Extraños.
Me senté en las sillas de la banca para rellenar los cuadros de revisiones que haría después a los jugadores, sentí la presencia de alguien pero no le presté mucha atención.
—Asi que eres la nueva fisio.— dijo una voz de repente, lo miré y lo conocía pero no recordaba su nombre.
—Si, relativamente.— respondí devolviendo mi mirada al informe.
—¿Relativamente?— dudó él.
—Es semana de prueba, si los convenzo seré la Fisioterapeuta oficial.— respondí está vez mirándolo.
—Ah entiendo...— dijo sonriendo, que lindo que era.
—Si...—no sabía que más decir.
—No eres Española, verdad?.— dijo de la nada.
—No, soy de El Salvador— dije viendo hacia los otros jugadores que terminaban algunos ejercicios extras.
—Asi que salvadoreña... Tu acento es medio extraño.—
—Supongo que sí, tu tampoco eres Español verdad?.— ataqué.
—Jeje no, soy portugués.— dijo orgullosamente.
—Potugal eh, interesante.— dije está vez sonriendo.
Nos mantuvimos charlando por un buen rato (en el que en ningún momento mencionó su nombre) hasta que los entrenamientos terminaron y él tubo que irse, yo me fui a mi consultorio ya que mandé a llamar a algunos chicos que examanaría por unos que otros reveces en el campo.
Revisé a tres jugadores, entre ellos Pedri.
—Buenas, me mandaste llamar.— dijo él con algo de tímidez.
—Sí, te haré unas pruebas.— le dije poniéndome de pie e indicándole que se posicionara sobre la camilla, estaba nerviosa para ser sincera, ósea era Pedri, ¡Pedri!.
—Vale...— fue lo único que artículo y se sentó en la camilla.
Comencé con el análisis, este chico estaba malísimo de los músculos, necesitaría más movimiento, proteína y unas cuantas terapias.
—Bien, ya acabé... Tus músculos están tensos por eso corres más despacio, te duele?.— le pregunté mirándolo, hicimos contacto visual, casi muero.
—Sí, un poco.— dijo tocándose la nuca.
—Pero no dices nada por vergüenza o por hacerte el valiente, me equivoco?.— dije escribiendo en mi informe.
—No es por hacerme el valiente, creí que se quitaría con analgésicos.— dijo en su defensa.
—Pues te pondrás peor si no se trata, te haré unas terapias y te supervisaré en los entrenamientos, además jugarás menos.— cuando dije lo de jugar me miro instantáneamente.
—No, no es para tanto, yo quiero y puedo sin ningún problema jugar.— me dijo con desilución e indignación.
—Te entiendo créeme, pero no podemos ponerte en riesgo, si llegas a jugar más de 40 minutos puedes sufrir una lesión no intencionada letal.— explique tranquilamente.
—¿Letal?.— preguntó con incredulidad.
—Con eso me refiero a no jugar por aproximadamente 4 meses y tener un agudo dolor insoportable por ese laxso de tiempo... Ah y ni hablar de las dolorosas terapias.— volví a explicar.
Él me miraba atento mientras yo explicaba, tuve que desviar la mirada porque me ponía realmente nerviosa este chico.
—El viernes hay partido, podrías hacerme las terapias antes para jugar por lo menos el primer tiempo?.— preguntó con esperanza.
—Lo siento Pedri, no podrás jugar el viernes, o a menos que...— dije haciendo una pausa Interesante.
—¿Que? ¿Que?.— preguntó con esperanza.
—A menos que juegues en el segundo tiempo, haré lo posible porque tus músculos se acostumbren y... hablaré con Xavi para que te ponga a jugar por lo menos 30 minutos.— le dije poniéndome de pie.
Él pareció pensárselo por un momento, luego sonrió.
—Gracias, muchas gracias eh...?— dudó.
—Alejandra, puedes llamarme Alejandra.— le dije sonriendo.
—Alejandra, muchas gracias.—
Mi nombre se escuchaba precioso en sus labios, una de las reglas que me había planteado antes de llegar a las pruebas era no enamorarme de ningún jugador, pero Pedri me estaba haciendo romper esa regla.
Pero al darme cuenta que no sabía mi nombre me di cuenta que solo éramos unos Extraños.
Terminé mi trabajo y ordené, salí de la ciudad deportiva directo a la parada de autobús.
—¿Vas a pie? ¿Quieres un aventón?.— preguntó una voz desde un auto que paró a unos metros a mi lado.
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Sin prejuicios - Pedri Gonzáles.
Fanfiction-Ella no es mi tipo, ya se los dije- dijo Pedri con seguridad. Ella estaba enamorada perdidamente de él pero sabía que jamás se fijaría en ella por los prejuicios que siempre estaban presentes. -Me iré de Barcelona...- dijo Alejandra viendo como él...