capítulo IV

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Deisy

    Vagar es algo que mi cerebro a hecho constantemente desde aquel encuentro, solo habían pasado unas cuantas horas pero todo parecía tan fresco y instantáneo que en ocasiones podía sentir las gotas frías de la lluvia caer en mi rostro confundiéndose mis lágrimas, pero más que pensar en el miedo que tuve que sufrir en ese momento y que ahora solo quedaban migajas pensaba era en él. Todo me decía que era ese chico que vi una vez en mi travesía por la gran casa de techos altos, el mismo que siempre estuvo en mis sueños, el protagonista de mis ensueños y ahora mi salvador por segunda vez.

  Sus ojos alertas, tan verdes como el bosque mismo pero no en ese que notas al mirar desde afuera, sino ese verde se forma cuando los primeros y escasos rayos de sol iluminan las hojas de pino. Volver a repetir una y otra vez las sensaciones que sentir a estar en escasos centímetros de él, oir su sensual voz varonil decir palabras al azar en mi memoria me hizo colapsar en mi casa más de una vez. Nadie me podía decir que era él más que yo misma y eso me bastaba, me bastaba saber que lo volví a ver fuera o no una alucinación.

  Cuando pude estar en otro lugar que no fueran las proyecciones en mi cabeza de  la imagen de ese chico decidí que era hora de cenar. Trate de actuar lo más normal posible, cambie mi ropa mojada por una pijama bastante abrigada para amortiguar él frío de mi cuerpo y las bajas temperaturas de la noche en la este pueblo.

  Cuando baje a la cocina buscando con la mirada alguna persona en sus alrededores, encontré con la escena más cursi que podían imaginar o lo más cursi que podrían hacer mis padres, cocinar juntos.

— Entonces me podrías dar una rebanada extra y te lo compensaré muy bien.- decía mi padre mientras dejaba pequeños besos en el cuello de mi madre.

— ¡Oh por Dios busquen un cuarto con paredes que repriman el sonido!- exclamé exagerada tapandome las ojeras.

— Dile eso a tu padre, no a mi.- inquirió mi madre separándose del agarre de mi padre.

—Yo solo estaba tratando de armar un buen trato pero creo que el juicio no proseguirá-. Levantó las manos en señal de derrota y prosiguió a sentarse junto a mi.

— Hablando de tratos y juicios, podríamos ir al pueblo mañana es que quiero comprar algunas cosas.- dije tratando de desviar mi mirada y parecer lo más relajada posible.

— No creo que sea una buena idea, además te dije que si compraste todo lo necesario para las vacaciones y me dijiste que si.- me señaló con un cucharón con el cual resolvía los huevos mi madre.

—Siempre es buena idea cuando salgo y me divierto en la ciudad, pero resulta que no es buena idea salir y comprar unas cosas en un pueblo… curioso.- dije con la mayor ironía posible a lo que me gane una mirada de pocos amigos de parte de ella.

— En la ciudad conoces personas, estás acompañada y hay seguridad, así que si tú pregunta es que si creo que es más seguro la ciudad que este pueblo, entonces la respuesta es sí.- sentenció mientras revolvía con más fuerza ese revoltillo que ahora parecía papilla.

— Prometo que iré y vendré con papá, esta vez no estaré sola se que eso es lo que te preocupa.- dice suavizando el tono.

  Si quería averiguar algo sobre ese chico tenía cambiar mi estrategia.

La casa de Techos altos Donde viven las historias. Descúbrelo ahora