistola.  -No, pensé. Ahora no. ¡aquí no!- Nos detuvimos bruscamente al chocar contra la barrera de metal de la salida de caja y el impacto me sacudió dolorosamente todo el cuerpo. No transcurrió más de un segundo de agónico silencio antes de que las luces apagadas del establecimiento cobraran vida.

—Charles , ¿oíste eso?—dijo Ruby alarmada

—Vamos ruby!—Chubs salio corriendo.

Las luces del techo se encendieron una a una y la electricidad empezó a correr por ellas después de años de existir como poco más que venas huecas y cubiertas por el polvo.  Liam y yo nos giramos a la vez y vimos a Zu, cuya mano derecha desnuda rozaba la barrera de metal de la salida. Chubs estaba a su lado, pálido como el papel. Breves segundos después de que Zu produjera su descarga eléctrica, las luces de las cajas registradoras empezaron a chisporrotear como petardos, proyectando hacia el suelo chispas azules y blancas y fragmentos de cristales.

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