Capitulo 1: Colisión en el asfalto

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JEON JUNGKOOK

​Mi nombre es Jeon Jungkook. Tengo veinte años y acabo de aterrizar en Seúl con los huesos molidos y la mente en blanco.

​Son casi las 11:00 PM. El aeropuerto de Incheon, que suele ser una coreografía perfecta de gente, hoy se siente como un purgatorio. Mi vuelo se retrasó dos horas por fallas técnicas y el drama de unos pasajeros que decidieron que era buena idea discutir en la puerta de embarque. En total, pasé catorce horas y cuarenta y cuatro minutos encerrado en una cabina de metal. Un viaje agotador no es una descripción justa; siento que el jet lag me está drenando el alma.

​¿Qué hago aquí? La respuesta es simple: disciplina. Fui aceptado en una de las universidades más prestigiosas del país gracias a un rendimiento académico que no dejó espacio para errores. Aunque nací aquí, en Corea del Sur, crecí en el extranjero. Mis recuerdos de este país son retazos de vacaciones familiares, luces de neón y el sabor de la comida callejera. Ahora, Corea ya no es un destino turístico; es mi campo de batalla.

​Mis padres, siempre protectores, insistieron en alquilarme un departamento de lujo en la ciudad. Querían que tuviera mi propio espacio, lejos del bullicio estudiantil.
Accedí por pura inercia, pero el destino o la falta de oferta inmobiliaria tenía otros planes.

No conseguimos un lugar adecuado a tiempo. Las pocas opciones disponibles estaban tan lejos del campus que el tráfico de Seúl destruiría mi rutina antes de empezarla. Así que, tras mucho insistir, logré que aceptaran mi ingreso a las residencias universitarias. "Solo temporalmente", dijeron ellos. "Es la mejor opción", pensé yo.

​Debido al retraso del vuelo, perdí la ventana de tiempo para recoger mis llaves. La recepción del edificio cerró a las 7:00 PM, así que me encuentro varado en un hotel cercano. Mañana a primera hora iré por la llave, conoceré a mi compañero de cuarto y empezaré mi vida.

​Tras una ducha que me devolvió un poco de humanidad y una cena rápida pedida a la habitación, le escribí a mis padres. Todo está bien. Luego, le envié un mensaje a mi novia, Harim. Ella no sabe que estoy aquí; cree que seguimos a miles de kilómetros.

Quiero darle la sorpresa de su vida cuando me vea en los mismos pasillos de su universidad. Llevamos tres años de una relación a distancia que ha sido una prueba de fuego constante.
La conocí en un viaje de verano y, desde entonces, nos hemos aferrado a videollamadas y fechas especiales.

Ella es perfecta: carismática, inteligente, el ancla que me mantuvo enfocado. Saber que mañana podré besarla sin que un avión nos separe es lo único que me mantiene despierto.
​Mañana es el primer día. Debo estar impecable. Mañana, mi futuro comienza de verdad.

PARK JIMIN

​Mi nombre es Park Jimin, tengo veinte años y estoy a un segundo de mandar todo al carajo.

​Me duele la cabeza, mis pies arden y estoy convencido de que este trabajo es una maldición. Los jefes son unos tiranos de oficina y los clientes... los clientes son el desecho de la sociedad.

Trabajo a medio tiempo como camarero en un antro de mala muerte que vende comida grasienta y alcohol barato. Sirvo platos, limpio vómito y aguanto insultos.

​¿Por qué lo hago si mis padres tienen las cuentas bancarias llenas? Porque no soy un parásito. No quiero herencias ni favores. No quiero que nadie me diga: "Eres alguien gracias a nuestro dinero". Prefiero romperme la espalda limpiando mesas a deberles un solo centavo de mi libertad.

El dinero de mis padres es una cadena de oro, y yo prefiero estar libre, aunque tenga los bolsillos vacíos.
​Vivo en los dormitorios del campus por la misma razón. Es gratis y me mantiene lejos de las críticas constantes de mis progenitores. Solo vuelvo a esa casa por mi hermano menor; él es el único que tiene un alma dulce en esa familia de tiburones.

​Respecto al amor... no creo en él. Las relaciones son un contrato con cláusulas de engaño y dolor de cabeza. Prefiero los amoríos de una noche, la adrenalina de lo efímero. No busco a nadie y no espero nada.

​Mi turno termina a las 12:00 AM. Cuando finalmente cierro la tienda y recibo mi miserable paga, solo pienso en mi motocicleta. Es mi único lujo, mi vía de escape. Camino hacia el estacionamiento a unas cuadras del local porque a mis jefes les molesta que la moto "arruine la estética" de su fachada. Ridículo.

​En una esquina, veo a los últimos tres clientes que atendí. Tipos de unos cuarenta años, con el juicio nublado por el alcohol y el humo del cigarrillo. Los ignoro, pero escucho sus pasos detrás de mí.

​— ¡Ey, tú! Chico — grita uno de ellos.
​Me detengo. Trato de ser amable, pensando que olvidaron algo. Error.

​— ¿Sí? — pregunto, con el tono más neutro que puedo fingir.

​— Ven a divertirte con nosotros — dice el tipo, acercándose demasiado—. Quiero pasar un buen rato contigo. Puedo pagarte más de lo que sacas en ese agujero.

​— No me vendo — respondo, sacando las llaves de la moto —. Váyanse a casa.

​De pronto, dos de ellos me sujetan los brazos con una fuerza bruta. El líder se acerca, me toma de la mandíbula y me obliga a mirarlo. Su aliento apesta a tabaco, soju barato y algo podrido. Me revuelve el estómago.

​— Tienes una boca muy linda — murmura, pasando su pulgar por mi labio inferior —. Se vería mejor rodeando mi...

​— ¡Suéltame, pedazo de idiota! — le grito, pero él empieza a tocarme el cuerpo con manos sudorosas.
​La paciencia se me acaba. No soy un "buen chico". Soy Park Jimin.

​Le planto una patada en el estómago que lo dobla por la mitad y lo manda al suelo. Antes de que sus perros reaccionen, les propino un par de golpes secos en la cara. Me libero con un tirón violento. El líder gime en el suelo, sangrando por la boca.

​— Eres una maldita perra — escupe él.

​— Y no te acerques, porque muerdo — siseo con una mirada que los hace retroceder— . ¡Lárguense de aquí si no quieren que los deje sin dientes! ¡YA!

​Se van corriendo como las ratas que son. Estoy acostumbrado a esto. En el trabajo me contengo para no ser despedido, pero fuera de esas puertas, soy el dueño de mi propia violencia.

​Compro algo de comida rápida en el camino, subo a mi moto y acelero. Solo quiero una ducha fría y dormir una semana entera. Mañana empiezan las clases, el tercer semestre. Otro año rodeado de idiotas y libros. ​Mañana será un día largo.

"¡Hola a todos! He enviado la historia temporalmente a borradores para una limpieza profunda. Necesito corregir errores de ortografía y estilo que ya me estaban desesperando. No se preocupen, volveré a subir los capítulos en los próximos días, así que manténganse alerta. ¡Gracias por seguir aquí y disfruten de la nueva versión mejorada!"

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𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭 𝐀𝐧𝐝 𝐒𝐚𝐬𝐬𝐲 𝐁𝐨𝐲Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora