Dana:
Realmente no tenía idea de donde me metía, pero necesitaba irme de mi país lo más urgente posible, así que cuando vi el anuncio de trabajo, no dudé en enviar mi currículo y fui aceptada. Luego de una serie de reuniones, con representantes de esa empresa, firmé un pre contrato y viajé casi de inmediato. Sabía que iba Corea del Sur, para trabajar en una empresa grande como parte de su personal auxiliar, o sea limpieza y toda tarea, pero no tenía mucha noción de cómo era el trabajo, solo que la paga era buena, la cual incluía casa y comida, pero lo más importante, me daban la posibilidad de irme al otro lado del planeta, a un país del primer mundo y en la total legalidad, ¿qué más podría pedir?
Luego de casi cuarenta largas horas con varias escalas y esperas en aeropuertos, por fin llegué. Una vez pasada la aduana y migraciones; recogí mi bolso de mano, pues no traía casi nada, solo un par de mudas de ropa y productos de higiene personal; llegué al hall principal. Como era de esperarse, la multitud de gente era intimidante para mí, nada se parecía al movimiento del aeropuerto de Uruguay, un país chiquito entre dos gigantes como Argentina y Brasil, con apenas tres millones y medio de habitantes.
Como pude me abrí paso entre el gentío, no sabía qué dirección tomar, empecé a sentir que el aire me faltaba y las piernas me temblaban. De pronto sentí una mano en mi hombro
‒ ¿Estás perdida? – escuché una voz detrás de mi
‒ Pues sí – respondí al joven que amablemente me sonreía
‒ ¿Te venían a buscar o debes moverte por tus medios?
‒ Se supone que vendrían por mí, pero no sé dónde empezar a buscar
‒ Ven, sígueme, es un poco más allá donde se paran los que viene a recoger gente al aeropuerto – dijo señalándome hacia la derecha – yo te acompaño – volvió a sonreír – Por cierto me llamo Kim Seo-joon – y extendió su mano
‒ Encantada, soy Dana Rojas – respondí estrechándosela – por cierto, hablas muy bien el español – otra vez me mostró sus perfectos y blancos dientes en una amplia sonrisa
‒ Mis padres son coreanos, pero yo nací y crecí en Argentina, así que hablo el rioplatense perfectamente y el coreano con acento latino
‒ ¡Oh, somos vecinos! – le devolví la sonrisa y comenzamos la marcha hacia la dirección señalada
‒ Casi hermanos...
‒ Yo no diría que tanto, ya sabes lo que decimos los uruguayos de los argentinos, hermanos lo que se dice hermanos, no que va – él solo rió
‒ Bueno, aquí es – y señaló un conjunto de personas que estaban tras las vallas de metal, provistos de carteles en sus manos – solo debes buscar tu nombre en los carteles, lo demás es pan comido
‒ Te agradezco mucho tu ayuda, sin ella hubiera muerto – otra vez esa sonrisa...
‒ Fue un placer para mí, me gustaría que tuvieras mi número telefónico por si quieres un tour por Seúl
‒ ¡Sí, claro, me encantaría! – creo que lo dije con demasiado entusiasmo pues me sentí sonrojar, él rió y sacó una tarjeta de su bolsillo
‒ Aquí tienes mi tarjeta, cuando te hayas instalado si quieres me llamas. No te pido el tuyo porque supongo aún no debes de tener uno local
‒ Pues no, no tengo, pero ten seguro que te llamaré, has sido muy amable y lo menos que puedo es invitarte a comer algo para agradecerte
‒ Me encantará comer contigo – estiró su mano para estrechar la mía – un placer Dana Rojas, espero nos veamos pronto – no esperó mi respuesta y se marchó perdiéndose en la multitud
De inmediato me puse a leer los carteles, hasta que encontré uno que decía mi nombre. Para mi sorpresa el hombre que lo portaba era claramente latino.
‒ Hola, Soy Dana Rojas
‒ Encantado Dana, soy Carlos Santillán y soy quien te llevará a la empresa
‒ Un gusto Carlos, gracias por venirme a buscar
‒ Es que soy el único que habla español, así que toco venir por ti
‒ Lamento causarte tal molestia
‒ No, molestia ninguna
Luego de las presentaciones lo seguí hasta el coche.
‒ ¿De dónde eres Carlos?
‒ De Ciudad de México, tu argentina, ¿no?
‒ No, soy de Montevideo, de Uruguay
‒ Ah, todos creíamos que eras argentina
‒ Pues fíjate que no, soy de cerca, pero no
‒ Bien, igual yo no conozco nada de esos países
‒ No te pierdes mucho – sonreí tratando de caer simpática
‒ Aquí es muy diferente y puede que los primeros tiempos te sientas extraña, pero la gente para la cual trabajarás es muy buena y pronto te sentirás parte del staff
‒ No tengo idea de que empresa es ni a que se dedica, ¿me podrías decir algo?
‒ Pues no, no puedo hasta que no llegues allí, son muy protocolares y debes firmar una serie de documentos de confidencialidad, solo así te darán información
‒ Parece que trabajaré para la mafia coreana – dije sonriendo pero algo preocupada, pues era todo muy misterioso – creo que me estoy arrepintiendo de haber venido
‒ ¡No, qué va!, solo te diré que en el rubro en el que están, hay mucho espionaje y malicia, pero no es ilegal en lo absoluto
Lejos de tranquilizarme sus palabras, me pusieron aún más nerviosa. Tal es así que el resto del viaje, que no fue corto, me mantuve en silencio y solo me dediqué a mirar por la ventanilla la ciudad que se abría ante mí. Los edificios eran muy altos, nunca había visto edificios tan grandes, y las calles estaban iluminadas por las animadas marquesinas de los negocios, la tarde ya caía y el espectáculo era bellísimo, con el correr del tiempo, Seúl me parecería más linda por la noche que por el día. Dicen que New York es la ciudad que nunca duerme, pues diré que la capital coreana tampoco.
No me di cuenta cuando entramos al estacionamiento del edificio. Cuando el coche se detuvo y me bajé al fin, pude observar una cantidad importante de hombres perfectamente entrajados.
‒ ¿Qué es toda esta gente, Carlos?
‒ Debes irte acostumbrando, son los de seguridad, están en todos lados. Creo que hay más personal de seguridad que de otro rubro
‒ ¡Wow!, debe ser muy importante la empresa para tener semejante despliegue
‒ Lo es, te lo aseguro, pero ven, subamos
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Más que un ÍDOLO
RomanceSINOPSIS: Dana Rojas, una joven latina necesita dejar su casa y alejarse de su familia. El destino le presenta la oportunidad de ir a trabajar al otro lado del planeta, a Corea del Sur, más específicamente a Seúl. Así que sin dudar, toma la oportuni...