Capítulo 7

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Permanecimos uno al lado del otro, ninguno de los dos dijimos nada (aunque no es como si yo pudiera hacerlo de todas formas), sabía que le sucedía algo y no parecía ser bueno, «¿tendrá que ver con esa chica?» pensé intrigada. Siendo honesta, deseaba con muchas ganas que me dijera quién era ella y por qué le había afectado tanto verla, pero entendía que no podía apresurarlo para contármelo, por lo que me dediqué a recordar todos los sucesos que me habían llevado hasta allí.

Esa mañana me había levantado temprano para ir al trabajo, luego de desayunar bajé las escaleras y encontré a mi madre desayunando en el patio. Desde que yo era pequeña ella tenía el hábito de levantarse muy temprano con la intención de ver el amanecer, cuando era más chica solía esforzarme mucho para levantarme a esa hora con ella, «¿quién diría que ahora era capaz de hacerlo tan naturalmente?»

Tomé asiento al lado suyo, con una sonrisa me ofreció un mate, y yo acepté devolviéndole el gesto. Con la mirada examiné todo el lugar, el complejo constaba de 14 departamentos, de los cuales solo 9 estaban en uso, en el piso inferior había 1 ocupado por mamá, otro por mí y 4 residentes más; en la parte superior vivía, Alex y 2 residentes que aún no había conocido. Todos conectados por un patio central muy limpio, hecho de ladrillo y decorado con arbustos. Algunos bancos de cemento servían para que los residentes de allí convivieran los unos con los otros, o disfrutaran la calma que ofrecía el pueblo.

—¿Lista para tu primer día de trabajo?

—Sí, muero de nervios, pero estoy muy ansiosa —respondí en señas. Ella sonrió y agregó.

—¿Quieres que te acompañe?

—No es necesario... Ah, Lu y yo saldremos esta tarde, por lo que vendré un poco más tarde.

—Ya veo, recuerda que esta noche Alex vendrá a cenar con nosotras, así que no tardes mucho —dijo con una sonrisa muy extraña en su rostro, sonrisa que me hizo acordar a Lu cuando me molestaba.

—Lo sé, volveré antes de la cena.

Por un segundo creí haberme sonrojado un poco, pero debió ser mi imaginación. Sí, me sentía alegre de que Alex viniera a cenar, pero no creía que podía ser por "ese" motivo «¿qué significa "ese" exactamente?» me preguntó una vocecita en mi cabeza que ahuyenté agitando la cabeza.

Mamá me hizo una seña de que se me iba a hacer tarde, por lo que me apresuré a prepararme y me fui a trabajar.

La biblioteca del pueblo era bastante grande, una puerta doble permitía la entrada al edificio de dos pisos, tanto las paredes como el suelo eran de madera barnizada, grandes candelabros iluminaban desde el techo el gran espacio repleto de mesas, sillas, estantes y, por supuesto, libros de todos los tipos.

La señora Ariana Bloom, era la bibliotecaria encargada del lugar, ella era una mujer alta, de pelo oscuro con algunas canas apenas visibles, su mirada seria y su nariz ganchuda le habían permitido ganarse el apodo de "bruja de la biblioteca". Apodo proporcionado por los chicos más jóvenes y revoltosos del pueblo, a quienes vivía silenciando en el establecimiento. Su trabajo consistía desde la administración del lugar, hasta atender a los visitantes que allí concurrían. En cambio, mi trabajo, por el momento era reponer y ordenar los libros, debido a mis dificultades para comunicarme con los otros, no podía tomarme el lujo de atender a las personas, "al menos por ahora" había dicho ella con una sonrisa amable que derrumbaban los rumores que había a su alrededor.

Pasado el mediodía, mi turno había terminado, y Lu ya estaba esperándome en la puerta, con su mirada ansiosa. Recorrimos las tiendas del centro en un par de horas, en un pueblo tan chico como este, no abundaban las cosas para hacer, los niños solían divertirse con cualquier pequeñez, pero para nosotros la diversión era limitada. Y con Lu lo era aún más.

Amor ciego, sordo y mudoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora