Capitulo 3: El arte de ignorar

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No había espacio para la duda. El casco negro con detalles azules descansaba sobre el asiento de la Yamaha R6; era la misma bestia mecánica que me había mandado al suelo. La misma brutalidad, el mismo uniforme y esos zapatos blancos que ahora me parecían el símbolo de mi desgracia.

​Caminé hacia él con paso firme, ignorando el pinchazo de dolor en mi rodilla. Estaba de espaldas, riendo con otros dos chicos en un Ingles rápido que no me molesté en procesar. Sus amigos me vieron acercarme y sus expresiones cambiaron, alertándolo.

​— ¡Hey, tú! — le grité, deteniéndome a un par de metros.

​Él se giró con una lentitud exasperante. Me miró de arriba abajo, deteniéndose un segundo en la mancha de mi uniforme, pero no pronunció ni una sola palabra. Sus ojos eran fríos, distantes, como si estuviera viendo un insecto molesto.

​— ¡Tú fuiste el imbécil que me arrolló hace un rato, ¿no es así?! — le recriminé, apretando los puños.

​Jimin no se inmutó. Guardó un silencio sepulcral y luego miró a sus amigos. Los tres estallaron en una carcajada burlona, una risa que me hizo hervir la sangre.

​— ¿Qué te parece tan gracioso, idiota? ¿Acaso eres estúpido? ¡¿No hablas Ingles o qué?!

​Ellos siguieron riendo entre dientes, intercambiando miradas que me hacían sentir como un extraño en mi propia tierra. Me ignoraron olímpicamente y caminaron hacia el edificio principal, dejándome allí parado, con la palabra en la boca y la rabia contenida.

​— ¡Hey! ¿Qué sucede? Te ves... muy enojado, amigo — Taehyun llegó a mi lado, observando la escena.

​— ¡Porque lo estoy! ¿Viste a ese tipo? — señalé hacia donde Jimin había desaparecido.

​— Sí, es Park Jimin. ¿Qué pasa con él?

​— Ese es el imbécil que me tiró de la moto esta mañana — solté, señalando mis heridas —. Intenté hablarle y se burló en mi cara. Supongo que es de los que no entienden el Ingles.
​Taehyun arqueó una ceja y soltó una risita nerviosa.

— ¿Jimin? Jungkook, ese tipo habla y entiende el Inglés perfectamente. Él fue quien me ayudó con mis clases de idiomas el año pasado. Es un experto en casi todas las materias.

​— ¡Es un maldito cínico! — gruñí —. Me ignoró a propósito para hacerme quedar como un estúpido.

​— Relájate — me pidió Taehyun, poniéndome una mano en el hombro—. No le des el gusto. Vamos a la enfermería; esa rodilla se ve mal.

​Después de que me vendaran la muñeca y revisaran el golpe, Taehyun me acompañó a mi facultad. Entré al aula cuando el profesor ya estaba en plena cátedra.

​— ¡Buenos días! — dije, tratando de recuperar mi disciplina habitual.

​— Buenos días. ¿Es usted de esta clase? — preguntó el docente sin levantar la vista de su lista.

​— Sí, Jeon Jungkook. Soy nuevo.

​— Llega quince minutos tarde, Jeon. En mi clase la puntualidad es ley —sentenció —. A menos que tenga un justificante médico o de servicio comunitario, no permito retrasos. Pase y siéntese.

​Asentí en silencio, sintiendo las miradas de mis nuevos compañeros. Me senté a la izquierda y me sumergí en los apuntes de Contaduría, tratando de olvidar el incidente. Tras las clases, Taehyun apareció para llevarme a la cafetería y darme un tour por el campus. El lugar era increíble: áreas verdes, piscinas olímpicas y edificios modernos. Pero la paz duró poco.

​Al llegar al campo de fútbol, mi sangre volvió a calentarse. Allí estaba él, sentado en el césped, ajustándose las rodilleras sobre el uniforme deportivo. Caminé directo hacia él, deteniéndome justo frente a su sombra. Jimin levantó la vista, me escaneó con aburrimiento y volvió a lo suyo.

​— ¡Eres un idiota! — le solté —. Debería denunciarte por lo de esta mañana.

​Él soltó una risa corta, casi un suspiro, y se puso en pie. Era un poco más bajo que yo, quizá 1.72 o 1.74, no lo sé exactamente, pero su presencia era tan dominante que la diferencia de altura parecía irrelevante.

​— Vaya, eres tú otra vez — dijo Jimin, finalmente usando un Ingles fluido y perfecto—. ¿Y qué quieres que diga? No tengo idea de qué hablas.

​— No te hagas el desentendido. Sabes perfectamente que me arrollaste con tu moto.

​— Ah... — Jimin se cruzó de brazos, ladeando la cabeza —. Tú eres el idiota que se atravesó en mi camino esta mañana y no paraba de gritar estupideces. Tienes suerte de que no te cobre los intereses por los posibles daños a mi pintura.

​— ¡¿Mi culpa?! — mi voz subió de tono —. ¡Tú conducías como un animal! Alguien como tú no debería tener licencia.

​— Y alguien como tú no debería usar el celular mientras cruza la calle, "novato".

​— Podría presentarte cargos legales, ¿lo sabes?

​—Ajá... — Jimin se acercó un paso, invadiendo mi espacio con una sonrisa provocadora —. Avísame cuando me importe. ¿Viniste hasta aquí solo para pedirme una disculpa por tu desayuno?

​— Vine a decirte que eres un cretino — respondí, apretando los dientes. ​En ese momento, Taehyun se acercó, tratando de disipar la tensión.

— Hey, Jimin. ¿Todo bien por aquí?

​— Lo estaba, hasta que llegó este a llorar por tonterías — respondió Jimin, sin quitarme la vista de encima.

​— ¿Qué pasó? — preguntó Tae con cautela.

​— Nada — Jimin se dio la vuelta para entrar al campo —. Pregúntale a tu "bebé llorón". Seguro le duele la panza y por eso no puede cerrar la boca.

​— ¡Maldito imbécil! ¡Vuelve aquí! — le grité, pero él ya corría hacia el centro del campo con el resto del equipo.

​— Cálmate, Jungkook — me detuvo Taehyun —. No lo provoques. Jimin es así... y si esperas una disculpa, mejor espera sentado. Lo mejor es que lo ignores de ahora en adelante.

​— ¡Me frustra! — exclamé —. Me arrolla y tiene el descaro de culparme a mí.

​— Olvídalo por ahora — insistió Tae—. Ven, te mostraré la biblioteca y la sala de computación. No dejes que ese tipo te arruine el día.

​Acepté, tratando de calmar los latidos de mi corazón. Había hecho un gran amigo en Taehyun, pero mi mente no dejaba de repetir la imagen de la sonrisa burlona de Jimin. "Jimin"... el nombre del bastardo que, por alguna razón, no podía sacar de mi cabeza.

𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭 𝐀𝐧𝐝 𝐒𝐚𝐬𝐬𝐲 𝐁𝐨𝐲Donde viven las historias. Descúbrelo ahora