CAPÍTULO 6

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KARMA

La suavidad de las sábanas me apaciguó en la ráfaga fría de aire que recibió mi rostro. Me acurruqué más en la almohada relajada, tan solo disfrutaba de la calidez en la cama.

Hasta que un alma caritativa interrumpió mi quinto sueño para gritar por toda mi habitación.

- ¡Vamos Emma! ¡Arriba! ¡Es hora de levantarse! – vociferó Riley y abrió mi ventana.

Los rayos de luz impactaron mi cara y entrecerré los ojos cegada por el Sol. Hundí mi rostro en la almohada y ahogué unos gritos de queja.

- ¡No! ¡Déjame! Has interrumpido mi sueño.

- ¿Y qué estabas soñando? – preguntó curiosa otra voz, que por mi estado medio dormido no logré reconocer de quién era.

- Aprobaba por primera vez un examen de mates. – murmuré.

Riley me sacudió con fuerza para intentar despertarme, a lo que respondí alejándome de ella y acurrucándome en el extremo de la cama más próximo a la pared.

- ¡Levántate, Emma! Tenemos miles de planes que hacer hoy.

- Pero hoy es mi día libre. De descanso. De mi siesta larga española que dura todo el día.

- No me seas vaga.

Ciertamente no lo era. Ya habían pasado diez días desde mi llegada a Dublín, y el trabajo en el hostal era más agotador de lo que yo pensaba. Rob estaba continuamente mandándome tareas y quejándose de su vida, como si fuera el único desgraciado. Y lo único que deseaba en esos instantes era dormir. Dormir. Y con algo de suerte, dormir más.

Aun estaba medio dormida, pero oí voces de fondo en mi habitación. Finalmente, la puerta se cerró y respiré tranquilamente. Ambos se habían rendido y yo podía cumplir mi sueño. O eso era lo que pensé hasta que la misma voz extraña abordó mis oídos.

- ¡Emma! ¡Arriba!

Pegué un pequeño salto sobresaltada y me giré en la cama para ver a Zach con las manos en la cintura y expresión desesperada. Tenía el ceño fruncido y una mirada persuasiva.

Hacía más de una semana que no había sabido de él. De repente, me dedicó una canción de Taylor Swift y desapareció. No me importaba por supuesto. ¿Cómo me iba a importar? Apenas lo conocía. Y él apenas me conocía a mí. El hecho de que me hubiese dedicado esa canción era para entablar una bonita... y sincera amistad. Una buena amistad.

- ¡NO! ¡Largo! – espeté y me eché las sábanas por encima para ignorar su presencia.

- Emma, último aviso. Es por las buenas o por las malas.

Lo ignoré.

- O te levantas o te levanto.

Abrí los ojos con sorpresa debajo de las mantas. Pero tampoco tuve tiempo de mandarle a la mierda cuando algo me agarró por el tobillo, arrastrándome por toda la cama hasta hacerme caer de la cama.

Dolorida por el golpe, me masajeé la cabeza y miré hacia arriba. Zach estaba sonriendo, seguramente satisfecho por su victoria.

Pero yo soy Emma Bianchi, y nunca pierdo. Rápidamente, alcancé un cojín que también se había caído de la cama al ser arrastrado y se lo lancé. Mi intención era la cara, pero teniendo en cuenta que mi puntería era nefasta y estaba tumbada en el suelo, el cojín tuve una trayectoria menor. Mucho menor. En otras palabras, quizás le diera en sus partes débiles.

- ¡Ah!

Zach se encogió de dolor cubriéndose con las manos esa zona para evitar otro posible ataque. Al final, ambos acabamos tumbados en el suelo de mi habitación como fruto de mutua violencia.

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