Me levanté muy temprano por la mañana, la luz tenue me hacía creer que aún era de madrugada, pero después de ver mi celular al lado de mi cama la hora marcaba las 7:09 am. Comencé la rutina común de aseo personal, me vestí lo más abrigada posible porque el clima de este pueblo era tan impredecible como el humor de Kanye West, si saben a lo que me refiero. Amar este pedazo de olvido de humanidad no era precisamente lo que hacía, pero si lo apreciaba más que mi mamá.
Baje de mi habitación para encontrarme una casa totalmente vacía, así que decidí solo verter un poco de café en mi tasa y disfrutar de ese placer que no me daba en ningún momento en la ciudad, estar sola sin mis padres. Pero ese placer me duró poco y desde la ventana de la cocina vi cierto signo de vida en frente de nuestra pequeña y pintorescas vivienda vacacional. Mi mamá estaba en el porche, sentada en una silla de esas que se reclinan y papá estaba en el auto buscando que sabe que cosa. Las quejas de mamá se hacían cada vez más fuertes en cuanto más me acercaba, todo era por el pueblo.
–– Solo digo que tantos lugares en el mundo para pasar unas vacaciones en familia, tenías que escoger este campo abandonado.- decía la señora Muller, mi madre con su voz firme y nunca vacilante.
–– No es un campo, es un pueblo y si no lo recuerdas también venimos porque está es nuestra propiedad, la propiedad de mi familia.- corregía mi padre dejando un poco el auto de lado y darse de repente cuenta de mi presencia.
–– Buenos días princesa, ¿Cómo dormiste?- preguntaba sonriente mi papá acercándose a mí.
Pude haber respondido esa simple pregunta si no fuera sido interrumpida antes de siquiera pensar abrir la boca.
–– ¿Cómo crees que va a dormir? Es un gran cambio y no todos tenemos tu habilidad de adaptación.
Estaba en medio de una pelea, así que solo decidí bajar los escalones del porche y mirar a mi alrededor, hasta que quizás por un milagro se volviera a escuchar el silencio o el ruido de los pájaros cantando.
–– Volver a este pueblo no es tan malo como parece mamá, dejar el computador un rato te hará bien.- dije mientras arranca del porche unas pequeñas malezas que habían crecido.
–– Una mujer ocupada es mejor que una mujer sin ocupación ni voluntad propia.- reprochó con su cuello erguido y barquilla alzada.
Típica británica.
–– Lo sé, lo dices todo el tiempo, pero también es bueno un poco de paz y yo si quiero disfrutar un poco del pueblo, tengo años que no vengo.- limpiaba mis manos para sacudir un poco la tierra de estás, cuando vi su mirada de desaprobación.
–– En definitiva sacaste el ser espiritual y liberal de tu padre, solo ustedes ven posibilidades en un estanque vacío o mejor dicho una parcela de arena.- un gesto desinteresado se dibujaba en su rostro.
–– Además la última vez que vinimos dijiste que me enseñarias a montar a caballo y jamás paso.- comenté buscando un tema de conversación que llevará a un buen lugar.
–– Será porque no hay caballos y otra cosa Deisy, no quiero verte esta vez en el pueblo a solas, ya es suficiente con tu obsesión de la vez pasada para que suceda otra vez.- su dedo índice me apuntaba severamente, lo cual se veía amenazante considerando la diferencia de estatura debido a los escalones.
– No fue una obsesión, yo sí vi a ese chico y no necesito más advertencias soy una adulta, se cuidarme sola.- reproché con su mirada desafiante puesta en mi.
– No puedes ver a los muertos.- Resopló.
Pude sentir ese frio y cortante comentario doler en lo más profundo.
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La casa de Techos altos
Misterio / SuspensoTras años de ignorancia, preguntas e incertidumbre Deisy una joven de 19 años vuelve al pueblo natal de su padre después de la muerte de su tío y su familia es obligada a pasar una temporada en aquel lugar. Sin embargo su estadía en ese pintoresco p...
