Capítulo 5 - Brillantes ojos

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Dana:

Una vez en el coche, Carlos me explicó de qué iría mi trabajo

‒ Vas a vivir en una casa con tres personas más, espero que no tengas problema con eso

‒ Ninguno, en la entrevista, que me hicieron en Uruguay, me lo dijeron. Así que ningún problema, tampoco si es mixta, confío en que nos llevaremos todos bien

‒ Tienes que entender que serás la única extranjera, no hablan tu idioma ni tú el suyo, al principio puede ser difícil

‒ Existen los traductores, pondré un aplicación en mi teléfono

‒ Sí, eso sería muy útil, de todas formas te aconsejo que te inscribas el algún curso para aprender coreano, por internet, claro, ya que salir del complejo, a menos que tengas un permiso especial o sea tu día libre, está prohibido. Al igual que interactuar con gente fuera del staff. ¿Te ha quedado claro?

‒ Clarísimo, yo sabía que iba a ser así y acepté venir.

‒ Otra cosa, no puedes hablar con los miembros bajo ningún concepto, a menos que ellos te hablen, en tal caso debes ser amable y lo más breve posible

‒ Tampoco es que los vaya a acosar Carlos, ya te lo he dicho

‒ Dana, tienes que empezar a entender que es una cultura muy diferente a la que estás acostumbrada. Aquí hay muchas cosas que, para ti pueden ser normales y bien intencionadas, pero pueden ser vistas como faltas grave de respeto. Así que debes manejarte con mucho cuidado y pie de plomo. No le hagas caso a nadie del staff, no sigas ningún consejo, si tienes alguna duda o cualquier cosa, dirígete directamente a mí, a mí y a nadie más. ¿Me has comprendido bien?

‒ Perfectamente, descuida, no voy a fallar

Carlos no dejaba de darme instrucciones, cosa que le agradecía profundamente, pero era un poco extremo, para él, los miembros del grupo, eran casi Dioses intocables. Por supuesto que yo no quería perder mi trabajo bajo ninguna circunstancia, pero lo suyo me parecía algo exagerado. Luego de casi una hora de viaje, llegamos a un complejo, en mi país sería algo como un barrio privado. Mucho verde se podía observar, y los árboles de cerezo, típicos de Corea, bordeaban el largo camino desde la entrada hasta las instalaciones en sí. Era un espectáculo maravilloso, pues en ésta época del año, entrando la primavera, estaban con sus flores blancas, en todo su esplendor. Yo estaba deslumbrada ante semejante cuadro, de pronto sentí una mano debajo de mi barbilla que empujaba mi mandíbula hacia arriba, era Carlos cerrando mi boca

‒ Anda, cierra ya tu boca que vas a babear – y soltó una estruendosa carcajada

‒ Si – sonreí – perdona, ni cuenta me di – volví a mirar hacia afuera – es que es algo bellísimo

Al llegar al final del camino, y de pasar por otro control, la verdad es que ahora entendía tanta seguridad, llegamos a una de las tantas construcciones que se encontraban en el predio y nos detuvimos.

‒ Bueno, Dana, hemos llegado, de ahora en más vivirás aquí mientras dure tu contrato con la empresa

‒ Yo espero que sea por muchos años – dije sonriendo mientras me tiraba del coche

‒ Por el momento serán dos, con una revisión dentro de seis meses, luego ya se verá

Casi ni le escuché, caminé dando vueltas para observar todo el panorama. Pero quedé inmóvil al ver pasar un coche, tipo de esos que se usan en los campos de golf, cuyos ocupantes eran el chofer por supuesto y como acompañante el mismísimo Park Geon-ki. Por unos instantes nuestras miradas se cruzaron, me regaló una amplia y hermosa sonrisa, la cual correspondí, además de agitar mi mano. Cuando se alejaron y miré a Carlos, quien me observaba con el ceño fruncido, en un claro gesto de desconformidad

‒ ¡Wow, era Geon-ki, el mismísimo Geon-ki!

‒ Si, Dana y te lo cruzarás mucho, incluso pueden ser varias veces al día, así como al resto de los miembros, pero no vuelvas a saludarle así, no estás en tu país, recuerda que debes hacer una reverencia

‒ Perdona, es la falta de costumbre, pero te prometo que no volverá a suceder – sonreía – es que me sonrió y no pude evitarlo – agregué dejando salir un profundo suspiro

‒ Ni creas que eres a la única chica que Geon-ki le provoca eso, así que tampoco te ilusiones mucho, seguro se olvidó de haberte visto ni bien giró la esquina

Eso fue un golpe duro y mi felicidad se desvaneció en menos de un segundo

Geon:

Luego de la charla, no tan amena, con mi padre. Volví de inmediato al complejo. Había hecho que unos de los coches de la empresa me llevaran de regreso, así que, al dejarme en la entrada principal, llamé a Jin para que fuera a buscarme y me llevara a mi casa. Llegamos hasta las casas en las que vivían los miembros del staff. Logré distinguir a Carlos parado fuera de una de ellas, junto con una joven, al acercarme pude notar que era la misma chica que estaba en el edificio de la empresa, y que yo creí podría ser una coreógrafa. Pero claramente no lo era, pues esa zona era para el staff auxiliar. Al cruzarme con sus ojos, un estremecimiento corrió por mi cuerpo. Espontáneamente le sonreí. Ella me correspondió la sonrisa agitando, también, su mano. Hubiera querido que Jin aminorara la marcha, pero no lo hizo, así que no pude corresponderle el saludo. Desconozco el motivo, pero esa chica lograba ponerme nervioso.

‒ ¿Te encuentras bien, Geon-ki?

‒ Sí – dije sacudiendo mi cabeza - ¿Por qué lo preguntas?

‒ Es que te has ruborizado hasta las orejas y eso no es común en ti

‒ ¡Pero que tonterías dices! – sabía que tenía razón, ya que sentía como mi cara ardía al punto de quemarme

‒ ¿Será por la jovencita que vimos con Carlos? – Jin me ofreció una sonrisa cómplice – es hermosa, ¿verdad?

‒ No sé de qué hablas Jin, apenas la vi

‒ ¿En serio?

‒ Sí, en serio, además ya la había visto en las oficinas, creí que era una coreógrafa nueva, pero allí viven los del staff auxiliares

‒ Si deseas puedo averiguar quién es...

‒ No, deja Jin, ese no es tu trabajo

‒ Pues mi trabajo es mantenerte contento – rió – y sospecho que esa joven te pondría muy feliz

‒ ¡Calla ya, deja de decir tonterías! – y le di un golpe con el puño en el hombro


Más que un ÍDOLODonde viven las historias. Descúbrelo ahora