𝐒𝐢𝐱 | 𝟎𝟔

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❝Obsequios y una bendición❞ꨄ︎

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Obsequios y una bendición
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Los cinco corrían con una desesperación inigualable, su aliento escapaba en nubes de vapor helado a su alrededor. El viento rugía entre los árboles que titiritaban de frío, además de temor; como si la misma Narnia lamentara lo que acababan todos de presenciar. Edmund acababa de desaparecer tras las puertas del castillo de la Bruja Blanca.

—¡Edmund! —gritó Lucy, su voz quebrada por el miedo.

—¡Shh! —la interrumpió el Sr. Castor, sus pequeños ojos oscilando entre la niña y la amenazante silueta de la fortaleza de hielo. Entonces vio a Peter dar un paso adelante. —¡No! —exclamó, aferrándose a la manga de su abrigo con todas sus fuerzas.

Peter lo miró con furia y sacudió su brazo con fuerza.

—¡Suéltame! No puedo dejarlo ir—dijo con la mandíbula tensa, la impotencia brillaba en su mirada.

—¡Es nuestro hermano! —exclamó Susan, su rostro pálido por la preocupación.

—¡Es la carnada! ¡¿Qué no lo entienden?! —rugió el Sr. Castor, mirándolos con urgencia—. La Bruja los quiere a ustedes cuatro... Los próximos reyes de Narnia.

Hubo un silencio tenso. El viento nuevamente silbó entre las ramas secas y apenadas por el silencio que abrumó la escena.

—¿Por qué? —preguntó Aldara, con el ceño fruncido, inundada de preguntas sin respuesta. ¿Qué reyes de Narnia?

—Para evitar que la profecía se cumpla —susurró el castor, con voz grave—. ¡Los asesinara!

Susan sintió que el suelo se abría bajo sus pies.

La mayor del grupo tragó saliva, la adrenalina le quemaba las venas; no pensaba con claridad. Cometería una locura con tal de traer a su hermano de regreso.

—Si ella espera a los cuatro hermanos —dijo Aldara de pronto, alertando a todos—, no me espera a mí. Yo iré por él.

Sin titubear, deslizó una mano por su falda y, con un movimiento rápido y certero, extrajo una pequeña navaja de hoja afilada que destelló con la luz pálida de la luna, ambas parecieron brillar en sintonía. Era una luz brillante de acero en medio de la nieve y oscuridad.

Los demás la miraron con ojos desorbitados.

—¿Qué? Siempre la llevo por seguridad —se justificó con naturalidad, como si no hubiera hecho nada fuera de lo común.

El Sr. Castor retrocedió instintivamente, como si la mera presencia de aquella hoja en manos de la joven despertara en él una alarma mucho más grande.

La reconocerían aún más rápido con aquel objeto en su mano.

—¡Mi lady Lennox, no puede! —exclamó con desesperación—. ¡No tengo permitido decirle mucho más...! Pero la Bruja la espera a usted más que a nadie. Tal vez aún no lo sepa... pero usted es parte de la profecía. ¡Si la encuentra, la matará primero!

The Last She |Peter Pevensie|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora