Capitulo 8: Ojo por Ojo

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Las clases terminaron y el silencio entre nosotros se volvió denso, casi eléctrico. Esperé a que la noche cayera y los ronquidos de Jimin confirmaran que estaba profundamente dormido. Por su culpa había perdido mi mañana; ahora le tocaría pagar con la misma moneda.

Esa tarde me había desviado a una tienda sexshop. El dependiente me miró raro, pero no me importó: compré unas esposas de acero reforzado. Eran el instrumento perfecto para mi pequeña lección.

Caminé de puntillas hacia su cama. Jimin, con el cabello revuelto y la respiración pausada, parecía casi inofensivo. Casi. Con un movimiento quirúrgico, tomé su muñeca. El metal frío chocó contra su piel y él soltó un gruñido entre sueños. Me quedé congelado, aguantando el aliento, hasta que se calmó. Entonces, con un "clic" definitivo, aseguré el otro extremo al armazón de hierro de la cama.

— Dulces sueños, Park — susurré con una sonrisa de victoria.

A la mañana siguiente, me esfumé antes de que el sol terminara de salir. Tras una primera clase eterna y la cancelación de la segunda, terminé en la cafetería con Taehyung.

— Tienes una cara de satisfacción que me asusta, Jeon — comentó Tae, dejando un café negro frente a mí —. ¿A quién te cargaste?

— A nadie... todavía — respondí, saboreando el café con una calma cínica.

En ese momento, el móvil de Taehyung explotó en vibraciones. Al ver el nombre en pantalla, palideció.

— ¿Diga?

— ¡TAEHYUNG! ¡Mueve el trasero a mi habitación ahora mismo! — el grito de Jimin se filtró por el auricular, atrayendo miradas de las mesas vecinas.

— ¿Jimin? ¿Por qué demonios gritas? ¿Estás bien?

— ¡Ese bastardo... ese hijo de mil putas! ¡Juro que voy a arrancarle la cabeza!

Taehyung me miró confundido y me susurró: "Es Jimin, está fuera de sí". Luego volvió al teléfono.

— ¡Ven ya! ¡Estoy esposado a la maldita cama! ¡Sácame de aquí antes de que pierda la cabeza!
Taehyung casi se atraganta.

— Jimin... por favor. ¿Con quién te metiste anoche para terminar así? Estoy en clase, yo no puedo...

— ¡Que no es lo que crees! ¡No hubo nadie más! ¡Ven y ayúdame, me importa un carajo tu clase! ¡Esto es una emergencia!

— Está bien, está bien... enviaré a alguien. No te muevas... bueno, no es como si pudieras.

Taehyung colgó, frotándose las sienes con desesperación.

— Kook, hermano, necesito un favor de vida o muerte. Jimin está... en un aprieto en el cuarto. Yo tengo examen ahora. ¿Podrías ir tú?

— Supongo que puedo hacer ese sacrificio — dije, fingiendo desgana mientras por dentro me moría de risa.

— ¡Eres un sol! Mira — sacó una llave dorada de su mochila —, es una llave maestra del edificio. Servirá para abrir las esposas o lo que sea que ese loco haya hecho para terminar encadenado.

— No hará falta la llave, Tae — dije con una seguridad que lo descolocó.

— ¿Ah, no? ¿Y cómo piensas liberarlo? ¿Con telequinesis?

Saqué la llave original de las esposas y la hice girar en mi dedo con una sonrisa de suficiencia. Taehyung se quedó mudo. Sus ojos viajaron de la llave a mi cara tres veces antes de que su cerebro hiciera conexión.

— No... No me jodas. ¿Fuiste tú?

— Se lo merecía.

— ¡Mierda, Jeon! No sabía que tenían ese tipo de... "juegos" — soltó Tae con una risa nerviosa —. ¿Desde cuándo tanto odio se volvió tan retorcido?

— No es un juego, es una deuda — aclaré, aunque Tae ya se estaba levantando.

— Como sea, ve antes de que muerda a alguien. Pero ni se te ocurra decir que yo sabía la verdad, ¡quiero llegar vivo a los veinte!

Subí a mi moto y volé hacia los dormitorios. Al entrar, la imagen superó mis expectativas: Jimin estaba sentado en el suelo, en boxers negros, con el cabello hecho un nido de pájaros y una cara que prometía sangre.

— ¡Maldita sea, Taehyung! ¡Casi me arranco la mano! ¿Por qué tardaste...? — su voz se apagó al verme. Sus ojos se prendieron en fuego —. ¡Tú! ¡Pedazo de animal! ¡Suéltame ahora mismo!

— Vaya, qué bienvenida tan cálida — me senté en mi silla, cruzando las piernas con elegancia —. ¿Dormiste bien, "cachorro"?

— ¡Te voy a matar, Jeon! ¡Te lo juro por mi vida! ¡Sácame de esta mierda!

— Mmm, no lo creo. Me gusta más así. Te ves mucho más... manejable.

— ¡¿Manejable?! — forcejeó, haciendo que el metal de la cama crujiera —. ¡Me dejaste aquí tirado como un perro! ¡Ayer fue un código, esto es un secuestro!

— Ojo por ojo, Jimin. Ayer me encerraste, hoy te ato yo. Es justicia poética.

— ¡Justicia mi trasero! ¡Ábrela ya!

— No me gusta tu tono. Pídelo por favor... y quizá lo piense.

Jimin me miró con un odio puro, pero de repente, su expresión se suavizó de forma inquietante. Una sonrisa lenta y peligrosa curvó sus labios.

— ¿Quieres jugar a eso? Perfecto — se puso de pie, limitando el movimiento de su brazo, y llevó su mano libre al borde de sus boxers —. Tengo una urgencia fisiológica. Y como no piensas soltarme, supongo que tu cama es el lugar más cercano.

— Ni se te ocurra, Park — amenacé, perdiendo la compostura.

— ¿Quieres ver si me atrevo? — bajó un centímetro la tela, desafiante —. El olor no se va a ir en una semana, Jeon. Tú decides.

— ¡Está bien, maldito loco! ¡Te suelto!
Me acerqué a él, maldiciendo entre dientes. Al meter la llave en la cerradura, el mecanismo cedió. Pero antes de que pudiera alejarme, Jimin se lanzó sobre mí como un felino. El impacto nos mandó directo al colchón.

— ¿Te crees muy listo, verdad? — siseó, rodeando mi cuello con su brazo en una llave de asfixia —. ¡Ahora vas a saber lo que es estar atrapado!

Forcejeamos violentamente. Él era rápido, pero yo tenía la ventaja del peso y la técnica. Rodamos por la cama, dándonos golpes sordos, hasta que logré girar la situación. Con un movimiento brusco, lo inmovilicé bajo mi cuerpo, atrapando sus muñecas por encima de su cabeza.

— ¡Suéltame, animal! — gritó, tratando de darme un rodillazo donde más duele.

— ¡Cállate de una vez! — le respondí, inmovilizando sus piernas con las mías —. ¡Tú empezaste esta guerra el día que me atropellaste con la moto!

— ¡Fue un accidente! ¡Esto es sadismo puro!

— ¡Accidente mi culo! ¡Eres un prepotente que se cree el dueño del mundo!

— ¡Y tú eres un imbécil que no sabe cuándo cerrar la boca! — me escupió, logrando soltar una mano para darme un puñetazo que me partió el labio.

Le devolví el golpe, no muy fuerte pero sí lo suficiente para que entendiera que no iba a rendirme. Volví a atrapar sus manos, aplastándolas contra la almohada. Estábamos jadeando, con los rostros a centímetros de distancia.

De repente, el ruido de la pelea cesó. Solo quedó el sonido de nuestras respiraciones agitadas chocando entre sí. Jimin me miraba con un fuego en los ojos que ya no era solo odio; era algo más profundo, algo eléctrico que me erizó la piel. Sus mejillas estaban encendidas, su labio también sangra un poco, y bajo mi cuerpo, podía sentir el latido desbocado de su corazón.

— ¿Cuál es tu maldito problema conmigo? — murmuó él, con la voz rota por el esfuerzo, pero sin apartar la mirada.

— Tú — respondí en un susurro, sintiendo que la tensión en la habitación cambiaba de forma, volviéndose pesada, casi asfixiante —. Tú eres mi único problema, Park Jimin.

El silencio que siguió fue más peligroso que cualquier pelea que hubiéramos tenido antes. Ninguno de los dos se movió. Ninguno de los dos rompió el contacto visual.

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⏰ Última actualización: 7 days ago ⏰

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𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭 𝐀𝐧𝐝 𝐒𝐚𝐬𝐬𝐲 𝐁𝐨𝐲Donde viven las historias. Descúbrelo ahora