IX

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Remus terminó de leer, no llego a decir quien quería leer que James ya había levantado la mano. Remus le dio el libro para que siguiera leyendo.

James se aclaró la garganta y empezó a leer

Capítulo 3 "Las cartas de nadie"

la fuga de la boa constrictor hizo que Harriet se ganara el castigo más largo de su vida. Para cuando le dieron permiso para salir de su armario, ya había comenzado las vacaciones de verano y ya había roto su nueva cámara de video, chocado su avión a control remoto Y, en la primera salida con su bicicleta de carrera había atropellado a la anciana señora Figg cuando cruzaba Private Drive con sus muletas.

—¿Cuanto tiempo la tuvieron encerrada? —Preguntó Lily Evans.

Harriet se alegraba de qué las clases hubieran terminado, pero no había forma de escapar de la banda de Dudley , qué visitaba la casa cada día. Piers, Dennis, Malcom y Gordon eran todos grandes y estúpidos, pero como Dudley  era el más grande y el más estúpido de todos , era el jefe. El resto de ellos se sentían muy felices de de unirse al deporte favorito de Dudley: cazar a Harriet.

por eso es que Harriet pasaba la mayor parte del tiempo posible fuera de la casa, dando vuelta por allí y pensando en el fin de las vacaciones, donde podía ver un pequeño rayo de esperanza. Cuando llegara septiembre, iría la secundaria y, por primera vez en su vida, no iría con Dudley. Dudley tenía una vacante en el antiguo colegio de Tio Vernon, Smeltings. Piers Polkiss también estudiaría allí. Harriet, en cambio, iba a ir a la escuela pública de la zona; Stonewall. Dudley Pensaba que eso era muy divertido.

—En Stonewall le meten la cabeza a la gente en el inodoro el primer día — dijo a Harriet—. ¿ Quieres venir arriba y practicar?

— No, gracias — respondió Harriet —. Los pobres inodoros nunca han tenido que soportar nada tan horrible como tu cabeza, pueden descomponerse. — y salió corriendo antes de qué Dudley pudiera entender lo que había dicho.

James tuvo que dejar de leer ya que empezó a carcajear, junto a Sirius, Remus y otras personas.

—Esa es mi hija — dijo James admirándola.

Harriet lo miraba y sonreía, estaba muy agradecida de poder tener la oportunidad de volver a verlos.

Un día del mes de julio, Tia petunia llevó a Dudley a Londres para comprarle su uniforme de Smelthings, y dejó a Harriet en casa de la señora Figg. No fue tan terrible como de costumbre. Resultó que se había fracturado la pierna al tropezar con una de sus gatos y ya no parecía tan encariñado con ellos como antes. Dejo que Harriet viera televisión y y le di un pedazo de torta de chocolate que, por el sabor, parecía estar guardada de hacía años.

Esta tarde,  Dudley desfilo por el Living, ante la familia, con su uniforme nuevo. Los muchachos de Smelthings usaban frac color rojo oscuro, pantalones unidos bajo las rodillas, color naranja, y sombrero de paja, rígido y plano llamado canotié. También llevan bastones nudosos, que usaban para golpearse entre ellos, cuando los profesores no los veían. Eso se suponía que eran un buen entrenamiento para la vida futura.

Mientras miraba Dudley con sus nuevos pantalones, tio Vernon dijo con voz ronca que era el momento de mayor orgullo de su vida. Tia petunia estalló en lágrimas y dijo que no podía creer que esa su chiquito Dudley, tan apuesto y crecido. Harriet no se animaba hablar. Creyó que se le iban a fracturar la costillas, por el esfuerzo para no reírse.

A la siguiente, cuando fue a tomar el desayuno un olor horrible inundaba la cocina. Parecía prevenir de una gran tina de metal que estaba en la pileta de la cocina. Se acercó a mirar. La tina estaba llena de lo que parecían trapos sucios flotando en agua gris

—¿Qué es eso? — preguntó a Tia petunia.

La mujer frunció los labios, como hacía siempre que Harriet se atrevía a preguntar algo.

— Tu nuevo uniforme del colegio — respondió.

Harriet volvió a mirar en el recipiente.

—Oh —comentó—, no sabía que tenía que estar mojado.

—No seas estúpida— dijo enojada Tia petunia—. Estoy teniendo de gris algunas cosas viejas de Dudley . Cuando termine quedarán igual que el de los demás.

Harriet tenía serias dudas de qué fuera así, pero pensó que era mejor no discutir. Se sentó la mesa y trató de no pensar sobre el aspecto que iba a tener en su primer día en la secundaria Stonewall ; seguramente parecería como si usar pedazo de piel de un elefante viejo.

—No te preocupes cachorra, que no vas a ir a ese sucio lugar. Vas a ir Hogwarts, el mejor lugar del mundo —Sirius dijo mirando el libro y sonriendo.

—Si sabe que le está hablando a un libro y que tú estás aquí no? —Ron dijo mirando a Harriet mientras se burlaba.

—Está muy emocionado, déjalo — sonrió.

Dudley y Tio Vernon entraron, los dos ofreciéndole la nariz por el dolor del nuevo uniforme de Harriet. Tio Vernon abrió como siempre su periódico y volvió la misa con su bastón del colegio que llevaba a todos lados.

Todos llenan el ruido del buzón y las cartas que caían sobre el felpudo.

—Trae la correspondencia, Dudley —dijo tio Vernon, detrás de su periódico

—Que vaya Harriet.

—Trae las cartas, Harriet.

—Que lo haga Dudley.

—Pegale con tu bastón Dudley.

Harry evitó el bastón y fue a buscarla correspondencia. Había tres cartas en felpudo: una postal de Marge, la hermana de Tio Vernon, que estaba de vacaciones en la isla de Wight , un sobre color marrón, que parecía una factura, y... una carta para ella

Harriet agarró la carta, la miró fijamente, y con el corazón vibrando como una gigantesca elástica pensó. Nadie, nunca, en toda su vida, le habían escrito a ella. ¿Quien podía ser? no tenía amigos ni otros parientes ni pertenece a la biblioteca, así que nunca recibí notas del que le reclaman la devolución de libros. Sin embargo, así estaba, una carta con la dirección y su nombre, sin equivocación posible.







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¿Que les pareció?

Harriet PotterDonde viven las historias. Descúbrelo ahora