— Ten cuidado a qué juegas — me advirtió Jimin con una frialdad que me caló los huesos —. Una vez que entres allí, no podrás salir jamás.
— ¿A qué mierda te refieres con eso? — le solté, tratando de ocultar mi desconcierto.
— ¡Ja! Eres demasiado ingenuo, niño — rio con amargura —. Procura mantenerte lejos de mí si no quieres arder en llamas. Porque una vez que lo pruebes, no habrá forma de huir.
— ¿Se puede saber a qué te refieres exactamente?
— Olvídalo... — sentenció, dándome la espalda —. Y mantente alejado de mí. Te conviene.
Se encerró en el baño y no volvimos a cruzar palabra. Cuando salió, se fue directo a la cama; yo hice lo mismo. Estaba demasiado agotado para seguir descifrando sus estupideces, aunque el eco de su advertencia seguía dando vueltas en mi cabeza.
A la mañana siguiente, el estruendo de mi alarma me arrancó del sueño. Miré hacia la cama de al lado y estaba vacía. Supuse que Jimin estaría en la ducha, pero el baño también estaba desierto. Se había marchado temprano.
Me arreglé sin prisa, desayuné y me dirigí a la puerta para ir a clases. Pero al intentar abrir, el panel no cedió. Probé el código una, siete, ocho veces... "Incorrecto". El corazón me dio un vuelco. Llamé a recepción, pero nadie contestó; era demasiado temprano para que hubiera alguien en el mostrador.
— ¡Qué puta mierda! — exclamé, golpeando la madera.
Estaba atrapado. Pasaron las horas entre la desesperación y la rabia hasta que, a las 9:00 AM, por fin atendieron el teléfono. Me dijeron que enviarían a un técnico en unos minutos. Para entonces, ya había perdido la primera hora de clases. Cuando el técnico logró abrir, salí disparado.
— ¡Muchas gracias! No sabe cuánto tiempo llevo ahí encerrado — le dije, recuperando el aliento.
— Descuida, joven. Ya está solucionado.
— ¿Y cuál era el problema? ¿Algún fallo en el sistema eléctrico?
El hombre guardó una herramienta y me miró con naturalidad.
— Estaba introduciendo el código incorrecto, eso es todo.
— ¿Incorrecto? Pero si es el que me asignaron al mudarme. Ayer funcionaba perfectamente.
— Pues alguien lo cambió — añadió él con un encogimiento de hombros —. Su compañero también tiene acceso al sistema. Seguro lo cambió y olvidó avisarle. Que tenga un buen día.
Me quedé helado mientras el ascensor se cerraba. No había duda: esto era obra de Park Jimin. El muy imbécil me había dejado encerrado a propósito antes de irse. "Hijo de puta", pensé, apretando los puños. Me la pagaría, pero ahora tenía que correr para no perder la segunda hora.
La clase de español transcurrió normal. A pesar de mi nacionalidad coreana, siempre se me había dado bien el idioma y me lleve de maravilla con el profesor. Al terminar, me reuní con Taehyun en la cafetería. Él me presentó a sus amigos: Lee Felix, un chico algo tímido, y Taemin, que resultó ser muy simpático.
Estábamos almorzando cuando, al levantar la vista, vi a quien menos quería ver: Park Jimin, sentado en otra mesa con sus habituales acompañantes.
— ¡Agh! Ese imbécil... — mascullé.
— ¿Qué sucede? — preguntó Taehyun, siguiendo mi mirada.
— Ese cretino. Es imposible convivir con él. Perdí la primera hora de clase por su culpa. Me cambió el código de la puerta y me dejó encerrado.
— ¿Qué? ¿Park Jimin y tú comparten habitación? — intervino Taemin de repente. Su tono había cambiado y su expresión era extraña, casi tensa.
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𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭 𝐀𝐧𝐝 𝐒𝐚𝐬𝐬𝐲 𝐁𝐨𝐲
FanfictionEn el bullicioso campus universitario de Seoul, Jungkook, recién llegado de Estados Unidos, se prepara para iniciar una nueva etapa en su vida. Sin embargo, su primer día en la universidad da un giro inesperado cuando es atropellado por Jimin y su m...
