CAPÍTULO 10

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WHAT WAS I MADE FOR?

- Emma. Los de la mesa ocho me acaban de decir que hace veinte minutos pidieron las bebidas y aun no las tienen. – Rob se limpió las gotas de sudor con un paño y respiró exhausto debido a la abundancia de gente. – Por favor, podrías llevarles la comida. Necesito descansar y recordarles a mis pulmones cómo funcionar.

- Claro.

Agarré la bandeja y fui a la cocina para servir yo misma las bebidas.

La celebración estaba siendo todo un éxito, y el orgullo me invadía tanto que apenas podía sentirme agobiada. Al contrario, a Rob parecían haberle atropellado dos camiones. Les entregué a la mesa ocho sus respectivas bebidas y volví a mi taburete donde vigilaba el entorno y los empleados podían informarme sobre cualquier cosa. Por primera vez en mi vida me sentía jefa.

A lo lejos vi a Evan y Riley, quienes se habían ofrecido trabajar como camareros y llevaban unos trajes negros con un delantal blanco. A Charlotte también le hubiese gustado participar, pero tenía unos asuntos familiares así que no pudo acudir.

- Ey. – Dean se acercó con el pelo revuelto y la cara manchada de grasa. – Ya he conectado las luces, se supone que cuando activemos las luces del porche también se iluminarán los faroles.

- Gracias Dean, en serio. No sabes lo mucho que me has ayudado.

El chico le restó importancia y le entregué papel para que se limpiara. No obstante, finalmente le sugerí que se diera una ducha en una de las habitaciones del hostal y tras consultarlo con Rob, le entregó una llave.

Poco después, Riley se aproximó con una cara de asco pegada en su rostro.

- Odio con toda mi alma al tío de Zach. No hace nada más que mandarme de un lado a otro llamándome "chiquilla". ¡Como si no me conociera de toda su vida!

- ¿Qué te ha pedido ahora?

- Las luces. – refunfuñó, recogiéndose su rubia melena en un moño alto. - ¿Ha terminado Dean?

- Sí. ¿Vas a encenderlas?

- Qué remedio. Esperemos que las manos de un músico hayan servido para electricidad.

Cinco minutos después, todo el jardín se iluminó con faroles de colores. Los invitados quedaron fascinados por el ambiente y no paraban de cuchichear acerca de la gran velada de esa noche. Entonces, noté a lo lejos a Zach mirándome y me guiñó un ojo desde su asiento próximo a Reece.

Toda la noche había percibido desde lo lejos su incomodidad, y ciertamente, para no estarlo al lado de ese hombre. De vez en cuando me lanzaba miradas desesperantes e imitando morirse, a lo que yo me reía.

Mi móvil vibró un par de veces y en la pantalla apareció el nombre de Dean, pidiéndome si podía ir un momento a la habitación que tenía un problema. Así, le pedí a Evan que me cubriera y me encaminé hacia el número de la habitación. Como no estaba echada la cerradura, abrí sin llamar y dentro me encontré a Dean con los mismos vaqueros, pero sin camiseta.

- ¡Mierda! Perdón, debería haber llamado. – giré la cabeza, avergonzada.

- No te preocupes Emma. En serio.

Tragué saliva y volví a dirigirle la mirada. Sin embargo, aunque intenté lo inevitable, quizás mis ojos descendieran un poco hacia su desnudo torso.

- Eh... ¿qué pasa? Me has mandado un mensaje sobre un problema. – tartamudeé nerviosa.

- Sí, verás, los pantalones no están tan manchados. Pero la camiseta está llena de grasa y polvo de cuando he estado en el sótano con las instalaciones eléctricas. Por casualidad no podrías pedirle a Rob que me diese algo que ponerme.

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