"Lixie...". Murmura Chris como una exhalación.
Y él no puede apartar la mirada, diminuto agitado como un dragon recién nacido, solo puede pestañear mirándolo absorto.
"No hay pecado en probar los placeres de la carne -siente el aliento caliente del...
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Quizá ese sea la excusa perfecta para que su padre lo orille a casarse, cuanto antes mejor y callar todas esas bocas.
En esos meses que siguen no sabe nada de Chan, y le duele el pecho por la ausencia y en más de una oportunidad sueña con él.
Sueños violáceos como una tormenta, el cielo atrapado en un atardecer infinito, ojos que lo devoran en la oscuridad, dedos largos palpando su piel, desnudándolo con paciencia y la voz sedosa deslizándose en un cariñoso valyrio.
Boca que lo muerde y lo consume como llamas.
Felix no hará nada, se dejará dulcemente tendido en las pálidas sabanas gimiendo y lloriqueando cuando su tío le dé lo que necesita, porque el hombre lo sabe, siempre lo ha sabido y no hay nadie más que sacie esa hambre.
Entonces él despertará sudoroso y adolorido, medio lloroso. E ignorará en esas mañanas las cosas atroces que hizo en la madrugada para calmar esa sed.
*****
Los días son raudos como un dragón surcando el cielo y cuando menos lo espera falta solo un día para su boda.
Felix no es el primero en la línea por eso siempre se ha salido con la suya, pero algo cambió profundamente en él luego de ese encuentro con Chan.
Él no piensa en eso más.
Sabe que al final, este matrimonio es un arreglo simplemente para unir ambas casas, ella es hermosa, pero realmente no está interesado.
Por lo menos no en las damas, en sus descubrimientos más recientes y encantadores se da cuenta que sus ojos violáceos se deslizan con más facilidad hacia los caballeros con armadura que las damas que le regalan corona de flores cuando participa en combates.
Al menos, tuvo la gracia de conocer a la dichosa mujer que será su futura esposa, y pudieron llegar a un arreglo interno.
Una especie de bálsamo que su dragón interior necesita para lamer sus heridas.
Felix mira su reflejo, el rojo y negro en su traje resalta su belleza afilada, su cabello platino en diminutas trenzas, cae en ondas, adornado con pequeñas pinzas doradas.
Sus ojos resaltan con el brillo y kohl que delinea sus párpados.
Danny, su hermana mayor, comparte una alegría que no lo habita, él trata de ignorarla con todas sus fuerzas, pero es como si una parte monstruosa de ella se regocijase con todo esto, de su agonía y sufrimiento.
¿Quizá ella lo odia y le enferma saber que Felix es hijo de la mujer que más amo su padre?
Quizá eso la lastima, y es una mierda con él.
Quizá es consciente que a pesar de ser ella la primogénita, él siempre fue el hijo predilecto, el lucero bajo el cielo y el tesoro en los brazos de sus padres a quien acudía para ser escuchado.
Aunque Felix es un tonto, debió imaginarlo con los años, pero siempre ha sido ingenuo.