¿Cómo... no sentirse abrumada? Los cristales filosos de un invisible vidrio caían cual lluvia sobre su frágil cuerpo. Sin evitarlos. Permitiéndoles caer sobre ella. Clavarse sobre su piel. Ese era el sentimiento si pudiese describirse nítidamente... ella estaba bañada en la desesperación. Y estaba ahogándose en la desesperación incluso cuando no estaría completamente sola.
Su alma estaba aterrorizada de la idea de haber perdido eternamente a su madre. Y esos vidrios se clavaban cada vez más en su piel ante el pensamiento que la castigaba.
El horrible sentimiento continuaba clavándose sobre su ser. Sobre su frágil ser. Sintiendo el dolor de sus palabras. La crueldad de la cual se arrepentía. Porque el sentimiento del miedo la estaba rodeando como una manta fría y sucia, un sentimiento que provocaba dolor en su corazón.
Y ella hubiese descendido a la desesperación si hubiera estado sola. Lo cual no fue el caso. No. Una mano amorosa toco su hombro, acuclillándose en frente de ella estaba Linda Mitchell con una mirada llena de comprensión. Devolviéndola a la realidad. Escuchando todo el caos al fondo, descubriendo que todo este tiempo... se ahogaba en sus propios pensamientos, incapacitada de haber notado que el resto la miraba preocupadamente.
—Querida — Linda diría con una sonrisa en su rostro. Esas sonrisas maternales que inmediatamente te dicen que todo ira bien sin importar el desenlace —, Te vamos a ayudar a encontrarla. Las madres somos fuertes, así que no pienses en el peor de los escenarios, estoy segura de que ella no va a querer eso, va a querer que seas fuerte para que ambas puedan volver a reencontrarse.
—Pero...
Intento hablar (t/n) cuando sintió una suave risa. Y asintió, comprendiendo que preocuparse y caer en un estado de desesperación solo terminaría en desastre. Linda tenía razón. Perder el control de tus emociones solo te impulsaría a un oscuro callejón sin salida.
Y nadie desearía tomar ese camino.
—La encontraremos, ahora estas con nosotros.
Pero ahora... se cuestionaba muchos sus elecciones sobre decidir seguir a esta peculiar familia. Sobre todo... desastrosa familia. Si hubiese estado mucho más serena podría haber tenido la fortuna de haber corrido hacia la familia de Abby, claro... pero que diversión tendría eso cuando ambas siquiera eran amigas cercanas. O siquiera tuviese una persona que desearía hablar con ella... tanto como Aaron que siempre busco una forma de saludarla, sin saber que esas pequeñas acciones la hacían sentir felicidad.
¿Un error...? No. Pero con tan solo ver cómo está familia era un lio la hizo replantear su elección. Pero no tenía más elecciones. Conocía a Aaron... con él cerca al menos tendría oportunidades de no ser secuestrada. O eso quería creer cuando todos estaban alrededor del otro diciendo cuanto se querían, así como sintió más de una mano en sus hombros confundida sobre esto e incómoda, aunque está familia si sabía quién era ella.
Y como no saberlo... si cada que Aaron llegaba de la escuela solo era capaz de hablar de ella. Sus gustos al elegir sus vestimentas. Como su cabello se veían tan suave como un algodón de azúcar. Como su perfume le recordaba a un campo de flores. Solo podía pensar en ella. Desde que despertaba hasta que se iba a dormir solo sabía pensar en ella... en como acercarse, temiendo la idea que su padre planto sobre su cabeza en como un día otro muchacho se la robaría si no hacia algo al respecto.
¿Sin embargo, se declararía? Ha. No.
Esa idea lo aterraba.
Lo aterraba al nivel de desvelarse toda una noche. Recostado en esa cama con miles de escenarios ficticios de ella marchándose con otro chico. A veces imaginaba a uno de los chicos populares que la sorprendía con sus jugadas en el futbol americano, otras veces era el chico más inteligente de la clase él que se ofrecía a ayudarla... en conclusión; él estaba en un punto medio de ser invisible. El chico raro.
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Real Gone! {Aaron Mitchell & Lectora} Finalizada
FanfictionNo...: Fueron sus únicos pensamientos durante una fracción de tres minutos completos en el instante que se derrumbó en el suelo dolorosamente. Sus manos soltaron las de su madre. No deseaba soltarla. Pero... estaba sudando llena de miedo. Había solt...
